El tablao alargao de Jesús Carmona

Tres minutos de saludos finales, con Carmona en medio, el de camisa blanca. /Óscar Esteban
Tres minutos de saludos finales, con Carmona en medio, el de camisa blanca. / Óscar Esteban

El coreógrafo barcelonés trasladó El Corral de la Morería madrileño al 14º Ciclo Flamenco BBK, y en noneto entretuvo con sus reinterpretaciones clásicas, dilatadas y prosaicas

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Como a turistas nos trataron el miércoles en la Sala BBK, en la tercera de las cinco citas del 14º Ciclo Flamenco BBK. Pero no nos importó, porque ya el programa anunciaba que la coreografía 'Camino', ideada por Jesús Carmona, se había preparado para el Corral de la Morería, el tablao más famoso del mundo o la catedral del flamenco según se ufana la web del propio local madrileño. Como presentó la cantaora Mara Rey en su primera intervención: «El Corral de la Morería, donde reina la alegría, donde hay buen flamenco y también muy buena comida». Hum… se hizo larga la velada, hasta 91 minutos (¡tres de aplausos y de saludos finales!) rellenos con números diversos también bastante alargados que, en el tablao de verdad, se habrían hecho más cortos de tener a mano una copita de algo.

Jesús Carmona (Barcelona, 1985), primer bailarín del Ballet Nacional de España entre 2007 y 2010, intervino unas tres veces durante su espectáculo premeditadamente popular, tradicionalista y a veces rústico de cante, baile y toque, las tres disciplinas flamencas. Como casi todo en 'Camino', sus intervenciones fueron largas en exceso, dilatadas en demasía, pero con momentos muy buenos, en su caso especialmente al principio, usando su cuerpo de percusión, zapateando, siendo intenso a lo Farruquito de joven y hasta inspirándose en los bailes del rap.

Lo mejor de 'Camino', donde participaron nueve personas (Carmona, dos tocaores y dos cantaores –los hombres tremendamente serios-, más cuatro damas -tres especialistas en baile-), fueron las intervenciones de la bailarina Estela Alonso recuperando la escuela bolera y dándole algún toque modernista, una pieza instrumental de uno de los dos tocaores a solas («muy mecánica», son embargo observó Óscar Esteba, guitarrista él), la exhibición del precioso mantón de Manila de rosas bordadas, y la primera actuación de Mara Rey, quien hizo un remate levantando la mano con una flamenquería como cuentan que atesoran torería las verónicas de Morante.

Lo mejor y lo peor lo ofreció Mara Rey. Lo óptimo lo especió al inicio, con ese remate de manos y su cante jondo y su alegría gitana, y el reverso se reveló al final, cuando por «bulerías de Jerez de la Frontera, donde las papas se las comen enteras», cantó ronca, actuó como María Jiménez y, cómo no, se alargó. Y además, en este 'Camino' más prosaico que artístico, más de consumo que de divulgación, bastante artesano y casi de museo, los cantaores templaron poco y chillaron mucho (amplificación aparte), las dos bailaoras con peluca ostensible se alargaron demasiado, en ocasiones con facultades justas (la del bello mantón de rosas lo ondeó con poca soltura; «nada más verla me acordé de que criticaste a Javier Liñán por el mantón, cuando lo hizo mucho mejor», nos recordó al acabar la aficionada Mercedes, a la que no podemos sino dar la razón), y llegando a imitar a Carmen Amaya, más en lo popular que en la velocidad.