El bafle

Paul Lamb & The King Snakes repitiendo la fórmula

El quinteto londinense bajo el clásico logotipo del Getxo & Blues. /CARLOS Gª AZPIAZU
El quinteto londinense bajo el clásico logotipo del Getxo & Blues. / CARLOS Gª AZPIAZU

Satisfactoria velada inaugural del 31 Getxo & Blues con el quinteto inglés haciendo cantar y acuclillarse a un público que le siguió la corriente en todo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Tras la desilusión provocada por la suspensión del primer concierto del 31 Getxo & Blues, el de Eric Bibb, porque el jueves no cuadraron las conexiones aéreas, el viernes se respiró expectación y buen ambiente en lo que se convirtió en el gran bolo inaugural del festival blusero decano de España. Se celebró en el nuevo teatro municipal Muxikebarri, en la sala Arrigunaga, que es el cine del sótano al que se despejó de las butacas. En el equipamiento del recinto figura una barra para expender bebidas, pero el viernes aún no estaba preparada para la cita con los ingleses Paul Lamb & The King Snakes, que dieron un show de secano y asaz purista de 16 piezas en 93 minutos.

Paul Lamb y su mano derecha Chad Strentz suelen dar bolos en dúo acústico.
Paul Lamb y su mano derecha Chad Strentz suelen dar bolos en dúo acústico. / CARLOS Gª AZPIAZU

Lo calificamos de purista porque ellos repiten a machamartillo las enseñanzas clásicas del blues americano y nunca van más allá. Con la armónica del líder Paul Lamb muy protagonista y dos guitarras más comedidas (la Stratocaster solista de su hijo Ryan Lamb y la muy opacada Telecaster rítmica de su rapado viejo amigo y además cantante del quinteto Chad Strentz), los londinenses se basaron en las versiones: abrieron uniendo 'I got a woman' de Ray Charles con 'Folson prison blues' de Johnny Cash como si estuvieran actuando en un pub, a la octava Paul Lamb cantó el 'Ya ya' de Lee Dorsey amalgamando blues añejo y country campero y haciendo cantar 'ajá-ja' a la parroquia, a la décima repasó el 'Baby please don't go' de Big Joe Williams que tanto gusta a los ingleses y que resonó al British Boom Blues de los 60, a la undécima trasladaron el 'Guess who' de BB King a terrenos de Luisiana (y Paul Lamb bajó a soplar entre el público), a la décimotercera insuflaron poderío bibikinesco al 'I'm tore up' de Billy Gayles, y el bis doble y desenchufado lo sirvieron en modo descompresión, primero con Pablo Cordero a solas imitando con la armónica a su gran influencia Sonny Terry (el tema 15) y en segundo lugar con cuatro del quinteto cantando el góspel 'Midnight Special', conocido por la Creedence Clearwater Revival, con el respetable dando palmas y coreando como si estuviera ante los Travellin' Brothers de Leioa (en el tema 16 y último de la satisfactoria velada).

Paul soplando entre el público el 'Guess who' de BB King.
Paul soplando entre el público el 'Guess who' de BB King. / CARLOS Gª AZPIAZU

Paul Lamb, que tiene 64 años y según Óscar Cine se parece de cara al difunto Stan Lee (el de los comics de la Marvel), hizo un poco el ganso (rotando el cable del micro, lanzando besos, lamiendo la armónica…; «este tiene pinta de haber sido un liante… y de seguir siéndolo», juzgó Raúl el Guapo), invitó al armonicista de la vocalista Trudy Lynn (que actuaría el sábado) y agradeció al promotor valenciano Testi Tajada que le hubiera conseguido este concierto «con un sonido fantástico y ante una gente fantástica», en el seno de su banda sugirió un par de coreografías (él y su hijo agachados, los King Snakes excepto el baterista colocándose al borde del tablado…), logró que el veterano público se pusiera en pleno en cuclillas a pesar de las espaldas castigadas (en la de antes del bis, 'Sweet sweet woman', un original que se asemeja a copia de Los Fabulosos Thundebirds; seguro que intenta eso de que se agachen los espectadores en Inglaterra y no le hace caso nadie), y en una ocasión afirmó que la mayoría de su repertorio son canciones propias, aunque parecen imitaciones de los cánones, desde el Chicago blues al swing de la Costa Oeste, y viceversa.

Así, entre boogie instrumental descoyuntado y soul viejuno, en sus originales identificamos estilismos a lo Little Charlie & The Nightcats herrumbrosos ('Jumping Little Judy'), emulaciones del melancólico Otis Rush en 'Adopted child' (la de que no conocía su apellido), y funk escrito por un Chad preocupado por el Brexit ('Depressing recession'). Estuvo bien el concierto, pero repitiendo la fórmula de los años 30-60 el blues está condenado a la extinción. Ya es que los jóvenes jóvenes estadounidenses apenas lo interpretan, pues lo asumen como un vestigio.