El Bafle

Pasión Vega, íntima en Santurtzi

Con el primero de los dos vestidos. /CARLOS Gª AZPIAZU
Con el primero de los dos vestidos. / CARLOS Gª AZPIAZU

En un Teatro Serantes casi lleno, la cantante malagueña ofició sofisticada y con facultades neocopleras sin cansar ni aburrir durante casi dos horas y media en cuarteto

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

La risueña cantante malagueña Pasión Vega (Ana María Alías Vega, nacida en Madrid el 23 de abril de 1976) anda dilatando la gira de su disco '40 quilates' (Concert Music, 17), con el que conmemoraba sus 40 años de vida y 25 de carrera profesional. Lo ha reeditado rebautizándolo '40 quilates-Íntimo' y añadiéndole siete cortes extra en formato acústico. Y con semejante artefacto, que se vendía en el lobby a 20 euros, la andaluza anda estirando ese tour en cuarteto también íntimo y con el repertorio levemente cambiado. Así vino el viernes al casi lleno (a 35 euros la butaca) Teatro Serantes de Santurtzi («Santurce para mí; que no pasen otros 25 años antes de volver», deseó por el final), cuando ella ya tiene 43 años y su carrera rondará los 28, aunque siempre se refirió al 25 aniversario.

En enero de 2018 ya estrenó el disco en el Arriaga, en octeto, y dio un concierto largo pero no pesado de 23 piezas en 141 minutos. Este mayo de 2019, en su regreso íntimo al Serantes, ofició en cuarteto y dio un concierto de… ¡21 piezas en 143 minutos! Casi dos horas y media que tampoco se hicieron pesadas. ¿Por qué? Primero, porque Pasión no se enredó en monólogos, aunque en algunos breves parlamentos nos aconsejó que hay que disfrutar de la vida, sacar lo positivo hasta de lo malo y cuidar el amor, y nos espolvoreó detalles artísticos referidos a Sabina (que le ha escrito canciones), al director de orquesta getxotarra Fernando Velázquez (el compositor de las bandas sonoras de 'El orfanato' y 'Lo imposible', quien le ha producido sus últimos discos y que a mitad del concierto pudo llegar al Serantes, donde fue saludado en público por la malagueña salerosa, que entonces no se atrevió a decir ni España, ni siquiera nuestro país, y que se conformó con decir «nuestro pa... planeta»), o a su equipo técnico (los encargado de luces y de sonido, Imanol y Ernesto respectivamente, son vascos, viven aquí y cuando Pasión tiene concierto –hoy sábado en Santander- se trasladan a la ciudad en cuestión).

Además de no dilatarse con monólogos, Pasión Vega supo hacer diferentes las casi dos horas y media de concierto. Y es que no se mantuvo estática desgranando el repertorio, sino que mantuvo el interés con evoluciones y detalles diversos: el arranque teatral ante el espejo, el uso del velo, el abanico o las flores, los bailecitos, la evocación junto a los vestidos que ha usado en otras giras, el sentarse al borde del escenario, el bajar a cantar entre el patio de butacas y el cantar dos piezas sobre el piano de cola, cual odalisca.

Pasión supo entretener durante dos horas y media, aquí mostrando el vestido de los '40 kilitos', de joven.
Pasión supo entretener durante dos horas y media, aquí mostrando el vestido de los '40 kilitos', de joven. / CARLOS Gª AZPIAZU

El viernes Vega vistió dos modelos y aprovechó la pieza instrumental de su trío para cambiarse. Fue un concierto creciente, desde el uso de las luces (muy premeditadamente tenues al principio) hasta la propia ejecución musical (en la primera parte Pasión llegó a imponerse sobre sus acompañantes). Hubo copla y exotismo, canción e incluso blues (de lo más aplaudidos fueron dos temas con piano supernegro a cargo de su director musical Jacob Sureda, con quien lleva 14 años; «más que un matrimonio», comparó la jefa).

Pasión empezó teatral cantando a capella ante el espejo '40 quilates' mientras se iban incorporando sus tres músicos, y se lució a la segunda, 'Querría', una neocopla latin escrita por El Kanka. A menudo enfocada por un cañón de luz, la andaluza se gustó interpretando estilista y manierista 'María La Portuguesa' de su admirado Carlos Cano (la ralentizó) y 'La bien pagá' (la tornó más exótica, como en un night club de El Cairo), esporádicamente fue aguda y transversal a lo Ana Belén ('Salve del amor perdido'), y versionó con clase exangüe el 'Gracias a la vida' de Violeta Parra.

El cuarteto en la tercera canción, 'La flor de Estambul', con el velo.
El cuarteto en la tercera canción, 'La flor de Estambul', con el velo. / CARLOS Gª AZPIAZU

La segunda parte, con el segundo vestido, de color champán, la abrió a dúo con el piano en un largo popurrí que por el final contuvo 'Fina estampa' de Chabuca Granda / María Dolores Pradera como momento muy ovacionado y estuvo rematado por las 'Habaneras de Cádiz' de Carlos Cano («estoy un poquito enfadada, no he oído a nadie cantarla», reprochó al teatro casi lleno, con más de tres cuartos de aforo). Y con el cañón de luz siguiéndola a menudo prosiguió esta segunda parte que tampoco pareció morosa, luciéndose Vega en dos piezas con vetas blues: 'Se te olvidó', quizá el culmen de la cita, tanto que la acabó y estaba llorosa, igual que el año pasado en el Arriaga (la letra de Antonio Martínez Ares tiene versos como «Se te olvidó regarme con el agua de tus labios / llamarme a cada instante y reírnos como idiotas»), y a continuación un 'La boheme' en castellano y cantándolo tumbada sobre la cola del piano («qué importante, qué preciosa y qué recuerdos me trae la voz de Aznavour», dijo al presentarla).

También afrancesado y chic fue el vals 'París', y otros hitos antes del final los logró en la muy aflamencada y emocionante 'Malagueña salerosa', un jazzie y bien resuelto 'Mediterráneo' de Serrat (cuando bajó por un pasillo, resaltada por el cañón de luz), y, abriendo el bis doble, 'María se bebe las calles', una canción sobre el maltrato, «una canción que me acompaña desde que la grabé en 2003 y que no he dejado de cantar en ningún concierto y que se ha convertido en un himno para las mujeres que se sienten solas, que sepan que se puede salir». Que dos horas y media pasen en un suspiro tiene mucho mérito, insistimos.

En la segunda parte, con el segundo vestido, cantando sobre el piano de cola.
En la segunda parte, con el segundo vestido, cantando sobre el piano de cola. / CARLOS Gª AZPIAZU