Stacie Collins, una reina del rodeo

Stacie Collins no dejó de espolear al público./CARLOS G. AZPIAZU
Stacie Collins no dejó de espolear al público. / CARLOS G. AZPIAZU

La cantante y armonicista de Nashville, Tennessee, dio un bolo de bar vaquero eléctrico en una Nave 9 que se sabía muchas de las versiones repasadas

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El domingo a la tarde había bastante oferta a la misma hora: la inauguración del Musiketan en la Sala BBK, bolos en La Nube de Santutxu y en El Tubo de Barakaldo, los tulipanes Dewolff dejando el pabellón alto en el Kafe Antxiki y haciendo lo mismo Stacie Collins en La Nave 9, o sea el bar del Museo Marítimo, que se llenó para ver a esta reina del rodeo que salió vestida con chupa de cuero blanca descascarillada, sombrero cowboy de serpiente, botas camperas blanquinegras, larga boa, pantalones elásticos, anillos que se le veían más cuando soplaba la armónica…

Sí, lo que hacen Stacie Collins y sus tres escuderos (su marido el bajista Al Collins, de Jason & The Scorchers, un baterista sueco y un guitarrista inglés con camiseta de los Lynyrd Skynyrd) es rock hostelero, rock de bar vaquero en su caso. ¿Y cómo se reconoce el rock hostelero? Por la cercanía con el respetable, la en ocasiones escasa tensión en la ejecución del repertorio (hum… quizá estaban cansados y resacosos de la descarga de la víspera en el Hell Dorado de Vitoria; en la Nave 9 había numerosos aficionados que presenciaron ambos conciertos y afirmaron que el alavés estuvo mejor), la aplicación a rajatabla en el abecé del rock and roll, el subirse a cantar a la barra del bar, el insistir en la implicación coral y palmera del respetable (aquí nos hizo chillar 'yiii-ja', como asegura que es común en Nashville, Tennessee, de donde es ella), el uso de la armónica (instrumento esencial desde los juke joints bluseros a los pubs ingleses) y la extensa selección versionera como se pormenorizará más adelante (pero bueno, hicieron un cover de los Status Quo y con eso ya nos tienen ganados).

Otra característica de los bolos hosteleros es la larga duración de éstos, pero a nosotros no se nos hizo larga su hora y tres cuartos con 22 canciones (contabilizando como tal el solo de batería sueco y disgregando el popurrí triple que abrió el bis con versiones del 'Baby Please Don't Go', el 'Shakin' All Over' y el 'Folson Prison Blues'). El bolo de bar vaquero arrancó dale que te pego, con la banda adscrita a los cánones del country rock auténtico y no racista porque pisaba en el blues: rocanrol a saco, blues-rock de honky tonk, Nuevo Rock Americano ora tribal a lo Guadalcanal Diary ora crepuscular a lo The Del Fuegos, y coros comunales en 'King Of Rock / Rey del rock', todo mientras Stacie se ganaba la soldada y el derecho a volver a girar por Europa soplando la armónica, bailando sin parar, girando sobre sí misma, intentando espolear a la gente…

El marido Al Collins, el sueco, Stacie y el inglés
El marido Al Collins, el sueco, Stacie y el inglés / ÓSCAR CUBILLO

Pero salíamos de la serie B filmada por Walter Hill. Aunque ahí pasó algo y subimos un escalón se ignora si porque mejoró el sonido, o si porque el sudor eliminó las toxinas del sábado noche a los oficiantes, o si la calidad de las canciones creció, lo cual fue evidente por el ecuador, con dos de las mejores piezas de la cita: la novena, la fronteriza a lo Ry Cooder 'Heart On My Sleeve', la más bonita por melódica, sentida y salirse del carril eléctrico, y la décima, el rock and roll de Luisiana 'You Ain't Nothin' But Fine', original de Rockin' Sidney y revisitada por los Fabulosos Thunderbirs, que fue el chispazo de la fiesta hasta el final y estuvo muy coreada por el personal. La cantó el guitarrista, por cierto, para que así Stacie reservara la garganta.

Y ya hasta el final hubo bastantes originales (el lento vía los Blasters modernistas 'Blood Moon', dendos rocanroles dedicados a su hermana, 'Baby Sister', y «a mi colega Dan Baird, que es muy cool», 'Hey Mister', un 'Carry Me Away' muy 'Thelma & Louise' donde aprovechó para bajar a cantar y bailar entre el público y para subirse a la barra) intercalados con versiones que animaban al respetable, a menudo porque se las sabía: 'Break The Rules' de los Status Quo cantado por su marido, 'Keep A Knockin' de Little Richard por el batería (después de su guapo solo tamborero), 'Happy' de los Rolling Stones, y ya en el bis, tras el popurrí triple citado, el adiós con el 'It's A Long Way To The Top (If You Wanna Rock And Roll)' de AC/DC, cuando al acabar nos soltó Stacie en castellano: «bien, otra cerveza».

 

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