El viejo y los jóvenes

El viejo griot africano flanqueado por sus dos escuderos europeos. /Óscar Esteban
El viejo griot africano flanqueado por sus dos escuderos europeos. / Óscar Esteban

El organista nigerino Mammane Sani sedujo con su sonido espiritual, minimal, exótico y reverberante a la primero curiosa y a la postre satisfecha parroquia que acudió a verle el martes al Antxiki

ÓSCAR CUBILLO

Unas 50-60 personas sorprendentemente jóvenes acudieron el martes a la sala superior del Kafe Antzokia (¡al Antxiki!) para ver al vetusto organista africano Mammane Sani, quien se autocalificó de 'viejo' al excusarse por no dar bis al final de su sesión de 12 piezas en 58 minutos crecientes en trío completado por dos joveznos blancos: un chico a la guitarra afro-funk suavita y una chica a batería sincopada, estupenda y de pegada premeditadamente moderada.

Mammane arrancó el martes en el Antxiki una gira española de siete fechas sin descanso: Bilbao, San Sebastián, Vigo, Madrid, Alicante, Barcelona y, el lunes 29 de enero, Huesca. Mammane Sani, nacido en Níger, el segundo país más pobre del mundo según la ONU (sólo está peor la República Centroafricana), con 18 millones de almas y más de tres cuartos de su territorio cubierto por el desierto del Sáhara, presentó todas las canciones como si fuera un solemne griot, una trasmisor oral de la tradición: nos habló sobre costumbres rurales, informó que el 99% de la población de Níger es musulmana y eso logra que las 10 comunidades étnicas del país no entren en 'conflictos intertribales' (sic), comentó que el idioma oficial es el francés pero qué él aprendió inglés en 1972, con 31 años (entonces ahora tiene unos 77), habló de la poligamia pero aseguró que era mejor casarse por amor que con quien te indique tu padre, aseveró que no importa tener una casa grande sino que es suficiente una casa pequeña con un gran amor dentro de ella, y auguró que el futuro de la humanidad está en la mezcla de las razas.

En Níger reina la sequía y la temperatura media es de 28,7 grados, con lo cual Mammane ofició protegido con un gorro de lana, una bufanda y una chaqueta. Y eso que debería estar acostumbrado al frío, pues vive en París. Adornado con la etiqueta de pionero de la música electrónica en el Sahel, Mammane Sani discurre a tempo lento, ambiental y reverberante por el influjo sahariano (hubo alguna canción de tuaregs), suena minimal también por arcaico, un par de veces nos trasladó a los sonidos de flautas andinos ('Kok Kok'), bastante a menudo pareció estar actuando en un night club ('Tunani'), adaptó el afrobeat ('Mariettu', 'Dangay kotyo') y el highlife ('Soyayya', que significa amor, tradujo), sugirió a otros pioneros globales de la música instrumental como Jean-Michael Jarre ('Salamatu'), versionó clásicos americanos ('Ain’t No Sunshine' de Bill Withers; casualidad se editó en 1971, por eso nos contó lo de aprender inglés) y se despidió apretando el funk a lo James Brown con una pieza titulada 'Boró' (o algo parecido, pues esta no estaba consignada en el setlist, que se le había olvidado, dijo) y que se refería a la antigua administración colonial francesa. Un encuentro creciente y cada vez más cálido que alcanzó más allá del exotismo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos