Un Rossini 'al dente' hace disfrutar en el Euskalduna

Reina de Babilonia. La soprano Silvia Dalla Benetta, en el montaje minimalista de Luca Ronconi que recrea una civilización agonizante./E. Moreno Esquibel
Reina de Babilonia. La soprano Silvia Dalla Benetta, en el montaje minimalista de Luca Ronconi que recrea una civilización agonizante. / E. Moreno Esquibel

El trío protagonista, liderado por la mezzo Daniela Barcellona, supera los escollos de 'Semiramide' con Alesandro Vitiello al frente de la BOS

Isabel Urrutia Cabrera
ISABEL URRUTIA CABRERA

Con voces (Daniela Barcellona, Silvia Dalla Benetta y Simón Orfila) como las de anoche se hace afición y el tiempo pasa volando. Dos actos de casi dos horas cada uno (la función terminó cerca de las 23.30 horas) y la gente salió encantada. Es lo que tiene disponer de una escuadra de primera división para poner en juego una partitura como 'Semiramide'. Imposible no dar espectáculo. Rossini es un compositor vivo y alegre, incluso en dramones como el que acoge estos días el Euskalduna con la mítica reina de Babilonia como protagonista. Ya puede haber una tentativa de incesto entre madre e hijo (que interpreta una mujer en el típico rol travestido de algunas óperas) y hasta un matricidio involuntario, que los aficionados no pueden evitar lucir una sonrisita feliz mientras siguen la acción agarrados a sus butacas. Hay tensión y placer a partes iguales.

Es el fenómeno Rossini: cuando se ofrece 'al dente' (como la buena pasta, ni babosilla ni cruda), no queda más alternativa que salivar y gozar sin remordimientos. A ponerse las botas. Así sucedió anoche, en cuanto arrancó la obertura –nada menos que 12 minutos de duración– con una Orquesta Sinfónica de Bilbao que seguía como un corderito las pautas que marcaba el maestro Alessandro Vitiello. Había nervio y un pulso interno que no decayó en ningún momento. La mezzo Daniela Barcellona, la soprano Silvia Dalla Benetta y el bajo Simón Orfila se sumaron a la fiesta para conjurar el espíritu de Rossini. Cosecharon un éxito rotundo.

El tenor navarro José Luis Sola debutaba como el príncipe Idreno y se las apañó para superar el desafío. No tiene la voz idónea para el papel –la suya es más recia que la de Javier Camarena o Juan Diego Flórez– pero le sobran tablas para salir del paso. Todo ello con chispa y desenvoltura, como exige 'Semiramide'. Que tenga una temática seria (y hasta trágica) no significa que sea plúmbea.

Arriba: Aria de locura. El bajo Simón Orfila como Assur, el pérfido de la historia. Tiene un aria magnífica en la que pierde la cabeza. Abajo a la izquierda: Carisma. Daniela Barcellona como Arsace. Es un rol travestido, como tantos que hay desde el barroco al siglo XX. A la derecha: Al detalle. El maestro Alessandro Vitiello lleva las riendas de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. / e. moreno esquibel

El heavy metal de Kiss

No hay nada melancólico ni lánguido en la música de Rossini. Máxime en funciones como la que lideró anoche Daniela Barcellona, que atrajo a fans de Múnich, Londres y Roma. Todo el mundo sabe que borda el rol de Arsace, el general que eriza los deseos de la reina de Babilonia. Lo ha cantado más de 50 veces y, a estas alturas, hace gala de un dominio técnico que no solo le permite superar las acrobacias vocales (los gorgoritos que impone Rossini son bestiales), sino también subrayar los acentos justos. Siempre artista, hay sensibilidad a flor de piel en todos sus gestos y en cada frase.

Admiradora de Giulietta Simionato –tan querida en la ABAO–, hay en Barcellona un permanente tributo al pasado y toda la osadía del presente. Lo mismo le inspiran grupos de heavy metal como Kiss que la genialidad de Freddie Mercury. Los aplausos de ayer confirman que siempre será bienvenida en Bilbao. Igual que Silvia Dalla Benetta, la soprano que fichó a toda velocidad la ABAO como sustituta de Angela Meade y ha convencido como Semiramide. La diva americana canceló por «enfermedad» y muchos resoplaron con frustración. Pero el reemplazo ha superado las expectativas. Además de sortear con más o menos habilidad los escollos de la partitura, se ha mostrado como una actriz consumada. Sabe dosificar erotismo, furor y ternura, con toda naturalidad y una voz cargada de humanidad.

