La monótona elegía de The Naghash Ensemble

Las tres vocalistas armenia a la izquierda del tablado estático./PEDRO URRESTI
Las tres vocalistas armenia a la izquierda del tablado estático. / PEDRO URRESTI

El septeto armenio encabezó la inauguración del 35º Getxo Folk con una reiterativa salmodia vocal inspirada en el exilio de su pueblo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Encalló por extensa y por reiterativa la primera sesión estelar del 35º Festival Internacional de Folk de Getxo. En la carpa de la Plaza de la Estación de Las Arenas ofició el proyecto armenio The Naghash Ensemble con su repertorio 'Canciones del exilio', y durante su intervención de 9 piezas en 102 minutos excesivamente homogéneos que se hicieron eternos, por monótonos, se impusieron las tres voces femeninas, que taparon todo lo demás: el piano del líder John Hodian, los instrumentos tradicionales (el laúd no se oyó nada, el tambor ya nos dirán para qué sirve y la flautita apenas se distinguió; por cierto, los tres estuvieron tan pendientes de los atriles con las partituras que parecían desconocer el material) y, en las dos últimas piezas, las cuerdas del invitado Alos Quartet, liderado por el ex Oskorri Xabier Zeberio.

Durante el concierto, mucha gente abandonó antes de tiempo sus asientos, y eso que la cita era de pago. Además, no hubo bis, pero decenas de personas huyeron apresuradas en los saludos postreros de los participantes, no fuese que reaparecieran las tres divas con sus gorgoritos bien armonizados y que abundaron en la música culta, en la opereta, en la ampulosidad de las sopranos del heavy metal, en el folk oriental estiradísimo (en todos los sentidos) y hasta en el canto monacal («mira, ésta ha sido diferente», comentó una dama anónima a su acompañante, una dama que al poco de empezar había protestado con razón: «Se me ha hecho muy larga esta pieza. Larguísima. Y muy igual. Se parece mucho el sonido de todas»).

El líder del proyecto, John Hodian.
El líder del proyecto, John Hodian. / PEDRO URRESTI

Así, atrapados sin poder salir de la carpa como si estuviésemos en la película esa de Buñuel ('El ángel exterminador'), los armenios en septeto nos iban aplicando sin piedad ni ecualización suficiente las elegías del exilio de su nación (el posterior al genocidio de hace un siglo), con las tres voces femeninas no dejando de sonar, tapando los instrumentos en una espiral sin escapatoria que era como ver una película extranjera sin subtítulos y en plano fijo, pues sobre el escenario nunca hubo dinamismo.

Alguna ovación exagerada cayó al acabar alguna pieza, la afectación de las voces armenias no cesó y la primera parte cayó como una pesada losa sobre el respetable: 71 minutos para siete composiciones según el programa repartido entre público con títulos tipo 'Si en este mundo por el pecado vagas', 'Lamentación sobre la muerte de un niño', '¡Ay de los que guardan rencor!'…

Y ya en la segunda parte, en los dos últimos temas, de casi media hora (27 minutos), intervino por fin el esperado Alos Quartet que esa misma tarde había dejado una fría impresión en la carpa durante el estreno de su disco 'Lau', con el que celebran sus veinte años de andadura. Nos despertamos durante el primero, el doble 'Marina-Kanika', con arreglos jazz de las cantantes y mejor sonido de los once participantes, pero volvió a caernos encima la losa del sepulcro sónico en la última pieza armenia, 'Lamentaciones para los muertos', alargada en vano y con acústica otra vez difusa.