Metallica: energía incombustible

Vicente Esplugues. / Atlas

Vicente Esplugues, el cura más heavy bajo los cielos madrileños, nos narra su experiencia en el concierto en la capital

68.000 gargantas rugieron anoche en Madrid bajo el influjo de Metallica. Y una de las que más fuerte lo hizo fue la de Vicente Esplugues, el cura más heavy bajo los cielos madrileños. Vicente dejó la sotana en casa, se enfundó su camiseta negra y sus pantalones de camuflaje, se calzó las botas negras de cuero y se atravesó las orejas con sus zarcillos de siempre, dispuesto a darlo todo con sus 48 palos y a contar en esta crónica sus impresiones del concierto de Hetfield y su banda, que colgaron el 'sold out' hace días. Y por si queréis saber más de nuestro cronista, Vicente, además de valenciano, misionero del Verbum Dei y vicario en la parroquia Nuestra Señora de las Américas, de Madrid, es la voz detrás de 'La sotana metálica', el espacio de 'Esto me suena' (RNE), donde todos los lunes, a primera hora de la tarde, abre un hueco a los grupos de rock, heavy, thrash metal, punk… de todas las Españas y de más allá de nuestras fronteras. Metallica, que agotó entradas en Madrid, se dispone a hacer lo mismo el domingo en el Estadio Olímpico de Barcelona, donde prosigue su gira en grandes recintos abiertos de toda Europa. Así nos narra su experiencia:

«Cuando vi por primera vez a Metallica en 1988 en el rockódromo de la Casa de Campo en el festival 'Monsters of rock', de aquel año, compartiendo cartel con Iron Maiden, Helloween, Anthrax y el recientemente fallecido José Antonio Manzano, no había ni móviles, ni internet. Yo llevaba una melena considerable y la entrada me costó 2000 pesetas. Toda la gente que nos acercamos a aquel festival éramos un montón de jóvenes que abríamos la mente y el corazón a un estilo de entender la música que se adaptaba perfectamente a nuestros sueños y a nuestra forma de vivir la vida, haciendo del grito, de la rebeldía la forma de posicionarnos delante de un futuro ciertamente incierto. Acababan de sacar su cuarto disco '…And justice for all', muchos años después hemos vuelto a coincidir, esta vez en Valdevebas, presentando en Madrid su último trabajo de estudio: 'Hardwired…to self-destruct' y la experiencia ha sido parecida a la de la primera vez.

Todavía calentaba el sol primaveral en Madrid cuando los ánimos estaban más que caldeados, cuando los suecos 'Ghost', con una estética de máscaras persas y un retablo cardenalicio hicieron de teloneros, descargando su rock que recuerda el metal de los 80. Preparaban el terreno a la banda de Sausalito. Desde el lugar privilegiado del 'Golden circle', se percibía ambiente de gran evento. 68.000 alamas habían colocado el cartel de 'Sold out', entradas agotadas hace meses. La gente fue llegando de forma escalonada al recinto del concierto. El enjambre de operarios, técnicos de sonido presagiaban el espectacular despliegue que se avecinaba. Con un mar de cuernos levantados se esperaba la llegada de los 'Four horsemen'.

Se ponía el sol cuando en la mega pantalla sonaban los acordes de 'El bueno, el malo y el feo'. La admiración de James Hetfield por Clint Eastwood ha sido expresada en multitud de ocasiones. Prueba de ello es que 'The Ecstasy of Gold' ha acompañado la apertura de los conciertos de la agrupación ¡desde 1983! 'Desenterrando Sad Hill': nos recordó la implicación muy activa de la banda de San Francisco en el documental de Guillermo de Oliveira, en el que se relata la recuperación de los restos de la localización y falso cementerio abandonado donde se desarrolló la última escena de la película de Sergio Leone.

Desde los primeros acordes de 'Hardwired' se notó que había ganas de escuchar y de vivir, toda la potencia que en vivo despliegan la banda californiana. Todo un espectáculo de sonido, de luces, de pirotecnia, y de los recursos visuales que permite la tecnología digital de esta época que vivimos. Las pantallas permitían captar con detalles de imágenes proyectadas de algunos de sus video clips más famosos, intercaladas con la proyección en tiempo real de dos cámaras cenitales, semejantes a las que se usan en la retransmisión de los partidos de futbol, que acercaban al gran público los detalles de su laboriosa técnica musical. Imagen, sonido, canciones nuevas y clásicos de toda la vida fusionados en un ambiente de total comunión entre artistas y público.

Las diferentes ubicaciones de los cuatro integrantes de la banda, dotaba al espectáculo de versatilidad y de continua sorpresa. Fue cuando James Hetfiel se acercó a donde yo estaba que me di cuenta de la inflamación en su ojo izquierdo. Como si la vida le hubiera dado un buen puñetazo en su ojo izquierdo, imagen de todas las crisis y amenazas de disolución de la banda a lo largo de sus 38 años de existencia. La muerte de Cliff Burton el 27 de septiembre de 1986, en Dörarp, Suecia. Las críticas y nefasta acogida de sus discos más detestados 'Load' y 'Reload'. Los conflictos de egos internos de la banda que necesitó de terapias externas para manejar tanto orgullo y prejuicio. Fue el mismo cantante el que explicó que fue una picadura de una avispa la que le había provocado la inflamación.

Momento emotivo fue el que Robert Trujillo hizo un solo de bajo en homenaje a Cliff Burton, bajista fundador, cuya imagen quedaba inmortalizada en la enorme pantalla. Metallica quiso acercarse el público español haciendo una versión de los 'Nikis', los Ramones de Algete, con su canción 'Brutus'.

El clima de todo el concierto fue ascendente, con una enorme bandera de España, en la que se podía ver el anagrama de la banda, fueron sonando los temas más conocidos de la banda; 'Nothing else matters', 'Seek and destroy', y 'Enter sandman', con fuegos artificiales de fondo. Una auténtica descarga de energía a la que la banda respondió con una sincera acción de gracias a todos los que consideran la familia de Metallica. Larga vida a 38 años de sinceridad, de brutalidad, de melodía, y de cultura popular que se ha convertido en banda sonora de muchas de nuestras vidas».

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