Un rato sudoroso con Vintage Trouble

El líder de Vintage, en plena actuación. /PIRU LAMIAKO
El líder de Vintage, en plena actuación. / PIRU LAMIAKO

Una cola de más de cien metros crearon los californianos ante el Kafe Antzokia con gente que deseaba participar en su circo soul-rock

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Gozoso lleno el martes en el Kafe Antzokia para ver, a 30 euros la entrada en taquilla, al cuarteto californiano Vintage Trouble (Los Ángeles, 2010) en el marco de su enésima gira española, esta vez por salas: Gijón, Bilbao, Santiago, Barcelona, Madrid y Valencia. Era la quinta vez que lo veíamos, casi siempre en festivales al aire libre: Bilbao BBK Live, Azkena Rock Fest y Mundaka. Dando por supuesto que ya no nos sorprendería su show soul efectista siempre en busca de la interacción con el respetable (gritos, palmas, saltos…, participando como los niños en el circo, sí), acudimos sin ánimo de pedir peras al olmo y salimos más que contentos de su concierto de 14 canciones en 91 minutos donde sólo sobró la inane versión del 'Rocket man' de Elton John, que hace justicia a la película (¿lo pillan?).

Ya nos sabíamos lo del show y, además, cada año que pasa queda más claro que Vintage Trouble son un líder físico y descarado, el afrovocalista Ty Taylor (Montclair, New Jersey, 1969: 50 años ya, pero como mucho se le echan 30), un sujeto con experiencia tanto en coros góspel como en concursos musicales televisivos, más su tres subalternos blancos y rubicundos vestidos de tahúr, tres tipos como Vigo Mortensen en la película 'Appaloosa' que ejercen de elegantes figurantes en segundo plano, que aportan coros y que están muy justos en sus talentos, sobre todo el guitarrista al que le cuesta un mundo extraer un punteo con personalidad y profundidad. También sabemos que no tienen canciones con personalidad, que resistan la audición sin sostenerse en el show, por eso casi dan igual sus discos. Y a la larga y en teoría eso debería pasarles factura y cada vez atraerán a menos público.

Ty Taylor y sus tres escuderos vestidos de tahúr.
Ty Taylor y sus tres escuderos vestidos de tahúr. / PIRU LAMIAKO

FOTO 2, cuarteto

Pero aún les va bien. En esta ocasión VT vinieron reforzados con una afrocorista elevada sobre una tarima, y su concierto de 14 piezas en 91 minutos arrancó buscando que el público entrara en su red, continuó con canciones de bastante personalidad, y se remató con tres apoteosis concatenadas. Desde la salida a escena Ty Taylor, vestido todo de blanco, nos espoleó con sus ganchos y provocaciones: subiéndose a los bafles que flanqueaban el escenario y llegando a saltar desde encima de uno (en 'Knock Me Out', un rock superior a los BellRays y en el que también se puso a saltar a la comba con el cable del micro), diciendo «Bilbao, no os oigo», y eso que la peña estaba chillando más que en el fútbol, y preguntando «¿quién ha venido a pasar con nosotros un rato sudoroso?», y al poco bajándose entre el público que se abrió ante él como el Mar Rojo ante Moisés (en el palúdico vía Luisiana 'Still And Always Will', con el guitarrista haciéndonos añorar a Jimmy Vaughan en Los Fabulosos Thunderbirds), insistiendo Ty en que no nos oía y poniendo a todo el recinto a bailar contoneándose y a corear con ganas (en el soul meloso 'Doin', cuando se sentó en la esquina del muelle de la bahía, esto, del escenario del Antzokia).

Ty Taylor sentado al borde del tablado en 'Doin''
Ty Taylor sentado al borde del tablado en 'Doin'' / PIRU LAMIAKO

Este frontman seguro de sí mismo tenía a todo el público en el canasto. Y era un público predispuesto: el bolo arrancó a las 9.02 y a las 8.15 la cola de entrada llegaba hasta el garito del PNV, de la sede, ¿sita a más de cien metros de la taquilla del Antzoki? ¡A 120 metros según Google maps! ¡A dos minutos caminando! ¡Qué cola! Ya había empezado el show, la cosa pintaba guapa y presentíamos que no iba a decaer la fiesta. Ty Taylor preguntó cuánta gente les veía por primera vez, sólo un puñado de brazos se levantaron (menos de uno de cada diez, pero igual muchos presentes no le entendieron la pregunta), y presentó una canción de amor con mucha melodía a lo Otis Redding en la que se lució ('My whole world stopped without you'; veíamos todo el local desde el anfiteatro, donde había hueco, y ahí una pareja se puso a bailar agarrada).

