Dos son multitud

Dos son multitud
BORJA AGUDO

Twenty One Pilots ofrecieron en su debut peninsular en el BEC un sólido y efectista show de ecléctico pop milenial

JOSU OLARTE

Reducidos en lo grupal pero expansivos en lo musical, lo sensorial y lo escénico son por la vía directa Twenty Four Pilots que, en el inicio de su exigua primera gira peninsular de tres fechas, congregaron al tipo de público juvenil y entusiasta, emocionable y con tendencia al chillido que acudió a la gala de la MTV en el propio BEC.

El dúo de Ohio solo llenÓ algo más de la mitad de las 8.000 entradas puestas a la venta con precios disuasorios (de 50 a 70 euros) muy a tono con el estatus estelar que, sin gran aparato mercadotécnico, han conseguido con su versátil y poco convencional agitado de hip hop, punk, reggae y electro pop urbano. Un agitado sin guitarras y casi con trazas de mixtape que vienen moldeando para diferenciarse del mainstream alternativo del que, con Grammy de por medio, forma parte desde hace cuatro años la que pasa por ser la banda más grande de la que más gente no ha oído ni hablar. «Intento demostrar que se equivocan los que dicen que en la música no hay nada nuevo», ha dicho Tyler Joseph, el vocalista, compositor y mutinstrumentista (bajo, piano, teclados , ukelele) del tándem de Columbus que completa el rotundo baterista (y trompeta ocasional) Josh Dun.

Podrán gustar más o menos pero la manera en que mezclan géneros y tempos cambiantes resulta adhesiva, sobre todo en los enérgicos y dinámicos directos de su 'Bandito Tour', cuyo tramo europeo concluye en Barcelona y Lisboa. Conciertos desarrollados en dos escenarios enfrentados y salpicados de atractivos visuales, explosiones de humo y trucos efectistas como el que, a lo mejor tirando de un doble, hizo aparecer súbitamente a Joseph cantando en las gradas del Bizkaia Arena.

Todo siempre al servicio de sus canciones adictivas que, aún defendidas con innegable consistencia instrumental y vocal, dejan cierta sensación de levedad que, unida a su proyección milenial, quizás explique en ninguneo del que son objeto por parte de los medios musicales más trendies.

Rodado en un centenar de fechas en EEUU y Europa, su concierto de casi dos horas pasa revista a sus tres discos con la filial adolescente de Atlantic Fueled By Ramen, incidiendo en el último, conceptual y autococinado Trench, con el que Tyler ideó sin pretenciosidad un universo simbólico a partir de sus «demonios interiores» que, a grandes rasgos, deben ser parecidos a los de los jóvenes fans que acuden tuneados con sus franjas y sudaderas amarillas a sus bolos.

Un universo lírico muy emo (soledad, ansiedad, desesperanza, depresión...) que evocaron con el tono apocalíptico que, con el batería antorcha en mano, introdujo 'Jumpsuit' ejecutado con pasamontañas desde lo alto de plataformas elevadas y un coche en llamas presidiendo la platea.

Con Dun impulsando breakbeats con batería real y pads electrónicos, Tyler comenzó a evocar sin dejar el bajo a raperos blancos post Eminem (Macklemore, Post Malone, Mac Miller) con 'Levitate' , derivando con 'Fairy Local' hacia el dubstep y la electrónica de masas. La locura desatada apareciendo de la nada en las gradas, continuó con nuevo truco visual de por medio (un gorro rojo de un vídeo descendiendo del techo) con 'Stressed out', uno de los dos hits de su reválida Blurryface que colocaron a la vez en el top 10 americano, algo que ningún grupo lograba desde Elvis y los Beatles.

Su aportación a la banda sonora de La Patrulla Suicida (Heathens) demostró la sensibilidad al piano de Joseph en vena emo, en contraste con el exhibicionismo percutivo con el que un Dunn, con torso ya desnudo, saludo al personal antes de enfilar un tramo enfocado al folk pop con ukelele a lo Of Monsters and Men con las melódicamente quedonas 'We dont beleive whats on tv' y un filojamaicano 'The judge', cuyo rapeado a lo Mackemore la fanaticada teen se sabía al dedillo.

El trip hop dubadelico de 'Cut my lip' precedió a la primera cima que supuso Nico and the Niners, un neo reggae modernista vampirizador de Chronixx con potente extensión drum n bass y columnas de humo.

Rapeando con flow tranquilo entre el público se acercó Tyler al pequeño escenario alzado junto a la mesa de sonido donde el dúo dinámico derrotó, bajo una cascada de leds, hacia el emo pop pianístico ('Neon Gravestones', 'Bandito') para elevar las revoluciones en clave de hip hop sintético y enfermizo línea Drake con 'Pet Cheetah' extendido para volver al escenario principal y con, interludio atmosférico de por medio, pisar el acelerador con digital con su iniciático 'Holding out to you', cuyo pulso jamaicano dio paso al coreado a todo trapo 'Ride', el bombástico hit reggae pop de que TFP lograron en hace tres años saqueando a Protoje y derivados.

«Voy a llorar» , soltó emocionada fan adolescente cuando Dun saludó «Gabón, gracias por venir», antes de recta final encarada con 'My Blood' un future soul funk fantasmal con buen falsete de Joseph coreado con el público con disfraz y máscara esquelética. Al hip hop de Eminem y recordó 'Morph' antes de que en otro set de batería al borde del personal Dun introdujera un 'Car Radio', con catárquica coda electrónica que, entre columnas de humo, laser y visuales, Tyler cerró tras la consola desmascarándose sobre un alto pedestal como para demostrar que ahí no había truco. El bis final apuntó hacia la onda emo pop de 'My Chemical Romance', con la dupla baladística y escapista 'Leave City' y 'Trees', rematada con un crescendo electrónico muy EDM, más columnas de humo y festiva lluvia de confeti amarillo. El beatleinao 'All you need is love' sonó como fraternal despedida final de un show muy disfrutable dejando los prejuicios al margen.