Melancolía catedralicia y algarabía argentina

Los Auténticos Decadentes alineados y vistos a ras de pista./CARLOS Gª AZPIAZU
Los Auténticos Decadentes alineados y vistos a ras de pista. / CARLOS Gª AZPIAZU

Los getxotarras McEnroe estrenaron 'La distancia' en el FNAC y Los Auténticos Decadentes bonaerenses prendieron un fiestón cantarín y latino en el Kafe Antzokia

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Viernes de contrastes al margen de la cita con Dylan: a las siete de la tarde los getxotarras McEnroe presentaron su sexto disco, el desnudo y lírico 'La distancia' (Subterfuge), en un FNAC lleno, y las diez de la noche los argentinos Los Auténticos Decadentes montaron un feliz tumulto en el Kafe Antzokia, ante casi 400 personas de mayoría suramericana, con numerosos banderas ondeando y la tente cantando todas las canciones a pleno pulmón. Por cierto: ¡nadie fumó!

Su algarabía al todoterreno Azpiazu recordó a La Vela Puerca y a Los Pijos, y a mi persona a La Mosca también argentina, a La Pegatina con más pegada, a Los Commitments de película por eso de la diversión musical racial y, no es broma, a la italiana Raffaella Carra (evidente en 'El murguero'), y, no es desprecio, al propio Georgie Dann (descarada en 'Siga el baile').

Los Auténticos Decadentes, en su segunda visita a Bilbao como informaron en un parlamento participativo (¿quién nos ve por primera vez, quién es de Bilbao, quiés es latino, quién es argentino?), aparatosos y multitudinarios en escena, con buen sonido general y ambiente holgado entre el público (ellos anunciaron que iban a agotar, pero exageraron como buenos argentinos), desde el principio pusieron a la parroquia a brincar, a dar palmas, a levantar las manos, a bailar, a montar pogo (había bastantes joveznos excitados generando maelstroms en el centro del Antzoki), a filmar y fotografiar con los móviles, por el final a invadir el escenario de manera permitida, y en especial a cantar de principio a final de todo el show (no solo los lololós tan del Viñarock, sí). Sólo hubo trece minutos de respiro con tres temas seguidos, entre los minutos 45 y 58, y el resto fue jolgorio con ganas de vivir a menudo vocativo (no pocos tú tú tú entre trillones de yo yo yo).

Una bailarina espontánea entre los doce Decadentes argentinos.
Una bailarina espontánea entre los doce Decadentes argentinos. / CARLOS Gª AZPIAZU

La alegría consuetudinaria se disparó con el pistoletazo de salida ('Somos'), el pogo brotó a la tercera ('Pendeviejo'), luego sonaron como genuinos protomanonegristas ('Los piratas'), se dispararon con ska festivo ('Diosa', ahí cantaba hasta el que no se supiera la letra, como si estuviera ante Dion, el del duduá), sus canciones contaban historietas (la erotómana 'Mi prima lejana') y asumían ritmos sudamericanos como de vallenato o de cumbia ('Vení Raquel'), reinaba la pachanga guay ('El murguero' rafaelesco)…

Y al de tres cuartos de hora dijo uno de ellos: «Esto es una fiesta. Nos estamos aclimatando y quiero decir gracias a Bilbao por recibirnos». Y tocaron tres temas más lentos y consecutivos: la balada reggae 'Un osito de peluche', la estupenda canción melódica sin complejos 'El pájaro vio el cielo y se voló', y un 'No me importa el dinero' con Julieta Venegas en pantalla y usando su voz pregrabada, perfectamente integrada, como si estuviera presente en el Antzoki.

Jorge Serrano, el Auténtico veterano de más hondo poso melódico.
Jorge Serrano, el Auténtico veterano de más hondo poso melódico. / CARLOS Gª AZPIAZU

Y tras semejante toma de aire remontó el fiestón con dos fogonazos ska, ora en plan The Toasters ('Beatle') o influencia de Vendetta (el parrandero 'Skabio', el de «no puedo parar de tomar… no puedo parar de brindar…»), la versión de sus compatriotas siempre enfadados Todos Tus Muertos 'Gente que no', y la invasión del tablado por gente pertrechada con banderas argentinas, camisetas de su selección y una de Messi en la alegoría de la juerga eterna de 'La guitarra' (la de «porque yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me quiero casar…»).

Pero quedaba el bis, con el pop 'Loco tu forma de ser', la citada y puro Georgie Dann 'Siga el baile' y el mensaje de uno de los cantantes que dijo: «nuestra misión es esta, llevar la alegría, nuestra música, desde tan lejos», un manifiesto previo a la despedida definitiva con los miembros de la banda en pantalla e imágenes de ellos cuando eran jóvenes. Y al hacer mutis los dos últimos Decadentes, uno regaló dos botellas de agua a la parroquia y el otro se fue al camerino con una botella de vino.

McEnroe en cuarteto estrenando 'La distancia'.
McEnroe en cuarteto estrenando 'La distancia'. / CARLOS Gª AZPIAZU

Tres horas antes, a las 7, en el Fnac lleno de gente, estrenaron su sexto álbum, 'La distancia' (Subterfuge), los getxotarras McEnroe. Oficiaron en cuarteto con su líder Ricardo Lezón con gorra de gallo. En 29 minutos tocaron 6 canciones, las cinco primeras del disco, y la sexta 'La electridad', epítome de una cita plena de intimidad arropadora y abarcadora. Antes, Ricardo, poeta publicado, ya había cantado sobre manzanas, cerezas, campos de trigo y aeropuertos en distintos títulos de la novedad.

La sesión promocional, primera de una serie de conciertos patrocinados por el BBK Music Legends en el mismo Fnac, gozó de buen sonido y se abrió con la calma y el piano hipnótico de 'Seré tú' (al acabar se oyó a un niño llamando 'aitatxu…'). La voz de Lezón sonó literalmente dolida en la estirada vía alt-co 'Cerezas' («estos McEnroe son la versión española de Lambchop», sentenció Titi, y no quedó desencaminado), los cuatro de Getxo se sumergieron en el pop flotante y cotidiano a lo The Dive Comedy y tal en 'La vereda', y por fin su melancolía tornóse catedralicia en la exangüe y muy emo 'Asfalto' (Lezón parecía la voz en off de una película de Terrence Malick en esta pieza premiada con aullidos por la parroquia) y en la también muy sacra 'La distancia del lobo', con romanticismos descarnado en la persona de Ricardo Lezón, quien en un par de parlamentos se declaró contento y nervioso e informó que esa era la primera vez que tocaban esas canciones y que se había equivocado en la letra de la segunda ('Cerezas'), aunque ningún reproche se les puede hacer.