Y Ty seguía pastoreándonos: «¿estáis bien?», preguntó antes de cantar el soul moderno 'Can't stop rollin'' (cuando se puso a brincar y la masa le emuló), y al acabarla como en misa, como en el góspel, nos animó a presentarnos a quien tuviéramos al lado antes de otro soul como 'Everyone is everyone', vivido entre luces rosáceas, violáceas emitidas desde el altar, esto, desde el escenario.

El mentado 'Rocket man' de Elton John, que además titula el biopic del Sir, no sumó nada excepto la sospecha de que estos VT son unos oportunistas. Al acabarla propuso el reverendo Taylor: «Hemos estado en el espacio y vamos a la iglesia ahora», y atacó el rock 'Run like the river', y ahí palpitaba el rock cuando Ty ascendió por las escaleras al antiteatro mientras un técnico le marcaba una aureola con una linterna (ahí arriba comprobamos que Ty es un retaco), y bajó, y se coló entre el público otra vez, y lo atravesó para subirse a la barra pequeña de la esquina, como en un púlpito, y la parroquia estaba enfervorizada, y el frontman saltó sobre ella, y surfeando sobre la masa regresó al escenario, y la peña seguía coreando «run baby run, run baby run», y Ty se sumergió de nuevo entre el gentío excitado e hizo el pino sobre el bosque de brazos. Total.

Ty haciendo el pino sobre la masa
Ty haciendo el pino sobre la masa / . PIRU LAMIAKO

Vaya clímax, oigan. Y lo veíamos todo desde arriba. Acabó la canción del río, del river, y los aborígenes hasta lanzaban irrintzis. La temperatura no bajaba ni en los lentos: el soul adulto y participativo 'Another man's words', el rock moderno y mainstream a lo Amy Winehouse 'Crystal clarity' con solo de trombón de Ty, o el funk algo Michael Jackson 'Do me right', donde Mister Ty invitó a bailar en escena a una espectadora que lo hizo con tal gracia y soltura que nos entraron ganas de bailar a todos.

Soul lento y hondo

Parecía que no se podía subir más, pero las tres últimas fueron apoteósicas. Tras pedir Ty a la gente que pasara por el puesto de merchandising al acabar el concierto, que firmarían lo que fuera y que no importaba si no se compraban camisetas o CDs, que se pasara a saludar y a chocar la mano, prendieron la fiesta rockin' góspel como si fueran los Blues Brothers en 'Strike your light' (y aquí Ty volvió a sumergirse entre la parroquia, que se separó como el Mar Rojo, y esta vez Ty hizo que todos los fieles se agacharan, se acuclillaran, antes de levantarlos otra vez, de hacerlos corear, de lograr que dieran palmas manos arriba y hasta brincaran); se refrenaron solo en el tempo durante el soul lento igualmente hondo 'Run outta you' (que provocó que las parejas se abrazaran amarteladas).

Tras despedirse con una larga reverencia al unísono los cinco (no se olviden de la corista, que apoyó mucho en un par de lentos), VT en el bis arbitraron el blues-rock a lo Led Zeppelin 'Blues hand me down', con más alardes de Ty: saltos de costado apoyado en el pie de micro, latigazos al aire con el cable… Y tras hacerse una foto con la gente al fondo, bajaron las escaleras del escenario y los cuatro se encaminaron al puesto de merchan sudorosos y sin dejar de estrechar manos de los parroquianos felices.

Y estas fueron las 14 canciones. Mientras la gente evacuaba encantada el Antzoki, nos comentaba la vocalista bilbaína de jazz Jackie Revlon: «Es la segunda vez que les veo y ha sido un concierto de 9. La primera vez les vi en el Jazz de San Sebastián, en la playa, y fue de 10…, o de 11. Hoy he echado de menos dos canciones: la balada 'Gracefully', que es mejor que otras que han tocado, y 'Donna Lee', que es muy descarada y les pega muy bien».