Que se mueran de envidia, Dani Martín

Martín, con la primera camiseta, del baloncestista Curry. /Asier Camacho-BEC
Martín, con la primera camiseta, del baloncestista Curry. / Asier Camacho-BEC

9.000 personas de todas las edades vibraron y cantaron en el BEC con el cancionero del ex de El Canto Del Loco, que vistió tres camisetas, pastoreó a la multitud y lideró una banda de rock sobrada de actitud

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El concierto de Dani Martín de este sábado noche en el BEC fue una de las últimas fechas de la gira 'Grandes éxitos y pequeños desastres', con la que conmemora sus 18 años de carrera.

Doce horas después de que acabara el macroconcierto, tras sopesar el conjunto y reposar las sensaciones, nos atrevemos a afirmar que ha sido uno de los mejores conciertos del año, a pesar de su dilatada extensión (¡tres horas!), del retumbe del BEC durante la primera parte y de ciertos momentos destensados: unas tres baladas, las apariciones esporádicas de un gallo o pollo odioso, el arrojar tres baldes de agua al respetable –a algún espectador mojado se le vio muy cabreado en las pantallas-, la cuenta atrás inicial de cinco minutos…

El concierto número 414 en lo que vamos de 2018 lo presenciamos rodeados por 9.000 personas en el BEC. La pista estaba llena de chavalería y las gradas se revelaban más transversales. El concierto en sí duró 165 minutos (dos horas y tres cuartos, contando los saludos finales) para 22 canciones (sin disgregar el popurrí incrustado en 'Emocional') y, además, hubo un prólogo de veinte minutos extras con entretenimientos varios: las pantallas enfocando a gente del público y con reacción del respetable en plan cine cómico mudo (de los más ovacionados fueron una coreana con su bandera, un niño medio dormido que no enteró de que salía, un tipo con una pizza que andaba buscando su localidad y un miembro de la DYA o algo parecido al que enfocaron cuatro veces; «¿otra vez?», se le leía en los labios); el pasaje con el maldito pollo (hay quien dice que es un gallo) que salió con unos carteles espoleando al respetable e informó de que había secuestrado a Dani y hacía lo que él quería (el bolo tuvo mucha pirotecnia en forma de llamaradas), y la mentada cuenta atrás de cinco minutos.

Pero a lo que íbamos, a narrar uno de los mejores conciertos de 2018. Dani Martín ofició escudado por una banda de lujo y muy roquera: Candy Caramelo al bajo, a los teclados Iñaki García (que lleva desde 2003 con Dani), un baterista que a menudo salía en pantalla dándole a los parches y dos guitarrista, con mención especial para Paco Salazar. Con ellos compartió sudor, focos y alguna pose grupal a lo Loquillo y Los Trogloditas sobre un escenario muy chulo y luminoso con dos alturas, dos pantallas laterales y tres telones de fondo estáticos que se sucedieron durante el show.

Además, el tablado tenía un provocador por el que se introducían entre la gente sus guitarristas y lo que hiciera falta, lo cual significaba que Dani da mucha cancha a sus músicos. Pero por generosidad, porque el también actor Dani Martín (Daniel Martín García, nacido en San Sebastián de los Reyes, Madrid, hace 41 años) demostró un manejo y control del público inusual: le hacía dar palmas y ondear los brazos, le retaba con gesto despectivo, entraba en conversación con él, le agradecía con sinceridad su calurosa respuesta, y le animó a olvidar los móviles y a vivir el momento, pues eso no se iba a repetir nunca.

