El Bafle

Paco Candela, campero, caballista y andaluz de cuna

El sexteto visto desde bambalinas del Campos./FACEBOOK
El sexteto visto desde bambalinas del Campos. / FACEBOOK

En su debut en Bilbao, el folklórico sevillano cantó aflamencado y conservador, mirando el mundo desde la campiña

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Cae bien el rociero y campero Paco Candela, nacido en Mairena del Aljarafe, Sevilla, hace 47 años. Aunque lleva más de veinte años de carrera, el viernes actuó por primera vez en Bilbao, estrenando su disco 'Mi mundo', en un Teatro Campos con media entrada (a 40 euros, ¿eh?) pero absolutamente entregada: guapo, bravo y olé le decían, y «¡qué bonito lo haces, hijo!», «¡qué arte tienes!» o «¡no se puede hacer mejor!», le espetaban. A lo que él respondió: «para eso hemos venido».

Vestido cual Sherlock Holmes de vacaciones en la campiña, con chaqueta y gorra de cuadros (también le piropearon por la indumentaria), vaqueros embutidos y unos botines marrones preciosos y envidiables (deseamos que comprar unos iguales), con patillas de hacha a lo Padilla, Paco Candela cantó unas catorce piezas, a veces en pupurrí, en 94 minutos con un solo bis. No hubo más porque se hizo caso omiso del motín final popular pidiendo primero 'otra, otra' y, como no les hacían caso, después 'beste bat, beste bat'.

Basándose en sevillanas ralentizadas y en fandangos todoterreno, el empático Paco ofició en formato sexteto, con buenos músicos (cinco: violín moruno, bajo flamenco jazz, percusión rotunda, guitarra flamenca discreta y piano eléctrico), arreglos a veces ampulosamente comerciales (los de los teclados) y sonido mate, apelmazado y bastante justito (recordemos que en el Teatro Campos hay un limitador de volumen). Candela cantó al modo de un folclórico masculino, sugiriendo lo jondo pero sin inmersiones en ello, aunque sin nunca pecar de flamenquito inane y contemporáneo.

Saludos de los seis oficiantes antes del bis.
Saludos de los seis oficiantes antes del bis.

Convenciendo desde su salida al respetable que a veces se animaba y daba palmas desacompasadas y al que no daba corte sacar fotos con flash lo cual estaba teóricamente prohibido, Paco Candela se manejaba con la gente del pueblo ('Carmen la de los pinares', le solicitaron desde el patio de butacas, y «ya estás pidiendo mucho tú» replicó) mientras elevaba canciones de espíritu conservador, ora historias narrativas ora estampas naturalistas. Cantó sobre salir a cazar ('La escopeta'), al menos tres letras de montar a caballo (por fandangos 'El día que yo me muera'… que sea en una vereda, con mi jaca galopando; luego, casi al final, 'Tú no eres caballista'), cantó de amor rendido ('Seré') y perdido ('Que nadie hable de ella'), y hasta cantó sobre un nuevo amigo que conoció en la escuela… ¡y que era un perro! (el de 'El niño y el vagabundo', que en popurrí enlazó con 'Aprendamos de los niños). Pena que no cantara ninguna de toros.

Candela, a pesar de ser andaluz y famoso por ahí, no nos sermoneó. Sólo soltó una vez que hay que intentar acabar el día siendo mejor persona y otra vez deseó que ojalá la música sirva para acabar con el maltrato a las mujeres, ésto antes de entonar la sentimental 'Este día', donde le cuenta al juez que como vea por la calle al maltratador no responde de sí y se toma la justicia por su mano. ¡Ole!

Cantando ora en pie, ora en un taburete, ora en una silla tras un atril con las letras, Candela además un par de veces resonó a Triana ('Aunque se me rompa el alma', 'Se despierta el campo'… y salgo a caballo), en otra se arrimó a la canción melódica como un Manuel Carrasco con target de público diferente ('Déjame vivir') y por el último terció declinó en baladas, antes de remontar para despedirse por rumbas orgulloso de ser andaluz de cuna y dar un bis a dúo, sin micrófono, jondo pero no tanto.

Vídeo clip de la canción anti maltrato 'Este día'