Pocket Corner, de lo mejor del año y disfrutado por sólo 28 melómanos
Sexta cita de las diez del tercer JazzOn Fest, agitada por el cuarteto noruego de free jazz pilotado por el trompetista Didrik Ingvaldsen, que experimentó con frenesí, magia y precisión
Esta semana hemos tenido la suerte de disfrutar de dos conciertos de lo mejor del año: el del martes de Lord Bishop Rocks ante 40 ... almas en el Antxiki, y el de ayer sábado del cuarteto Pocket Corner en el JazzOn Aretoa ante sólo 28. Cuando menos te lo esperas salta la liebre. Y es que nunca se sabe lo que va a pasar con la música en directo, y menos en géneros musicales vivos como el flamenco y como deberían ser el blues y el jazz.
Recordamos que un día atestiguamos en la misma noche, en fiestas de Bilbao, dos de los mejores bolos de ese año: uno de los bilbaíno-argentinos Cápsula en el Kafe Antzokia, y de seguido uno de Raphael en Abandoibarra. A veces tardan en brotar bolazos increíbles, y así este 2025 no hubo ninguno merecedor de entrar en la lista de lo óptimo del año en los meses de febrero y abril. Una lista no tan subjetiva como podrían pensar los suspicaces, ¿eh?
Lo dicho, el sábado, entre Obús y El Drogas en Miribilla, bajamos la cuesta, entramos en el JazzOn Aretoa, abrevamos en su barra (vino, birra, cortezas y almendras), entramos en la sala y catamos únicamente los 15 últimos segundos del primer pase de los nórdicos Pocket Corner, un chispún postrero de su tema 'Changing Times' que nos hizo pensar en lo que nos habíamos podido perder. Pero bueno, quien no se consuela es porque no quiere y la gozamos como chones durante el segundo pase, de 8 piezas en 56 minutos intensos desde el principio y aun así crecientes.
Eso, que no más hubo 28 almas (hum…, bastantes jóvenes y no pocas chicas), pues las conté yo volviendo de la barra con el segundo vino y lo confirmó el chico de la taquilla al salir. El año pasado hubo sólo cuarenta espectadores viendo a estos noruegos liderados por el trompetista Didrik Ingvaldsen, su factótum y único miembro permanente desde 1986, un señor con pinta de profesor universitario que en el intermedio del encuentro se puso a vender en propia mano CDs entre los espectadores sentados, ofreciéndolos a cada parroquiano como si él fuese un subsahariano ilegal liquidando CDs piratas de Fito y Los Fitipaldis en algún bar de Romo. Ah, y por la parte que nos ocupa es muy triste y descorazonador que recomiendes un concierto así y que acuda tan poca peña. Aunque sea un concierto de pago (25-27 euros), de jazz, y más aún de free jazz, que ya sabemos es un género temible en el que a menudo no salta la liebre.
El trompetista Didrik Ingvaldsen trajo un montón de CDs distintos para su venta, pues es un músico muy prolífico y en su Bandcamp se consignan numerosos lanzamientos pero que no se pueden escuchar en red. Esta del tercer JazzOn Fest era la última parada de una gira española de seis fechas (Valencia, Madrid, Barcelona, Huesca, Lugo y Bilbao) en la que vino oficialmente a divulgar su disco 'Free keys' (julio de 2025), varias de cuyas piezas sonaron en este segundo pase: la suite fragmentada 'Short attention', inspirada en estos tiempos líquidos en que la atención se detiene dos o tres segundos mirando el móvil y pasando pantallas (así lo explicó él), y los cortes 'Vic, Vic, Vic', 'Bilbao' y 'Pablo'.
Reiniciaron el show, el segundo pase, con Didrik Ingvaldsen presentando «una canción perfecta para vosotros que se llama 'Bilbao'», y que a estos cuatro blancos escandinavos los mutó en almas negras invocando a sus ancestros y, como se trata de un conjunto con los cuatro miembros ejecutantes igual de importantes, el joven melenas del teclado Kjetil Jerve pudo colar un solo progresivo (al acabar esta pieza Didrik comentó que hay más canciones dedicadas a Bilbao, como 'Bilbao song', en referencia a la de Bertolt Brecht y Kurt Weill), luego enloquecieron con precisa seguridad en esas mini-cápsulas que Didrik tituló como 'Music for Short Moments of Attention', tan rudas y orates que vincularon con genialidad a Zappa con The Locust, y en 'Pablo' (por Pablo Correo, su agente de contratación) cursaron contemporáneos pero con sentido propio, sin necesidad de imágenes de fondo para evocar ni siquiera de modo imaginario, o sea contemporáneos con fundamento.
La cuarta no la presentaron (horas después nos informó el jefe por Facebook: 'Man in the Locker') y fue jazz coltraniano ondulante con un solo teclista muy fusión a lo Joe Zawinul (el austriaco del Weather Report) insuflando insania selvática (jopé, qué bueno y qué comprometido el baterista Ståle Birkeland), el título de la quinta fue 'Madrid' (se lo susurró el líder al saxo alto, Glenn Brun Henriksen, parecido a un Hansi Flick más joven, el entrenador del Barça) y la música fue jazz en despegue sin prisa como el de Wayne Shorter, 'Vacci-Nation' fue bop duro a lo Dizzy embalado con la trompeta entablando un diálogo que se tornó discusión con el saxo, 'Vic, Vic, Vic' («otra ciudad española», presentó Didrik) cruzó el funk con la batería motórica, y a modo de bis («seguro que queréis otra», planteó sin ironía el líder) dieron el campanazo con otra sin presentar ('Houšti', ponía en la partitura del teclista), que campó motórica y sincopada (¡por Dios, qué baterista!), cual epítome de lo que debería ser un concierto de frenesí free jazz, una pieza genial con magia y precisión, colofón de un bolo, el número 544 de 2025. que ya hemos escrito que entrará en nuestra lista de lo mejor del año (si lo acabamos, claro).
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión