El Bafle

Miguel Poveda, de lo lolailo a lo jondo

Gesto compungido del cantaor catalán. /ENRIQUE MORENO ESQUIBEL
Gesto compungido del cantaor catalán. / ENRIQUE MORENO ESQUIBEL

El cantaor catalán mudado a Sevilla cursó insatisfactorio, irregular –desde el sonido a la voz- y en exceso dilatado -¡dos horas y media!- el sábado en un Euskalduna que no alcanzó la media entrada en la gira de sus 30 años de carrera

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Sólo 900 espectadores para 2.200 butacas. O sea ni media entrada atrajo el sábado el cantaor Miguel Poveda al Palacio Euskalduna. Hay que tener en cuenta la competencia a la misma hora: final de Copa por televisión y en la sala BBK el flamenco jazz de Chano Domínguez, éste a sólo 20 euros, en oposición a los 72 de los boletos para ver Poveda, que sincero agradeció a los presentes que gastaran su tiempo y dinero en vez de quedarse en casa viendo la tele y ofreció un gran espectáculo de luz (visuales y fondos brillantes que ocupaban hasta el suelo) y en deceto, pues se trajo a un elenco de postín y con caché: al arte y compás su amigo El Londro más Los Mellis (que ahora acompañan a Rosalía), al piano su productor Joan Albert Amargós, a una de las dos guitarras flamencas su también productor José Quevedo 'Bolita', a la batería un familiar de Triana que aseguró haber quitado a Vanesa Martín, el percusionista de Vicente Amigo… Todos los oficiantes elegantes y de negro, excepto el cantaor y el pianista, que aparecieron con camisas blancas distintivas.

El encuentro sabatino se antojó excesivamente largo: dos horas y media, 148 minutos para 21 piezas (algunas en popurrí), parecido a lo que la víspera en Santurtzi afrontó una Pasión Vega que no se hizo larga ni pesada. En el Euskalduna no se pudo decir 'El tiempo pasa volando', como ha nominado Poveda a esta gira que conmemora los 30 años de carrera sobre los tablaos. Un Poveda algo egotista, que se gustó en el par de vídeos antológicos que compendiaban su trayectoria; pero bueno, es un solista, ¿no?

FOTO 2, TODO

Los diez intervinientes con las visuales de fondo hasta el suelo.
Los diez intervinientes con las visuales de fondo hasta el suelo. / ENRIQUE MORENO ESQUIBEL

Las dos horas y media cursaron en tres partes: la primera con mal sonido (para no variar en el Euskalduna), la segunda hundiéndose en cantes cansinos (un cantaor no puede echar el resto durante dos horas y media en escena, aunque Poveda hiciera mutis en un par de ocasiones; y esas sin él fueron intervenciones de las más ovacionadas, por cierto), y la tercera y última parte creciente, resolutiva y con impactantes fondos cromáticos para dejar buen sabor de boca, menos mal.

Poveda, en esta gira de los 30 años sobre los escenarios, presentó dos discos, ambos editados en 2018 en su propio sello Carta Blanca Records: 'EnLorquecido', dedicado a Federico García Lorca (el cual espigó muy poco, un par de cortes), y el doble 'El tiempo pasa volando', donde rinde homenaje a la música lolaila que oía en «mi piso chiquitito en Badalona», un disco que sublima «mi niñez, mi infancia, mi barrio y esos discos olvidados y ocultos, ¿quién no tiene en casa un disco de Los Chichos?», como expuso en el primer parlamento.

Esta primera parte de flamenco comercial y setentero-ochentero (recordemos que Miguel Ángel Poveda León, el cantaor número 1 del escalafón flamenco actual, nació en Badalona hace 46 años pero hace mucho se mudó a Sevilla), con bandaza espectacular y bien arreglada, no alcanzó su potencial por culpa del sonido: apelmazado, a poco volumen, con ecos (buf, la batería…)… Qué pena, y más pensando que en la novena y última pieza de este primer tercio algo hizo clic y al instante subió el volumen y la canción en cuestión, 'Yo te lo digo cantando' de El Luis, medró sobremanera.

