Señor No imponiéndose a los elementos

Fumai (bajo), Xavi (guitara y voz), Jorge (guitarra) y Fosy (batería)./A. F. V.
Fumai (bajo), Xavi (guitara y voz), Jorge (guitarra) y Fosy (batería). / A. F. V.

El supergrupo donostiarra convirtió en un gaztetxe al aire libre, con perro incluido, el Txiringito de la Playa de Ereaga, que sonó algo escaso de pegada

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El viernes nos sacudimos la pereza estival para ver a los generalmente infalibles Señor No (San Sebastián, 1993) actuando en la primera de las cinco jornadas consecutivas de conciertos celebrados por el Txiringuito de la playa de Ereaga para acompañar las fiestas del cercano Puerto Viejo de Algorta. Y Señor No volvieron a triunfar pues se impusieron a los elementos a pesar de las inconveniencias circunstanciales: no había escenario y el grupo tocó a ras de suelo (al menos había un telón de fondo que enmarcaba la acción) y al aire libre, con lo cual el sonido fue amortiguado (se imponían los graves, la batería no estaba amplificada), desequilibrado (por la izquierda se imponía el bajo, por la derecha la voz) y a volumen insuficiente diluido por las rachas de viento lateral y porque los decibelios los chupaba el numeroso gentío concentrado que rodeaba a los oficiantes. Por cierto, vimos a muchos músicos entre sus filas: Bonzos, Thee Renegades, The Hammer Killers, Bringas, Sonic Trash, The Ribbons, Ramonetarrak, Rudy Mental, Moonshakers y, claro, los componentes del primer grupo de la dupla de ese mismo viernes, los bluseros Lomoken Hoboken.

A la caída de la tarde del viernes en Ereaga vivimos un bolo con cierto ambiente de gaztetxe open air, o sea al aire libre: había mochileros, un perro que se colaba entre los músicos, mucha predisposición y aviones que aterrizaban y despegaban por encima de nosotros. Señor No tocaron 18 temas en 73 minutos, con dos bises que arrancó Txarly Romero, el rector de La Nave 9: para el dar el primero tardaron cinco minutos en reaparecer y para el segundo tres minutos, porque los protagonistas no querían salir si no se lo pedían. Con el líder Xavi entregado desde el primer acorde (nos espoleaba chillando «sí», brindaba con cerveza, alzaba el mástil de su Gibson, alguna vez se metió entre el público y acabó con la guitarra chorreando sudor, literalmente) y con la peña respondiendo desde el primer momento (movimiento delantero, fans cantando las letras, espectadores subiendo los brazos de contento…), ajenos todos a las insuficiencias sónicas, Señor No, ahora mismo un supergrupo con miembros de La Banda Trapera del Río, Kurt Baker Combo, Dogo ex Mercenarios o Aterkings, dieron un bolo ardiente que, en condiciones normales de volumen, nos habría empujado a todos hasta las olas de la playa.

Pero no salimos del paseo, donde revoloteó su alta energía de herencia australiana (New Christs en 'A veces no' y 'Off', Radio Birdman en 'Viviendo en el desván' y 'A todas luces'…), remitiendo cada vez más a Los Suaves por tono de voz y temática de sofocante rabia urbana (también en 'A veces no', en 'Llámame', en un 'Masacrante' algo desvirtuado por los desarrollos guitarreros), proyectando alta energía bien comprimida empero las circunstancias adversas ('Inherente' -la de «diez botellas han caído, a ver si algo cambia para mejor»-), exhalando alguna humareda de lisergia ('My Pal', versión de los australianos God) y propulsándose rock-a-rollers a lo Motörhead ('Laberintos', la segunda, 'No me hables', la última antes del bis).

Y en los dos bises echaron el resto con 'Mira mi dedo' (más Motörhead), 'El diablo está caliente' (los dos guitarristas y el bajista lo acabaron arrodillados en plan MC5 y con muchos espectadores disparando sus móviles pegados a ellos) y, ya en el segundo bis, 'Jugando (Conmigo mismo'), sexual vía sus vecinos de Discípulos De Dionisos y rápido como Motörhead en lo que quizá el éxtasis de la cita.

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