'Semiramide' de Rossini

Intérpretes.
Silvia Dalla Benetta (Semiramide); Daniela Barcellona (Arsace); Simón Orfila (Assur); José Luis Sola (Idreno); Richard Wiegold (Oroe); Itziar de Unda (Azema); Josep Fadó (Mitrane); y David Sánchez (Fantasma de Nino).
Orquesta.
Sinfónica de Bilbao, con Alessandro Vitiello al frente.
Coro de Ópera de Bilbao.
A las órdenes de Boris Dujin.
Dirección de escena.
Luca Ronconi (1933-2015). Responsable de la reposición, Marina Bianchi.
Escenografía.
Tiziano Santi.
Iluminación.
A. J. Weissbard.
Vestuario.
Emanuel Ungaro.
Producción.
Teatro San Carlo de Nápoles (Estrenada en la temporada de 2011).
Las restantes funciones.
Días 19, 22 y 25, en el Palacio Euskalduna, a las 19.30 horas.

Es una soprano dramática de agilidad (con cuerpo y elasticidad para las florituras) que da prestancia al personaje de la monarca de Babilonia. Su interpretación hace creíble a Semiramide, una soberana que ronda los 50 años, acostumbrada a ejercer un dominio político y sexual al que nadie puede resistirse. Solamente hay un enemigo implacable que le gana terreno: el tiempo. No acepta el declive. Siente nuevos bríos a la vista del joven militar Arsace. Se aferra a la vida y la pasión. Todas las horas hacen daño y la última, mata. Es la máxima barroca que sobrevuela el montaje de Luca Ronconi (1933-2015), con los coralistas ocultos en el foso. Actúan como heraldos anónimos de la voluntad de los dioses.

El destino exige una víctima en 'Semiramide'. ¿Quién? ¿Cuándo? La Babilonia de Ronconi huele a muerte y tiranía. Nada de ropajes fastuosos o jardines colgantes a orillas del Éufrates. Se impone el minimalismo. Pero hasta cierto punto: los tejidos y cueros son de primera. No en vano el diseñador, Emanuel Ungaro, aprendió el oficio en París a las órdenes de Balenciaga. «El maestro vasco me inculcó la idea de que lo más importante es la nobleza. Todo buen modisto debe pensar en la estructura arquitectónica. Hay que sentirse poeta, pintor, músico, filósofo...», explicaba el propio Ungaro con motivo del estreno de esta producción en el Teatro San Carlos de Nápoles, en 2011.

Anoche quedó claro que Ronconi dejaba todo el protagonismo en manos de Rossini. La monumentalidad reside en la música y nada más. Una opción que podrá discutirse pero, más allá de gustos o preferencias, lo cierto es que la partitura basta para mantener la atención durante cuatro horas. Baste recordar que el 'aria de locura' para bajo (espectacular y desgarradora para una voz grave) desató los bravos del público hacia el final de la ópera. Nadie estaba dormitando. La interpretación del menorquín Simón Orfila, como el pérfido Assur, causó sensación. A la salida, los aficionados decían, entre otras cosas, «qué majo y gracioso el que hace de malo». Un comentario que solo puede hacerse con las óperas del llamado cisne de Pésaro. Todas ellas, también las serias, alegran la vida. Qué más se puede pedir.

'Día de horror y alegría', dúo mágico entre la reina y el general

¿Un momento mágico? Sin lugar a dudas, el dúo 'Giorno d'orrore! E di contento! (Día de horror y de alegría), que cantan Semiramide y Arsace. La reina acaba de descubrir que el general asirio, al que desea como marido, es su hijo. Hay dulzura, terror y piedad en la música. Algo que solo pueden expresar en pocos compases los genios como Rossini. Las voces de las cantantes Daniela Barcellona y Silvia Dalla Benetta consiguen extraer toda la fuerza de ese momento.

Por los demás, hay que recordar que la versión que se ofrece en Bilbao dura media hora menos que la partitura original. Un recorte que se justifica por razones técnicas y para no cansar al público. Entre otros números, se ha suprimido un aria soberbia y de extrema dificultad para tenor. Se trata de 'Ah, dov'è, dov'è il cimento!' (Ah, ¿dónde, dónde está la prueba?) que interpreta el príncipe Idreno.