«Tocar ocho horas al día es un mito falso»

Jon Urrutia Monnot pensando en pentagramas./GORKA IRAUNDEGI
Jon Urrutia Monnot pensando en pentagramas. / GORKA IRAUNDEGI

Autor del master 'La transcripción y el análisis para desarrollar la improvisación', el pianista de jazz, pedagogo y profesor Jon Urrutia, un vizcaíno residente en París, edita su quinto álbum en solitario: 'The Paname Papers'

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El pianista Jon Urrutia Monnot (Gorliz, 1975; esta es su web y este su canal de YouTube) es un músico cosmopolita y global. «He vivido tres años en Arnhem, Holanda, luego estuve un año en París, pasé cuatro años en Estados Unidos, volví aquí (a Bizkaia), viví en Madrid y estuve tres años en Barcelona, trabajé cinco años en el Conservatorio de San Sebastián aunque vivía en Iparralde, y en 2012 me mudé a París. Soy un poco trotamundos. Sigo viviendo en París, donde tengo familia por parte de mi madre: un tío y un primo. No estoy casado, para nada».

Pero Urrutia sí que tiene dos pianos de cola y uno de pared, además de unos cuantos teclados: Hammond, Oberheim OB12, Clavia Nord Stage… Bromea sobre tal cantidad de instrumentos: «Solo me falta la casa para meter los pianos. En París vivo en una pequeña donde no me caben los de cola, por ejemplo. Los pisos ahí son muy pequeños. El mío es de 30 metros cuadrados. O sea o meto el piano o meto la cama. Si me cambiara de casa, la vecina de abajo y la de al lado lo agradecerían».

El trotamundos Urrutia ha acometido numerosas mudanzas y reflexiona: «Todos acumulamos en casa cosas que no nos sirven para nada. Y si haces una mudanza te obligas a desprenderte de ello. Pero yo no me deshago ni de mis discos, ni de mis aparatos de música. Tengo un cuatro pistas de casetes Tascam que conservo desde los 16 años, o un Atari 1040ST, el primero que traía interface MIDI de serie y el mítico secuenciador Cubase».

Jon Urrutia, que además tiene un master en investigación, es músico, pedagogo y profesor. Sobre la atención que en la actualidad el aficionado medio pone en la música, les advierte a sus alumnos que, aunque hayan podido oír diez mil discos gratis gracias a Internet, en realidad no han escuchado ninguno con atención: primero oyendo lo que toca la batería, luego el piano…

Él compra discos desde chaval y aumenta su colección privada cuando va a ver un concierto y le gusta lo que ha presenciado y adquiere el disco del artista en cuestión, con quien le gusta charlar un rato. Jon almacena y acarrea de mudanza en mudanza su discoteca en carpetas para 300 CDs en las que ordena los folletos y los propios discos, desprendiéndose de las carcasas de plástico que son las que en realidad ocupan el espacio.

Y medita el pianista sobre las crisis de la industria y las costumbres de la masa: «El disco es un objeto fetiche. La gente ya los no compra, realmente. Pero el disco sigue siendo necesario. Como músico no puedes tirar del proyecto que hayas grabado hace diez años. Editar un disco es un gasto para el músico y el productor, pero es necesario porque has de presentar cosas nuevas constantemente. En los conciertos los vendes a la gente que le gusta tener discos, pero la juventud se ha acostumbrado a oírlos por Internet en MP3 con mala calidad».

Y añade sobre las maniobras de su profesión: «Si hoy sacas un disco es para buscar conciertos y reseñas. El proceso es mandar un disco a los periodistas, coleccionar una serie de reseñas de medios reconocidos, y luego enviarlas a los promotores y a los programadores que se fían de su criterio. Gracias a estas reseñas el programador ve que al artista le avala cierta calidad. Aparte, ahora nos están pidiendo videos de promoción. En Francia los productores te instan a hacer un video corto, de tres minutos como mucho, porque la gente ya no tiene paciencia. En noviembre rodaré uno, pero para este lanzamiento ya preparé un vídeo casero para que los periodistas no entren en YouTube y cojan uno de hace diez años».

El mismo ha grabado el clip y comenta: «Soy aficionado a los montajes de audio y video. Y como músicos no podemos estar pidiendo favores siempre, hemos de ser autosuficientes. Ya no es como antes que decías 'yo soy pianista, un músico, eso es lo mío'. Ahora hay que saber hacer de todo».

