Mikel Erentxun rememora a Duncan Dhu con un concierto irregular en el Arriaga
Con muchos altibajos, poco pellizco y poca pimienta de sus músicas actuó en un teatro lleno
Bien sin más estuvo el concierto de Mikel Erentxun en la gira de celebración de los 40 años de Duncan Dhu albergado este domingo en ... el Teatro Arriaga, lleno por unas 1.111 almas. Nueve minutos antes de la hora de inicio en taquilla quedaban por vender 10 entradas de las buenas y 99 de las de visibilidad reducida; y Azpiazu nada más llegar informó a modo de saludo que en la web de reventa TicketSwap había 6 butacas de gente que no podría asistir.
Bueno, a lo que íbamos. El concierto de Mikel Erentxun fue el tercero que le vemos en esta misma durante 2025: muy bien estuvo el arranque en enero en Logroño, luego perjudicado por el sonido cursó el más breve, festivalero, al aire libre y veraniego de Santander (con otro baterista, Telletxea en vez de Arancegui), y por momentos aburrido el de este domingo en el Arriaga, muy largo, de 28 canciones en 125 minutos. Antes del primer bis se volvió hacia nosotros un espectador de la fila de delante y dijo: «le ha costado una hora arrancar». Y Azpiazu le contestó: «¡hora y veinte!».
En fin, de Erentxun siempre esperamos más, al show le faltó pellizco, los músicos de Mikel parecieron no mercenarios sino más bien casi comparsas (no les dio cancha, apenas se les veía entre las luces poco luminosas de una producción sin pantalla de fondo, y los presentó cuando uno del público exclamó «¡esa banda!»), la interpretación a menudo pecó más de rutinaria que de profesional (era como oír un disco), y el tempo del concierto cursó tal que así: muy bien las primeras tres canciones, luego un alarmante atasco de media docena de temas, un par de piezas avivadoras, y ya hasta el final, con los éxitos coreados por los 1.111 asistentes, se respiró una insatisfactoria sensación de irregularidad, de sube y baja, y se lo vamos a intentar demostrar.
Los cinco músicos (todos efectivos y con facultades, destacando el que más el teclista Mikel Azpiroz con su sonido de Hammond acuático, y en muchas intervenciones el guitarrista Rubén Caballero, aunque ambos parecía que tocaban para sí mismos, dentro de su propia burbuja) salieron a escena de negro y abrieron fuego ritmanbluseros entre lo hostelero (por lo auténtico) y lo festivalero (por la alegría) con 'Capricornio', rock ochentero fue 'El día que fue', y pinceladas JJ Cale salpicaron 'No dejaría (de quererte)', con una letra muy Diego Vasallo, el otro Duncan Dhu que prefirió no sumarse a esta gira que iba a durar durante 2025 y que se prolongará hasta enero de 2027.
De repente se les apagó la luz durante esa media docena de piezas: hubo guiños a Elvis, 'Una calle de París' les quedó mejorable, demasiado exangüe y oracional emanó 'A tu lado' («pienso en ti / interminablemente en ti / quiero ser una respuesta para ti / pienso en ti / creo en ti / inagotablemente en ti…»), y no se levantó el vuelo ni con 'A tientas' («por ti por mí…»). Imperaba el ritmo pausado y muy cómodo resultaba el colchón de la sección rítmica, con Lutxo Neira al bajo e Igor Telletxea a la batería (sin ánimo de agraviar digamos que nos gustaba mucho más cuando estaba a los parches Karlos Arancegui).
Pareció que se iba a remontar la velada con las espuelas del soul-blues 'Desnuda' y el pop contento de 'Nada', pero fue una falsa alarma y ya hasta el final hubo espejismos como el muy Lloyd Cole 'Siempre (Al abandonarnos)'), el latigazo rockabilly de 'El ritmo de la calle' o la cima de la cita, una muy Chris Isaak 'Rozando la eternidad', la cual contrastó con la sima, la funkie 'La barra de este hotel', o también con un 'Entre salitre y sudor' que pareció una versión ajena.
Y los bises, con un quintal de hits añejos muy coreados, tuvo crema en modo rockabilly ('Casablanca') e ímpetu juvenil ('Dime tu nombre', y te haré la reina en un jardín de rosas), a su vez contrastados con revisiones menos vivaces, caso de una demasiado countryficada 'Esos ojos negros' y una excesivamente cedida al publico cantarín 'No puedo evitar pensar en ti'. Ah, 'Cien gaviotas' fue la 27ª, la que cerró el primer bis, no no les quedó mal.
Al acabar el segundo bis, que sólo tuvo una cantarina 'En algún lugar'(de un gran país), se despidió por tercera vez Mikel Erentxun e informó que era la segunda vez que actuaba en el Teatro Arriaga. Hum…, pues ahí también vimos a Duncan Dhu, con Diego Vasallo, en otro concierto a velocidad de crucero y en el que escribimos otra verdad como un templo: el espectador anónimo de nuestra izquierda, a ojo en la fila 5, ¡se durmió durante el concierto!
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