Bilbao Art District

«Aquí quedarán el Guggenheim, los bares y las peluquerías»

Varias muestras en una galería/MAIKA SALGUERO
Varias muestras en una galería / MAIKA SALGUERO

Las galerías bilbaínas lamentan que la repercusión comercial del Bilbao Art District (BAD) sea «nula»

GERARDO ELORRIAGA

Hubo un tiempo en el que el Bilbao Art District (BAD) pretendió, literalmente, romper fronteras y alentar el circuito comercial de la plástica. El proyecto nació con el ambicioso objetivo de crear un eje internacional que uniera Burdeos y la capital vizcaína irradiando su influencia hacia ciudades próximas, como Baiona, Pamplona o Burdeos, con potencial de compra, pero sin una oferta galerística de consideración. A punto de culminar su semana de la cultura y las artes, EL CORREO sondea su aceptación por el agente que lo impulsó en su ambicioso origen. Juan Manuel Lumbreras, propietario de la firma del mismo nombre, fue uno de los promotores de aquel proyecto. «Incluso se insertó publicidad en importantes revistas inglesas y francesas, lo que no tenía sentido», recuerda.

El arco vascoaquitano no fraguó, el propósito mercantil se desvaneció y el ayuntamiento de la Villa acabó asumiendo la gestión de la iniciativa. «Pensó que el tema cultural era importante para fomentar el turismo», explica y señala que, en las últimas ediciones, los representantes del ámbito privado colaboran con las visitas guiadas y la organización de una actividad mensual. «Lo hacemos por cierto sentido ciudadano». Pero, ¿y los beneficios comerciales? «Son nulos», admite. «Esta situación es muy difícil de reanimar».

El veterano galerista no se rinde, a pesar de su visión pesimista, y propone medidas que superan los horizontes de un programa de actos. «Habría que generar ayudas a las empresas, un marco fiscal y económico para que se active el mercado», arguye y apunta otras posibilidades, más cercanas, que tampoco han cuajado. «He propuesto unirnos al Opening madrileño o al festival PHotoEspaña, pero me dicen que no encajan las fechas».

La calle Juan de Ajuriaguerra fue el epicentro de los eventos festivos en aquella primera etapa. «Entonces allí se concentraban las galerías, ahora sólo hay hostelería», lamenta Petra Pérez, responsable de Vanguardia, y añade que, en el esperanzador inicio, se aspiraba a atraer nuevo público a espacios habitualmente ajenos a la mayoría. «Lo único que se ha conseguido es que el que había se mueva más», asegura. «Desde entonces, nuestro rol en el BAD se ha diluido, lo que no es necesariamente negativo».

Las convocatorias colectivas de Madrid, Barcelona o Valencia también inspiran sus propuestas para incentivar al sector. «Echo en falta un fin de semana de galerías en el que cada uno exponga su trabajo», indica y se decanta, sin duda, por la colaboración gremial. «Nadie te va a salvar, tenemos que ser nosotros quienes tomemos la dirección, pero falta solidaridad. No veo ganas de trabajar por los demás». En otro pasado remoto, las galerías vascas formaron Agace, una asociación profesional. «Fue una chispa que desapareció», recuerda. «Quizás tenemos lo que nos merecemos».

Un mercado que no existe

Los sentimientos opuestos se entrecruzan en la opinión de Maite Martínez de Arenaza, propietaria de La Taller. A su juicio, el planteamiento del BAD es bienintencionado y honesto, ha conseguido su lugar en la agenda local, sus responsables llevan a cabo convocatorias remuneradas para artistas y ha crecido con una intención real de insuflar oxígeno en un mercado que, lamentablemente, no existe. «Contamos con un público que demanda servicios culturales, pero que no compra y, al final, nosotros nos sumamos por militancia cultural».

Este año se planteó la adquisición de una obra por votación del público, pero la idea no agradó y ni siquiera se consiguió un patrocinador para la fallida sugerencia. Tampoco ha cuajado la idea de traer a coleccionistas, tal y como sucede en otras ciudades. «Pero, ¿se dejarían invitar a Bilbao cuando ya tienen numerosas ferias a las que acudir? Tenemos una oferta de calidad, pero somos insignificantes, la periferia de la periferia», alega y, asimismo, cuestiona la viabilidad de compartir clientes. «Nadie está dispuesto a regalar su red de contactos».

A lo largo de una década de existencia, algunas de las galerías pioneras han cerrado, otras se han incorporado y hay quien ha dejado de confiar en sus propósitos. Tras tres años de compromiso, Hassan Moujahid, creador de MH Art Gallery, se ha desvinculado. «Es un proyecto vacío de contenido», sentencia. «Me impliqué mucho, incluso invertí mi propio dinero, y no merece la pena. Tan sólo es un instrumento para sacar la foto».

El carácter participativo brilla por su ausencia en el seno del BAD, según su experiencia. «Creo en compromisos permanentes y proyectos consensuados, que se genere debate, y no en algo que nos llega de arriba porque ellos ponen el dinero». Al marchante, una de las últimas llegadas al escenario bilbaíno, le duele que el sector, «un dinamizador cultural diario», se halle en vías de desaparición. «Aquí quedarán el Guggenheim, los bares y las peluquerías», augura.