Matthew Sweet redondeando el Festival WOP

Matthew Sweet, entregado e inspirado en el Euskalduna. /Iñigo Barquín
Matthew Sweet, entregado e inspirado en el Euskalduna. / Iñigo Barquín

El compositor americano aleó en el seno de su power pop adhesivo el canon de Neil Young con el caramelo de Posies y Weezer, convirtiéndose en la guinda del buen pastel del festival benéfico bilbaíno

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El viernes, la noche de tantas cenas prenavideñas, reinó la hermandad y la camaradería en el Euskalduna Urban Hall, donde se albergó la octava edición del Festival WOP, organizado por la Fundación Walk On Project, que destina los beneficios de su actividad a investigar enfermedades neurodegenerativas. El cartel cuádruple estuvo encabezado por el estadounidense Matthew Sweet (que doce horas después de desenchufar en Bilbao debería actuar en el Hell Dorado vitoriano, a las 13 h del mediodía; ¿cuánto tiempo podría dormir?), pero superaron el listón todos los participantes: The WOP Band (10 canciones guitarreras en 43 minutos con influencia de Lou Reed, Mink DeVille y Steve Wynn, mejor en castellano y con vocablos como soñar, vida, sonreír), Sex Museum (13 temas en 54 minutos perjudicados por el sonido pero con la banda logrando despegar entre nubarrones de rock motero Altamont, rock espacial vía Hawkwind y rock setentero Monster Magnet) más Corizonas (la asociación entre Arizona Baby y Los Coronas, que con trompeta y toda la pesca nos gustaron más que nunca con su rock lisérgico transicional, ora trianero ora pinkfloyd).

The WOP Band abriendo el festival.
The WOP Band abriendo el festival. / Txema de la Cruz

Remató la velada y generó la mayor pasión (sólo había que ver al público más arrimado al tablado) el bueno de Mateo Dulce, nacido en Lincoln, Nebraska, hace 54 años, forjado en la escena de Athens, Georgia, en los 80, y hecho famoso en los 90 con su tercer álbum, 'Girlfriend' (91), compuesto durante su divorcio, beneficiado por un vídeo emitido en la MTV y disco de oro en USA (medio millón de copias vendidas). Ofició en cuarteto eléctrico completado por Paul Chastain y Rick Menck (la sección rítmica de Velvet Crush), más el guitarrista Jason Victor (Dream Syndicate), quien se llevó la mayor ovación en la presentación postrera, antes de la última canción de las 16 que interpretaron en 76 minutos.

Jason Victor a la izquierda, el más ovacionado del viernes.
Jason Victor a la izquierda, el más ovacionado del viernes. / Óscar Cubillo

Hora y cuarto colmada de buen rollo no solo propiciado por las cuatro horas previas de festival vividas y bebidas con las cañas a 2 euros que te servían sin necesidad de pagar con pulserita ni de cambiar el dinero por vales (¡en el WOP se fían de sus voluntarios!). Un concierto de power pop redondo y melódico con mucha deuda con Neil Young ('Byrdgirl', 'Pretty Please' con sus punteos Crazy Horse, 'Winona', el lento 'You Don't Love Me' con más punteos Crazy Horse a mayor gloria de Jason Victor), con los coros de Big Star ('Divine Intervention') o con la flotabilidad de unos Byrds modernizados (en 'I've Been Waiting' lo pensé yo y callé, y en la siguiente, 'Sick of Myself' lo pensó Pato y lo manifestó; también a Raúl El Guapo le sonó todo a Young y Byrds), y con todos estos grandes clásicos perfectamente amalgamados con iconos del power-pop noventero como los menores Model Rockets ('Time Capsule', 'Trick Of The Light'), los Posies ('Someone to Pull the Trigger', la mentada 'Sick of Myself') o Weezer ('We're the Same'), o sea caramelo escarchado entre el que se coló una curiosidad: el rock a lo Frank Black 'I Belong to You', el líder de los Pixies, ya saben.

Un concierto redondo, eléctrico, armónico, preciso, sincero y tan disfrutado como valorado, que lo sepan quienes faltaron por acudir por compromiso a una cena. Feliz Navidad a todos, por cierto.

 

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