El romanticismo a espuertas de 'Danny & The Champions Of The World' en Vitoria

Los dos australianos, Danny Champ y el solista Paul Lush/CARLOS Gª AZPIAZU
Los dos australianos, Danny Champ y el solista Paul Lush / CARLOS Gª AZPIAZU
El Bafle

La banda británica de rock americano arrancó en Vitoria la gira española de su disco 'Brilliant Light', donde enamoró a los presentes. El viernes lo hará en Bilbao

ÓSCAR CUBILLO

La banda londinense de rock americano 'Danny & The Champions Of The World' arrancó el martes en Vitoria su nueva gira española, que rezumará buena onda por Valencia, Madrid, Bilbao (el viernes en el Antxiki, 21 h, 17-20 €) y Valles Piloña ya el sábado noche. Se moverán en una furgoneta conducida por el ondarrutarra Íñigo, uno de los dos socios de la promotora bilbaína Noise On Tour. Los seis músicos británicos llegaron el lunes a Bilbao vía Easy Jet, de donde también partirán el domingo de regreso a Londres. Por razones de peso (el límite de equipaje), ese mismo lunes el afable Danny Champ, un tatuador australiano mudado a Inglaterra, solicitó una guitarra a su amigo bilbaíno el abogado melómano Iñaki Orbezua, quien desinteresadamente le prestó la suya, una Telecaster que le será devuelta el referido domingo. «Una guitarra eléctrica» le pidió y, casualidad, guardaba una estéticamente igual que la del guitarrista solista de Los Campeones del Mundo, el también australiano Paul Lush, una instrumento del mismo color y diseño, aunque no eran exactamente del mismo modelo.

Danny Champ agradeció en público la aportación de Iñaki, presente en la sala este martes en el Hell Dorado, club roquero alavés donde un centenar de personas libaron el rock americano destilado por el sexteto (tres guitarras contando la pedal Steel, un teclista, bajo y batería) y lo premiaron con ovaciones sentidas, silbidos e incluso aullidos. Los músicos venían en la gira de su sexto disco oficial, el doble, meloso, sentido, pegajoso y soulero 'Brilliant Light' (Loose, 2017), y encadenaron 18 canciones en 113 minutos, casi dos horas. Con hora y media quizá habría estado mejor, pero no vamos a poner pegas al repertorio de estos honestos británicos, a los que les suelen colgar adjetivos en su caso ni gratuitos ni exagerados: desde románticos y auténticos hasta épicos y hermosos (éste por sus canciones, ¿eh?).

Y es que su listado fue de puro y dilatado (sin prisas más bien) rock americano, a menudo tan springsteeniano como en 'The River', esporádicamente soulero y sentimental, en algún destello hasta country, y en un parlamento al público igual que Elliott Murphy: cuando Danny nos contó que andando un día por Londres vistiendo una camiseta del Hell Dorado se cruzó con un tipo que le entró emocionado, ¡y es que era de Vitoria y conocía el local!

Arropadores en general, liderados por la voz nasal y melismática de Danny, apoyados en tres guitarras simultáneas (el líder alternaba una acústica con la caja rota y la Telecaster que le prestó de Iñaki) que desarrollaban sin miedo como si fueran los Lynyrd, los Allman, los Black Crowes o Blackberry Smoke, Danny And The Champions Of The World se mostraron desnudos y acariciadores, capaces de seducir al más reluctante y de fascinar a quien pasara por ahí. De convencer tanto a ellos como a ellas.

Podríamos citar muchos títulos de los 18 que cupieron en su repertorio precioso, pero intentaremos no ser pesados. Conformémonos con 'Consider Me' y su insistencia algo Graham Parker; 'Never In The Moment' con la voz negroide a lo Eddie Hinton sin gallos; 'This Is Not A Love Song', que fue country soul a lo Spooner Oldham; 'Stay True' que pareció un crisol de John Cougar, Bruce, Bob Seger…; 'It's Just A Game (That We Were Playing)', un soul pop en plan Paul Kelly melódico e intenso; dos temas consecutivos que quizá marcaron el punto álgido de la bonita velada y que fueron 'Brothers In The Night', un hibrido cool y casi recitado entre Elliott Murphy y Lou Reed, previo al nervio callejero de 'Every Beat Of My Heart', con buen trabajo del teclado de sonido Hammond; el romántico y creciente 'You'll Remember Me' con su mezcolanza o amalgama de paludismo, 'El río' del Boss o el soul de Elliott; el optimismo coral de 'Clear Water', con atisbos de negritud y coros sha-na-na tipo Springsteen; o la despedida con '(Never Stop Building) That Old Space Rocket', evocando cuando su padre le llevó a ver a The Fabulous Thunderbirds cuando Danny era un adolescente. Seguro que varios de los presentes en Vitoria repiten a lo largo de esta gira.

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