El Bafle

Los Zeros frente a Los Bonzos

Javier Escovedo, líder de Los Zeros./CARLOS Gª AZPIAZU
Javier Escovedo, líder de Los Zeros. / CARLOS Gª AZPIAZU

Los discípulos vizcaínos oficiaron con más lustre que los chicanos de Chula Vista, a los que llamaban 'los Ramones mexicanos'

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Un satisfactorio tridente punk calibramos el sábado noche en la sala Azkena. Abrieron la velada Crap, cuatro guipuzcoanos a los que la promoción etiquetaba como 'punk del 77', aunque su rollo fue más bien high energy guitarrero con un cantante muy ronco (igual por la mucha fiesta) y con sus amigos apoyando en primera fila. Más público hubo ante los segundos de la terna, los Bonzos vizcaínos, liderados por un histórico del 'Getxo sound', Juan Carlos Parlange, ex Los Clavos, quien a la entrada nos reveló que ha reactivado a su otra banda, la más rockabilly Help Me Devil.

Los Bonzos, en cuarteto (con Jorge Huracán, ex Los Clavos, a la batería), dieron el mejor concierto que les hemos visto desde su reencarnación en 2017: salieron sin nervios por no ser los cabezas de cartel y actuaron únicamente por demostrar que pueden y por compartir escenario con una influencia propia a la que superaron. En efecto, los cabezas de cartel, a los que más gente les vio (unas 150), fueron The Zeros, punks chicanos que se juntaron en los 70 y que actuaron como cumpliendo un trabajo pero favorecidos por el vínculo emocional con el respetable: les hemos oído más veces, más jóvenes, y siempre han estado un poco idealizados por eso de ser etiquetados como 'los Ramones mexicanos'.

Bonzos, pues oficialmente escriben su apelativo sin artículo, en 36 minutos al grano arbitraron 14 canciones. Abrieron con rock en plan Dictators ('Cementerio indio'), se alistaron a la high energy ('Lluvia, hierro y rock & roll', una oda ardiente a Bilbao, como el libro escrito por su exbajista, Álvaro Heras ), se amoldaron al power-pop ('Tú y yo') y, claro, se rindieron al legado de los Ramones ('El expreso de Badajoz' sonó al LP 'Animal boy', la patinera 'Tas Pappas' tiró de mitomanía…).

Explotando los ripios ('Charlie ya hace surf', la muy a lo Nerves 'Situaciones'…), recordando involuntariamente y sin ironía a los Carolina Durante pre-OT ('San Genaro'), versionando a Nacha Pop con un poco de caos interno ('Alta tensión', de hecho la interrumpieron al empezar) y escribiendo su biografía con la infaltable mitomanía (el himno 'Nueva York', que cuenta cuando los Bonzos viajaron ahí a grabar su primer disco hace más de 20 años), llegaron al final de su set, al colofón con tres canciones en inglés, tres esenciales emulaciones de los Ramones prístinos: 'Bonzo girl', la min-itrilogía 'TNT' y el adiós con 'I Want You Back'. Cuando abandonaron el escenario ya nos olimos que Los Zeros no les iban a igualar.

Los cuatro Bonzos actuales, con Parlange al micro.
Los cuatro Bonzos actuales, con Parlange al micro. / CARLOS Gª AZPIAZU

The Zeros (Chula Vista, California, 1976), etiquetados como 'los Ramones Mexicanos' cuando en realidad son chicanos, o sea estadounidenses con sangre mexicana (aunque no hablan castellano), molaron porque nos gustan pero no superaron a los Bonzos por varias razones: peor sonido (vaya coñazo con la distorsión de la guitarra del líder Javier Escovedo, tanta que a veces remitió a The Jesus And Mary Chain), actitud en exceso profesional y formación reducida, en trío, pues de los cuatro fundadores no vinieron el guitarrista y cantante Robert López, alias El Vez (¡cuñado de Javier!) ni el bajista Hector Penalosa (le sustituyó su hermano Víctor, muy joven, el único que habla algo de español, aunque no lo usó en escena), y solo vinieron de los cuatro originales el guitarrista Javier Escovedo (hermano del cantautor rock Alejando Escovedo) y el baterista Baba Chenelle (¡primo de El Vez!). Todo queda en familia, ya ven.

Los Zeros agitaron a los parroquianos durante un bolo irregular (a veces flojeó por sonido, por pegada y por calidad de las canciones, pero cursó hacia arriba, menos mal) de 19 canciones en 58 minutos crecientes. Alternaron las voces Javier y Víctor, intercalaron algunas versiones (para abrir el instrumental surf 'Pipeline' de los Chantays, por el epílogo una progresiva y agresiva 'Psychotic reaction' de Count Five, entre medias una de los Standells, 'Sometimes good boys don't wear white', o sea 'A veces los chicos buenos no visten de blanco'; «como yo», alegó Javier, que iba de negro, como sus dos compañeros, y del que Íñigo Barquin, siempre en primera fila, señaló que su estética era idéntica a la de Bunbury), oscilaron entre el punk ramoniano y el garaje chirriante ('Sneakin' Out', 'Wimp') y también entre el Nuevo Rock Americano y la high energy austral a lo Lime Spiders ('Lay off, she's mine'), y desperdigaron por el listado sus temas propios más reconocibles, casi siempre con acierto: las muy a lo Undertones 'Rico amor' y 'Bit Your Heart Out', el rock chicano en castellano 'Yo no quiero' (aún pleno de rabia adolescente, de lo mejor de su sesión), el crisol émulo de los primeros Ramones 'Handgranade heart' y hasta la caña hardcore 'Wild weekend'. Mirando las notas, comprobamos que en la segunda mitad del bolo tocaron las mejores canciones y con mayor solvencia, subrayamos.