Coplas a dúo con su pianista y productor Joan Albert Amargós.
Coplas a dúo con su pianista y productor Joan Albert Amargós. / ENRIQUE MORENO ESQUIBEL

Pero eso fue la última canción de la parte lolaila, ya se ha dicho: qué pena. Abrió la cita Poveda con un 'Yo quisiera ser muy libre' de Tijeritas que le quedó plana y 'Ni contigo ni sin ti' de Manzanita estuvo saturada de batería. 'Chicheando' creció en una segunda parte apoteósica, 'Me quedo contigo' de Los Chunguitos y recuperada por Rosalía apretó en el bolero y le quedó pretenciosa, y la sima lolaila fue el 'Cuéntale una historia' de Parrita («un gitano maravilloso con una sensibilidad muy especial que sigue viviendo en Barcelona»). A dúo con el pianista Amargó hizo dos piezas y mejor le quedó la segunda, 'Ay, mi hermanita', una copla contra el maltrato («no quiero hacer demagogia», avisó antes de interpretarla). Y este pasaje lolailo llegó más allá en su epílogo gracias al popurrí rumbero aleado en recuerdo de El Pescaílla con 'Extraños en la noche' y 'Sabor a mí' y, lo dicho, el culmen revisando a El Luis con la repentina mejoría de la acústica.

Quizá los técnicos estaban conteniendo el volumen de esta primera parte para evitar los rebotes usuales en el Euskalduna y lo subieron para encarar la segunda parte, la cantaora. Ya había contado Poveda tras reconocer someramente a El Pescaílla que tras esa etapa iniciática en su pisito intentó hacerse cantaor, «aunque algunos piensan que soy un astronauta». Y tras descansar durante una pieza dejando a sus tres palmeros y a la banda lucirse, reapareció con otra chaqueta y con un niqui negro para defender lo jondo actualizado, y la verdad es que empezó muy bien, más que prometedor: meloso a lo Antonio Reyes pero con más poderío y profundidad y fatigas sugeridas cantó Poveda las malagueñas (había detrás de nosotros, en la fila 18, unas damas que estuvieron casi todo el concierto dando palmas por lo bajini, pero siempre fuera de compás), y rotundo se impuso en las bulerías por soleás.

Y también de repente, hubo un bajonazo en los cantes de ida y vuelta, o sea en esa guajira dedicada a «mi compañero, mi amigo, mi influencia» Miguel Ángel Soto Peña, El Londro, también su palmero. Continuamos el viaje por el desierto durante unas seguiriyas largas en duración y bajas en volumen a dúo con Bolita porque las ejecutaron sin amplificar (¿las oirían en la tercera planta?) y el cansino tributo 'A Lole y Manuel' («señor de los espacios infinitoooos»), antes de dejarse llevar por las cantiñas de Isidro Muñoz y unos tangos también cansinos en los que Poveda se puso en pie y amagó el baile y bajó al foso de la orquesta y estrechó varias manos de la primera fila.

El punto bajo, las seguiriyas sin amplificar con su tocaor y productor Bolita.
El punto bajo, las seguiriyas sin amplificar con su tocaor y productor Bolita. / ENRIQUE MORENO ESQUIBEL

Con la sensación de estar ahítos, aburridos, llegó el bis con cuatro piezas que descollaron como lo mejor de la velada: un instrumental jazz a cargo de la banda sin la figura flamenca, y ya con Poveda vestido con una tercera combinación llegaron una cumbre como 'No me encontraron' en fondo azul y «un fragmento chiquitito de un himno a la libertad» que fue la 'Oda a Walt Whitman' en plan trágica toná y con espectacular y sangrante fondo rojo (estas dos fueron las selecciones del CD 'EnLorquecido'), y el adiós definitivo en fondo lila con la cool y chuleta rumba catalana vía Bambino 'Voy a perder la cabeza por tu amor', escrita por Manuel Alejandro. ¡Qué diferencia con lo oído y vivido antes!

Una pena de cita, pues no dio de sí todo lo que debería por plantel, facultades e intención: primero echada a perder por el sonido insuficiente, segundo por alargarse en cantes cansinos (con los dos primeros y alguno más redondeado Poveda habría dejado una impresión estupenda), y menos mal que rematada por todo lo alto. Como siempre, Poveda alarga demasiado las faenas: le corta a la del sábado tres cuartos de hora, suena la cosa bien, y habría sido de quitar el sentido. Pero…