Polos opuestos

José González triunfó en la jornada final del BIME Live. /Josu Olarte
José González triunfó en la jornada final del BIME Live. / Josu Olarte

MGMT y José González triunfaron en la jornada final del BIME Live

JOSU OLARTE

Creció el público hasta las 11.900 personas (20.100 en total) en la segunda noche del BIME Live que, a grandes rasgos, discurrió como la seda entre las propuestas de corte autoral y las basadas en los ritmos binarios con querencia lisérgica. Solapándose en horarios y con planteamientos antipódicos, superaron las expectativas MGMT y José González. Aunque apocados en escena, después de diez años, el dúo americano ha dado en moldear con 'Little dark age', una especie de electropop psicodélico casi de estadio que aúna olfato para el hit sintético inmediato pero con cierto margen para la divagación algo excéntrica al estilo de Alien days. Mejorando su paso por el BBK Live de 2014, con el apoyo orgánico de tres músicos y apoyado en visuales dignos de un viaje psicotrópico, su set elevó los ánimos conectando con buen rollo el Bowie ochentero (When you die). Con adhesivos, piezas de synth pop ochentero como 'Time to pretend', 'She Works out too much', James (ese Vocoder) o el melancólico y muy Pet Shop Boys 'Me and Michael'. Con algo de funk orgánico vía Prince (Electric Feel) y alguna excursión ácida (Yes meets Zombies en Siberian Breaks ) remataron con su vivificante 'hit Kids'.

A José González se le quedaba al mismo tiempo pequeño el escenario donde pasmó al personal con un recital tan austero como emocionante. El sueco, de origen argentino, lo mismo es capaz de tocar con una orquesta que de seducir solo con sus arpegios acústicos y el eco casi místico de su voz. Ejemplificando el menos es más, evocó a los Simon & Garfunkel mas evanescentes (Let it carry), a Cohen y Nick Drake (The Forest), se acercó al afroblues del Sahel (What Will) y derivó con tono fúnebre en Leaf off 'The cave', hasta encandilar con su estilo ceremonioso, delicado y climático en sus populares versiones de grupo de club como Massive Attack (Teardrop) o The Knife (Heartbeats) que concedió cuando la audiencia le demandó.

Antes actuaron los neozelandeses Unknown Mortal Orchestra, redundantes y aburridos en su psicodelia con marasmos de freak rock, jazz funk progresivo, baladas con voz estridente y hasta pop comercial. En su alias Sun Kil Moon, Mark Kozelek (Red House Painters), evidenció en el teatro que no es un tipo nada ordinario en la concepción de su folk blues cercano por momentos al spoken Word que se marco con curioso formato de piano y guitarra acústica y atril para salmodias tan alucinantes, chistosas y ácidas y como '1983 Era Music is the soundtrack of Outcasts being bullied by jocks', compuesta en Filadelfia y con referencia incluso al oriundo de allí Kurt Vile que, en otro escenario, cruzaba con carisma vocal, de cruce a Neil Young & Crazy Horse, Lou Reed yel rock americano de su banda nodriza War on Drugs. Repasó su novedad 'Bottle it in', con momentos introspectivos (Wild Imagination), guiños a Filadefia (Pretty Pimpin) y al Reed tardío (KV Crimes) para poner el broche solo en acústico con el 'Peeping Tom' de su alianza con Courtney Barnett. Bueno pero quizás sobrevalorado porque la crítica fue la impresión general.

Compitiendo con la vikinga Ionnalee (como Chvrches o La Roux pero en plan etéreo) ocupó el escenario central el Dorian Gray del indie rock pop de los 90 Stephen Malkmus, que junto a sus nuevos Pavement (The Jicks) sonó irónico, personal, desmadejado, cachondo y hasta rockero y groove en temas como 'No one is' (as I are b), 'Refute', 'Kite, Witch Mountain Bridge' o en celebrados rescates de 'Pavement' (Stereo, Starlings of the Slipstream)

Los ritmos binarios coparon la recta final del festival con los islandeses Gus Gus, que hicieron añorar a su ex cantante Emiliana Torrini. Un Jon Hopkins muy sobrado para canalizar catarsis colectivas a base de efectos, progresiones rítmicas, melodías y voces, como de Fout Tet y Nina Kraviz que desataron el baile tras el cambio horario.

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