A los pies de El Predicador

Jake 'The Preacher' Cavaliere, líder, predicador y señor absoluto/SUGAR VELASCO
Jake 'The Preacher' Cavaliere, líder, predicador y señor absoluto / SUGAR VELASCO

The Lords Of Altamont, capitaneados por el agilísimo y espectacular Jake 'The Preacher' Cavaliere, provocaron una erupción de acidez garajera en un Kafe Antzokia con la parroquia arrebatada

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Como un torbellino de garaje rock ácido y turbulento pasaron The Lords Of Altamont el viernes por el Antxiki, la sala superior del Kafé Antzokia, donde se congregaron más de cien devotos deseosos de disfrutar de las andanadas del espigado líder, cantante y organista Jake 'The Preacher' Cavaliere y sus tres secuaces con pintas moteras, melenas lustrosas, juventud evidente y tanto entusiasmo como solvencia al roquear de una manera que pasó por la lisergia psicótica (la reverberación onda 13th Floor Elevators), el violento garaje de manual (entre los Sonics y los Fuzztones), la alta energía avasalladora (desde MC5 hasta Zen Guerrilla), el stoner rock a toda mecha (palpitante en su sección rítmica; ah, era el segundo concierto del nuevo baterista) e incluso el blues (quizá la mejor pieza fue el 'Evil' de Howlin' Wolf repasado al modo de Cactus y Monster Magnet, según calibró el fotero Dena Flows).

Por cierto, el concierto fue pasto para los fotógrafos gracias al agilísimo dinamismo escénico de Cavaliere, quien no paró de poner poses durante todo el show. Flaquísimo, tatuadísimo (todos los brazos, un ave mitológica rampante emergiendo por su cuello…), con el móvil protegido por una funda de cuero entre varias cadenas y con el reloj incrustado en una muñequera coriácea, Jake 'El Predicador' Cavaliere se subía encima de su órgano Farfisa, se tiraba por el suelo, se asomaba al borde del tablado cual soulman, manejaba su instrumento balanceándolo como una vieja banqueta (en varias ocasiones dejó que los de las primeras filas pulsáramos las teclas), manejaba el pie de micro como Miguel Pardo el flaco vocalista de Sex Museum, contorsionaba su espalda como el Carlos 'M-Clan' Tarque más elástico, se estiraba enjuto como Iggy Pop… Y todo ello incitando el público (gritos, heys…), agitando su esqueleto y controlando todo de modo preclaro (se le cayó el pie de micro sobre un espectador de la primera fila y le pidió perdón dos veces).

El Predicador subido a su órgano Farfisa.
El Predicador subido a su órgano Farfisa. / JON ROZADILLA

The Lords Of Altamont regresaban a Euskadi con su último disco, 'The Wild Sounds of The Lords Of Altamont' (Heavy Psych Sounds Records, 2017) y Cavaliere ofició sobre una alfombra mágica con rayas de cebra sujeta al suelo con cinta de seguridad. La alfombra aún estaba limpia, reluciente porque la del viernes era la segunda fecha de un Eurotour de 18 bolos hasta el 1 de junio. El viernes hubo comunión con el público, con la parroquia a sus pies, a la que El Predicador estimuló desde el principio, condujo a varios éxtasis y la dejó satisfecha al final. A veces su garganta no se imponía entre el rock volcánico, en la octava canción pareció que se iba a quedar afónico pero libró, y prosiguió rompiendo la pana generando un rock volcánico directo a la yugular y variado entre los ríos de lava: asumiendo el rollo Stooges ('You're gonna get there'), explotando en high energy a lo The Cherry Valence con una batería ('Like a bird'), mutando el pop en cruda verdad garajera ('She cried', cover de Jay & The Americans), arbitrando rock and roll alegre y seguro de sí mismo ('Velvet', cuando el pie de micro golpeó al espectador), de la 12 a la 14 enlazando una terna atómica alistándose al ejército de los Sonics ('Action', una de sus piezas más conocidas; por cierto Cavaliere toca el órgano con los Sonics actuales), rocanroleando con los mástiles apuntando al cielo en plan Gluecifer ('$ 4,95') y versionando al mentado bluesman Howlin' Wolf / Lobo Aullador ('Evil / Malvado', que al que suscribe le resonó a Led Zeppelin, Hendrix, MC5…), luego revisando a los Flamin' Groovies ('Slow death') y despidiéndose con un fogonazo vía MC5 ('F.T.T.S.'; recordemos que llegó a tocar el bajo con Los Señores de Altamont el propio Michael Davies de MC5), fogonazo previo a un bis triple y también explosivo con rollo fuzztónico, rock and roll febril y acidez infecciosa.

Al acabar, The Lords Of Altamont vendieron mucho merchandising y se hicieron muchas fotos con los fans encantados, señal de su éxito. Pinta guapa la gira. Quizá la mejor vez que les hemos visto, contando con las del Azkena Rock Festival, el Antzoki grande, el viaje a Liérganes… ¡Si hasta Cavaliere nos cayó bien! Ya no va de sobrado, parece.