El pianista bilbaíno de jazz afincado en París ha lanzado el quinto disco a su nombre, como líder. Es el segundo que sale en el sello guipuzcoano Errabal-Jazz y explica sobre el título, 'The Paname Papers': «Llevo seis años viviendo en París y me hacía ilusión llamarlo así, pues 'Paname' es como se conoce popularmente a la ciudad. No se refiere a la trama de evasión fiscal de los papeles de Panamá». Elkar lo distribuye en Euskadi, y la marca barcelonesa DiscMmedi en España y Francia. «En el FNAC se puede conseguir, por ejemplo», informa Ubane, responsable del sello de Soraluze Errabal-Jazz.

'The Paname Papers' lo ha grabado en trío, con el contrabajista Damien Varaillon, «que conoce la tradición pero no se ha quedado anclado en el pasado y tiene una voz propia, que es de lo que se trata», y el baterista Stephane Adsuar, «a quien le gusta mucho la música afroamericana actual», ubica Urrutia, quien añade sobre la intención del repertorio: «No somos el típico trío de jazz a lo Bill Evans u Oscar Peterson, hay caminos para encontrarnos».

El libreto interior ofrece una breve explicación personal de cada pieza (en euskera, castellano, francés e inglés) y se revela y percibe que 'The Paname Papers' es un disco vivo, dinámico e interesante desde la primera audición. No en vano, Urrutia se considera un improvisador. Ha estudiado el grado de Interpretación y máster en Historia de la Música, pero todo lo asume como una preparación vital para lo que es capaz de tocar ahora. En enero lo estrenara en el prestigioso Sunset de París y en otras salas, y en España la presentación oficial será a partir de febrero. «Tengo cerrado ya el festival Ondas de Jazz en Vitoria y estoy a la espera de confirmar otras fechas en otras provincias. A ver si me dejan tocar en casa, que desde que Jazzon! lleva la gestión de Bilbao Distrito Jazz, Guggenheim, el Bilbaína Jazz Club y el BBK Jazz, a pesar de que les envío propuestas estas son sistemáticamente excluidas de la programación. A otros músicos con menor trayectoria les programan regularmente, a algunos de ellos múltiples veces al año. En estas salas y ciclos vizcaínos tocaba yo asiduamente cuando el difunto y encantador Pablo Zúñiga llevaba la programación. La última vez que toqué en la Bilbaína fue en 2003, con el difunto Víctor Celada, y en la Sala BBK, en 2011», se lamenta el artista vizcaíno.

Jon ha vivido largos tiempo en Iparralde, Estados Unidos, Barcelona…
Jon ha vivido largos tiempo en Iparralde, Estados Unidos, Barcelona… / GORKA IRAUNDEGI

Jon Urrutia tiene formación clásica: «Empecé con el clásico de joven y de adolescente me aficioné a la música británica de los años 60, al rhythm and blues de Alexis Korner, los Animals y todos esos. Luego me empezó a gustar la música soul afroamericana y, a partir de ir tocando en grupos, me picó el gusanillo y empecé a interesarme por la improvisación. Con 18 años fui a Holanda a estudiar el grado superior en interpretación jazz. Pero no me considero un purista del jazz».

De sus periplos y largas estancias internacionales conoce a gente en Boston, Barcelona, París, Barcelona… Al preguntarle de qué vive, pues imaginamos que no solo de dar conciertos, aclara: «Toco con gente y trabajo bastante de líder en varios proyectos. Además acabé un master en investigación en el que desarrollé un método llamado 'La transcripción y el análisis para desarrollar la improvisación', dirigido a conservatorios y grados medios y superiores. Lo presento en conservatorios. Estuve en La Coruña, en Pamplona… Vas solo, tocas con otros profesores, y te sirve como medio didáctico y para poder tocar también».

Además, debe ensayar, practicar a diario. Sentarse ante los marfiles durante mucho tiempo. Pero precisa: «Las horas que tocas dependen de la época: de si estudias, si compones, si das conciertos… Por ejemplo hace poco hice una residencia en Cantabria y casi todo el verano estuve estudiando cuatro horas y luego tocando hora y media por la noche. Y así cinco días a la semana. Eso de que hay que tocar ocho horas al día es un mito un poco falso. Más que de las horas todo depende de la concentración. Si estás concentrado, con cuatro horas vale. Igual que un deportista».

 

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