El Pacto lleva a Bilbao los viejos buenos tiempos del rock

El Pacto lleva a Bilbao los viejos buenos tiempos del rock

La modélica banda vizcaína de versiones actúa este sábado, 4 de mayo, en la sala Stage Live con un tributo a históricos como Tina Turner, Van Morrison, Toto y Moris

M. PÉREZ

'Proud Mary', 'Roxanne', 'The River', 'Sábado a la noche'... Normalmente, basta conocer el set list de una banda para intuir de qué palo va y cuál es su historia. En el caso de El Pacto, grupo nacido mayoritariamente en Bizkaia, el listado indica lo siguiente: sus miembros deben frisar los 50 años, pasaron su infancia intercambiándose discos mientras flipaban con Jethro Tull, Deep Purple, Pink Floyd y Bob Seeger y no han pasado mucho tiempo en su vida sin escuchar música.

Todo ello lo refrenda Mario Marrodán, portugalujo nacido en 1964 y cantante del grupo: «En efecto, creo que no habrá habido un día en el que no haya escuchado algo de música. De hecho, en el origen de El Pacto está el amor de todos sus componentes por ella. No creo que haya un músico que no esté enamorado de la música». Generación del 64. Inevitablemente, la del tocadiscos en la habitación, los vinilos cuidados con el respeto de una joya y los posters de Pink Floyd, Led Zeppelin y Janis Joplin. «Mis padres me compraron un tocadiscos de pequeño y ahí comenzó todo. Nosotros venimos de una generación que ha crecido con los vinilos, devorando a los clásicos y las grandes canciones de los 70 y los 80. ZZ Top, Springsteen, Tina Turner, Van Morrison, Dire Straits...».

Y ahí está. El Pacto es una consecuencia. No es fácil contemplar ya a bandas que rindan homenaje actualmente a Toto, Bad Company o a los Doobie Brothers, como es el caso de la que este sábado, 4 de mayo, actúa (21.00 horas) en la sala Stage Live de Bilbao. Durante el bolo, El Pacto también dedicará un particular recuerdo a Queen, entre otros muchos de un listado de más de veinte canciones. Se trata de divertir, derrochar energía y vibrar. Porque los vizcaínos son el ejemplo paradigmático de banda de versiones que toca por esa sensación adictiva que produce sentir un acorde.

Sus siete miembros tienen entre 46 y 50 años. Aparte de Mario, la otra voz del grupo es la cantante alemana Lys. El resto de la formación la componen los guitarristas Iñaki Galarza y Ramón Escobar, Fernando Florido (bajo), Alberto Eguía (teclados) y Juan Carlos Gómez (batería). Para su bolo en la Stage Live está prevista la colaboración del saxofonista Javier Alzola, compañero de fatigas de Fito, fundador de los Fitipaldis e histórico instrumentista con sólida formación en el jazz y el rock.

Presión

El Pacto salió al escenario de forma tardía. Su primer concierto tuvo lugar hace más o menos una década. En Castro Urdiales. Abundaban los familiares y amigos entre el público. De hecho, eran el público. Hoy, sus conciertos se han vuelto bastante más numerosos. Pero los nervios son los mismos. «En aquella primera actuación yo estaba muerto de miedo. Me temblaban tanto las piernas que pensé que no me iban a aguantar todo el concierto. A día de hoy, todavía sufro una presión tremenda cinco minutos antes de salir al escenario. Pero cuando suena el primer acorde, todo cambia: empieza la música y es sentirla», confiesa Mario.

«Nunca creímos que tendríamos éxito», se sorprende el cantante, mientras recuerda los inicios del grupo en un garaje de Muskiz. «Estuvimos más de un año sin salir de aquel lugar, simplemente divirtiéndonos tocando juntos. De hecho, nuestra única aspiración entonces consistía en poder celebrar un concierto en el pueblo o el barrio de alguno de los miembros de la banda. Ahora hacemos unos dieciocho al año, donde nos llaman y sin perder el objetivo de que es un hobby». ¿Representante? «Hemos hablado con alguno y alguno se ha dirigido a nosotros, pero no hemos decidido nada. Ahora mismo el trabajo lo hacemos nosotros y vamos incluso a los ayuntamientos a tratar directamente con ellos. Un representante te obliga a cumplir unas fechas y nosotros tenemos nuestros respectivos trabajos». El martes realizaron ensayo general. Acabó más allá de las dos de la madrugada. «No importó. Mejor que yo no se lo pasa nadie», zanja Marrodán.

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