Dani ante las llamas de su gran escenario.
Dani ante las llamas de su gran escenario. / Asier Camacho-BEC

Entre las llamaradas del fondo, a menudo sincronizadas con la música, Dani Martín abrió rompiendo la pana con 'Volver a disfrutar' de El Canto del Loco, en plan Loquillo y Trogloditas en 1984. Brutal, oigan. Y además, uno de los emblemas de la gira es la del gallo con las dos tibias cruzadas, que remite paródicamente al logotipo de Loquillo (¿habrá alguna disputa entre ellos?). Y después de roquear a modo se dedicó a aplastar al indie patrio: 'Las ganas', la algo Supersubmarina 'La suerte de mi vida' de El Canto del Loco (casi la mitad del repertorio fue de El Canto), las líneas post-rock de 'Dieciocho' (otro temazo)… Y por si no fuera poco, se puso en plan cantante melódico con actitud, a lo Sergio Dalma, y el pop coral emergió en 'Que se mueran de envidia', que se la dedicó a los que no estuvieron esa noche en el BEC, o 'Puede ser' de El Canto del Loco, sendas revisiones muy duras que no tienen nada que ver con las versiones del disco, blandengues y almibaradas, sí.

Dani también voló alto de nuevo, con pop-soul a pleno pulmón ('Son sueños' del Canto, la baladas 'Mira la vida'), la incursión en el gran rock de estadio con 'Insoportable' de El Canto del Loco (la de los cuatro baldes de agua a la gente y luego él arrojándose un barreño por encima y lanzándose en plancha sobre el público, para lo que hay que tener fuerza, habilidad y valor).

Tras la caladura, Dani reapareció con otra camiseta de baloncesto: cambió la de Curry en los Golden State Warriors por la de Rodman en los Chicago Bulls, y prosiguió el gran espectáculo con una sentida '16 añitos' (algo Los Secretos, y que habla de él), 'Besos' de El Canto del Loco entre llamaradas (preguntó antes: «¿Necesitáis algo?, ¿agua?, ¿fuego?, ¿pato?, hoy tenemos de todo, ¿besos?»), pegó quizá el bajonazo en 'Que bonita la vida' (una balada), volvió a dominar el rock de estadio en la estupenda 'Una foto en blanco y negro' de El Canto del Loco, y alcanzó cotas de pasión que no suelen ser habituales con 'Volverá', también del Canto del Loco y también algo Loquillo, créanlo.

Versiones

La información avisaba que el show acabaría a las 11.30 horas, pero lo hizo pasada la medianoche. O sea que parecía que quedaba poco tiempo, pero el epílogo se dilató con algún momento plano (la balada 'Cero'), la actuación de Dani Martín («¿Queréis más? No puedo más. Yo siempre que voy a un concierto quiero que acabe pronto para ir a cenar. Me gusta ir a cenar»), la despedida se hizo aplicando rock de estadio a lo Tom Petty a un 'Ya nada volverá a ser como antes' de El Canto del Loco con muchas llamas, y para el bis triple Dani se presentó con su tercera camiseta, una de su merchandising con una calavera atravesada por mástiles de guitarras.

El bis lo abrió Dani a solas sentado con la acústica cantando 'Tal como eres' tras un largo parlamento hablando de fútbol («Muchas gracias, eskerrik asko, vosotros sí que sois leones de verdad», agradeció, y la masa se puso a corear el himno del Athletic, y dijo Dani: «Amo al Athletic porque de él nació mi equipo, el Atlético de Madrid»), agradeciendo a su equipo (por ejemplo a Get In, la agencia donostiarra con la que lleva también 18 años), informando («Llevo 28 conciertos y me quedan 3»). Y ya quedaban dos canciones en sexteto: coló un gran popurrí en 'Emocional' ('Lucía' de Serrat, 'Aunque tú no lo sepas' de Enrique Urquijo, y Green Day, Nirvana, Soundgarden, Extremoduro; ¡qué poderío el de Dani!), y el adiós con el rock and roll 'Zapatillas' de El Canto del Loco interpretado con la luz encendida, en plan Springsteen, previo a los saludos finales con fondo enlatado ramoniano.

Fue un conciertazo, sí. Largo, de tres horas, pero menos mal que estábamos sentados. De lo mejor del año, insistimos.

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