Michel Camilo, Tomatito y 'Spain Forever'

Camilo y Tomatito estuvieron inspirados./Pedro Urresti
Camilo y Tomatito estuvieron inspirados. / Pedro Urresti

A cuatro manos, el pianista dominicano y el tocaor gitano arrobaron al entregado y predispuesto respetable del 42º Getxo Jazz en un concierto creciente e inspirado que fue el punto de partida de su nueva gira española

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Terminó con notable alto el 42º Festival Internacional de Jazz de Getxo. El Aula de Cultura informa de que en total han acudido 12.000 espectadores a los 21 conciertos y al resto de actividades. La calidad general ha sido superior y los cinco conciertos estelares se podrían ordenar así, desde el mejor hasta el único insatisfactorio: el saxo alto Kenny Garrett pilotó el show más brillante (jueves, lleno con más de mil personas y sólo 70 entradas sin vender), seguido de cerca por el del dúo formado por Michel Camilo y Tomatito (domingo, aforo agotado con antelación) y la neodiva Charenée Wade con su jazz vocal (miércoles, la jornada inaugural, ante 700 espectadores), después el pianista andaluz Chano Domínguez revisando el aura de la película 'Calle 54' de Fernando (sábado, aforo agotado dos días antes) y, cerrando esta lista, el único concierto que no respondió a las expectativas creadas, el del cuarteto del baterista de 77 años Billy Hart con su invitado al saxo tenor Joshua Redman (viernes, más de mil personas y menos de 30 entradas sin vender). Teloneó a Kenny Garrett participando en el concurso el danés Anders Fjeldsted Sextet, que a la postre fue el grupo ganador y dio su segunda actuación calentando la última jornada y ofreciendo una impresión más destacada.

Pero los verdaderos triunfadores del domingo fueron el pianista dominicano Michel Camilo (Santo Domingo, 64 años), y el melenudo guitarrista gitano Tomatito (nacido José Fernández Torres en Almería hace 59 años). El caribeño vestido con una camisa de crudo diseño 'optical art' y el calé más elegante con su 'animal print' tipo cebra ofrecieron un concierto creciente de 13 piezas en 100 minutos con dos bises. Su repertorio se basó en su trilogía a cuatro manos y formada por los discos 'Spain' (2000), 'Spain Again' (2006) y 'Spain Forever' (2016). Tocaron mirándose a los ojos, cediéndose los espacios y con la guitarra ecualizada a alto volumen, con lo cual no resultaba aplastada por los marfiles, que era nuestro principal temor antes de llegar.

Ante un enjambre de fotógrafos, los dos amigos abrieron con el 'Libertango' de Piazzola, con Camilo apoyando con las palmas en el prólogo. Al acabarla, cuando se agotó una de tantas atronadoras y deseosas ovaciones, dijo Michel Camilo, quien llevó la voz cantante al lado del lacónico Tomatito: «Estamos verdaderamente encantados de estar esta noche con ustedes. Ya hemos vivido aquí otras citas memorables (se refería a las dos con su trío) y hoy habrá música con sentimiento, hondura y corazón. Espero que sea otra noche maravillosa para todos. Es el concierto inaugural del verano. Esta noche les brindamos todo lo que tenemos». Y así fue.

Sin partituras

Dialogaron con cuerdas y marfiles en la lírica 'Our Spanish Love Song' de Charlie Haden, interpretaron la balada melódica típica del guitarrista brasileiro Egberto Gismonti 'Agua y vino' porque como explicó Camilo a Tomate le había encantado y él la eligió, y vivimos la primera explosión latina en la ovacionadísima por el respetable y divinamente ejecutada con dedos ágiles bien engarzados 'Armando's Rhumba', de Chick Corea, de quien ambos son amigos, de quien han procurado incluir una composición suya en cada disco y al que Michel vio hace poco en Suiza.

Mirándose atentos y sonriendo, siempre sin partituras, homenajearon al cine en dos piezas de Ennio Morricone pertenecientes al filme 'Cinema Paradiso' (en la introducción Camilo informó que ambos habían compuesto bandas sonoras: «Tomatito en Alemania y yo en Estados Unidos y aquí en España»), y ya hasta el final fue todo sublime, una ascensión emocional pura e irrepetible con punto de partida en la bulería 'A mi niño José' de Tomatito (quien se soltó por primera vez y espetó al micrófono que tuvo al niño «después de cinco niñas, ¿eh?, también maravillosas», provocando las carcajadas de la entregada parroquia), a la que siguieron el dramatismo del 'Oblivion' de Piazzolla (con la carpa de la plaza Biotz Alai de Algorta escuchando en silencio absoluto antes de premiarla con una rota ovación y no pocos bravos; tres bravos de personas distintas oímos desde la fila 3), y el flamenco rumbero bien traído de 'La vacilona' de Tomatito.

La tetralogía postrera se derramó descomunal, con los músicos inspiradísimos y los espectadores sin poder salir del trance. Vivimos una cascada de emociones, un Niágara que nació en 'La suite del conocimiento' de Erik Satie (onírica, propia de banda sonora en el desierto reverberante, con más diálogos entre el piano y la guitarra y otra larguísima ovación sobre la cual pidió Camilo: «Un aplauso al Tomate, la guitarra turca y todo», pues la había imitado perfectamente); el adiós en falso con 'La fiesta' de Chick Corea (que arrancó con piano percusivo y aflamencado, derivó al cubanismo y entonces se despidió Michel diciendo: «muchas gracias, fue una noche inolvidable»); el primer bis, con la andalusí 'Spain' de Chick Corea (con espirales dramáticas aflamencadas y el dominicano desfondándose físicamente sobre el piano); y el segundo y último bis con la descompresión a modo de ancho y sereno delta de 'Two Much', pieza original de Camilo para la película de Fernando Trueba que fluyó introspectiva, new age incluso, pero con personalidad y que fue como el despertar de un sueño. Acabó esta y sentenció Pato: «Entrará en mi lista de los mejores conciertos de 2018».

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