The Big Marteen's volando los peluquines al mediodía
El trajeado sexteto francés de proto-rock and roll y de ritmo y blues antañones montó una fiesta dominical matutina en el Crazy Horse que acabó frenética y febril
Los franceses ritmanbluseros The Big Marteen's, seis tipos elegantes de Montepellier, llenaron en la noche del sábado el Lobiano de Ermua (sólo 100 butacas) y este domingo a la mañana metieron a 99 almas en pie en el Crazy Horse de Matiko. Fueron las dos últimas fechas de la gira española de divulgación de su álbum 'Record addict' (24), o sea adicto a los discos o coleccionista compulsivo (le vendo mis vinilos, excepto el primero de Los Fabulosos Thunderbirds, que me sirve para demostrar que el sonido analógico de los LPs es superior al digital de los CDs, que esos sí que se los vendo todos).
Ejem… Aunque estemos en contra de los conciertos a la hora de comer, ahí que nos encaminamos. Al Crazy Horse. Cada uno por su lado. Llegó antes Óscar Cine, que esperó apurando el veranillo semitumbado en un banco público del Campo Volantín, con el Guggenheim a la otra vera, cual desempleado un lunes al sol. Llegué yo sin saludar y dijo al verme: «Una camiseta de blues. Qué quedabién eres…». Sí, un obsequio del pasado Bilbao Blues Festival. Le respondí que tengo camisetas para asistir a conciertos de todos los estilos, y él presumió de la que había elegido esa mañana: una de los australianos Danny & The Champions Of The World. Le alabamos el gusto, e informó: «Buen grupo y buen concierto dieron en el Antxiki. La cami me costó 20 euros y compré otra para regalarle a Rozadilla (un amigo común). Mejor el bolo y el grupo que la camiseta, de baja calidad textil».
Y al cambiar de acera para desandar el camino, pasamos entre los rockers y los rockabillies endomingados (incluso levitas se veían con el calor que hacía, pero nadie dijo que presumir fuese fácil). Cine vio en la entrada a los músicos gabachos tomando algo y comentó: «Qué maravilla, todos con traje, como a ti te gusta». Sí, se notaba que no eran músicos de jazz. Aunque décadas atrás, los del jazz vestían así.
F
Pillamos sitio delante y cada uno a un lado del cantante disfrutó del bolazo matutino de The Big Marteen's, de 21 canciones en 75 minutos directos al grano y cada vez más frenéticos y febriles. Sólo hubo una canción regular, la versión de Ray Charles 'Roll with me baby' entonada por el saxo barítono. Todo lo demás moló mazo, desde las recreaciones protorocanroleras hasta el swing a lo Louis Jordan, o desde la rumba texana hasta la balada espléndida 'I'm hurting myself anyway', que rezumó una clase comparable con la de los Stray Cats y que no resonó nada recreativa.
Fue un bolazo, ya se ha dicho, y la gente entró al trapo en todas las canciones. Bailó a su modo, jaleó cada dos por tres, quizá aplaudió al que más al pianista en las presentaciones finales, coreó en la única canción en que le dieron pie (la última), y se sumó a las palmas en las cuatro ocasiones en que le marcaron el son.
Y los actuantes echaron el resto en la última fecha del tour, elegantísimos los seis, liderados por el guitarrista y cantante Vince Bassou (ex Les Grys-Grys y Les Rustyn's; también sopla la armónica, pero este domingo in the morning no la tocó y por ello se saltaron la canción para ella preparada y consignada en el setlist, 'Look for another guy'), beneficiados por un muy buen sonido general aunque se merecían haber sonado más altos en la mezcla los dos saxos, el tenor y el barítono, dignos de The Blasters en la película 'Calles de fuego' (a la salida nos comentó lo mismo de que los saxos tuvieron poco relieve un rocker del club de rockers The Dukes), sudando la gota gorda y seduciendo al público centenario y poroso (poroso porque se dejaba impregnar por su música negra o mejor dicho afroamericana o afroestadounidense: boogie woogie, proto rock and roll y ritmo y blues).
Repasemos las notas sin ánimo de ser exhaustivos en la reseña. Hubo algunas versiones y sus originales se adscribieron a los sonidos negros de los años 40-50, picando en el blues a lo Jimmy Reed ('I´m on my way', 'You can pack your suitcase') y en el rock and roll tribal comparable a Barrence Whitfield y MFC Chicken ('Big Lake', la estupenda 'The wooble'...), calcando a Little Richard ('Walk Ginny walk', de Lenny Johnson), en la cadencia perezosa de Louis Jordan (''I'll die happy', que fue la primera canción que grabaron, luego la metáfora sexual 'Unlock the lock', con un punteo blusero forjado en el West Side de Chicago), en el boogie de un Big Joe Turner retro-juvenil ('You got me reelin' & rockin'', de Roy Milton), en el rock and roll más trotón y contagioso (el standard 'Let the good times roll', que les quedó superior a como lo hacía BB King, y ni exageramos ni le perdemos el respeto). Y en el rock and roll de ley de los susodichos y nunca bien ponderados The Blasters ('Bang bang', el totalitario 'Claudio' para acabar en falso volando los peluquines como diría el retirado Reverendo Igor, y 'LPC', ¡un original de Vincent Bassou!, para acabar el bolo con una sensación de no va más y que fue el único tema en que pidieron coros).
Al final los de Montpellier cumplieron lo que planteó su jefe en su primer parlamento: «Es genial volver al Crazy Horse. Este es nuestro último show de una gira por España (puso cara de que lo habían pasado bien), y vamos a rocanrolear para vosotros. ¿Estáis preparados?». Sí, lo estábamos.