Nacho Vegas, tendencioso pero no panfletario

Nacho Vegas, gijonés del 74, ex Eliminator Jr y Manta Ray./Danel
Nacho Vegas, gijonés del 74, ex Eliminator Jr y Manta Ray. / Danel

En un Kafe Antzokia donde colgó el 'entradas agotadas', el cantautor rock asturiano supo integrar la lírica político-social en candencias deudoras de Planetas, Leonard Cohen y Nick Cave

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Entradas agotadas antes de abrirse la taquilla el viernes en el Kafe Antzokia para ver a Nacho Vegas en la gira de su disco doble 'Violética' (Marxophone, 2018). El cantautor rock asturiano de ideología podemita militante en su bandería Anticapitalista (le propusieron ir en listas electorales) atrajo paradójicamente a mucho pijerío entre el público y, en gran formato (doceto: seis músicos y seis coros). Dio un muy buen concierto creciente de 17 piezas en 110 minutos en los que nunca usó chuleta (ni atril ni teleprompter) para entonar esos textos suyos tan longitudinales a la par que líricos.

Aunque llama a su coro Antifascista (Coru Antifascista Al Altu La Lleva) y sus mensajes son tendenciosos, Nacho Vegas (Ignacio González Vegas, Gijón, 1974) ni pecó de panfletario ni se puso pesado. Habló poco entre canción y canción y su único mensaje hondo fue denunciar el racismo del «Estado español» antes de la canción 'Crímenes cantados'. Las tres mayores ovaciones se dirigieron al coro, al teclista Abraham Boba –también de León Benavente- y al guitarrista navarro Joseba Irazoki –también en los bilbaínos Atom Rhumba).

El coro, los músicos, el crooner y la parroquia.
El coro, los músicos, el crooner y la parroquia. / Danel

El asturiano alternaba la guitarra con el micrófono, y cuando solo cantaba se solía poner delante del escenario en plan crooner. El concierto empezó bien, con blues crepuscular ('El corazón helado'), lecciones de Leonard Cohen ('La plaza de la Soledá'), espirales de alma industrial entre Nick Cave y Einstürzende Neubauten (estupenda 'Ideología'), vals ('Desborde') o blues a lo Christina Rosenvinge ('Canción de palacio #7', mucho mejor que en disco).

Con su voz barítona una pizca monocorde, cuasi recitadora en una suerte de ardid necesario para no flojear a lo largo del concierto, el bueno de Vegas enlazó cuatro interpretaciones mayúsculas por el ecuador del encuentro creciente: el mentado 'Crímenes cantados' contó una historia de modo cuasi visual, el blues algo eclesial 'Morir o matar' resonó a un Corcobado fronterizo, 'La pena o la nada' fue soul roto como podría cantar Jim Jones, y el ambiente de hit se respiró en 'Ser árbol', también incluido en el álbum 'Violética'.

Y ya hasta final se viajó planeando, disfrutando del momento, sabedora la parroquia en pleno de que la cita estaba incluso superando las expectativas, con aire de crooner tipo su amigo Bunbury ('Nuevos planes, idénticas estrategias'), coros marca Morricone ('Cómo hacer crac'), ecos quizá conscientes del 'Heroes' de Bowie ('La gran broma final') y la versión de Violeta Parra 'Maldigo del alto cielo' en plan blues mordido por Birthday Party, tema previo al bis triple bastante flotante vía Planetas ('Las palabras mágicas', 'Dry Martini S.A.'), un bis a modo de colofón con distensión premeditada de un concierto que, se nos ocurre ahora al escribirlo, funcionaría igual de bien o mejor en un teatro.

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