Mágico y climático Dylan LeBlanc

Dylan, con melenita y sombrero./Carlos Gª Azpiazu
Dylan, con melenita y sombrero. / Carlos Gª Azpiazu

El joven músico sureño alcanzó la comunión espiritual con la parroquia del Kafe Antzokia en una cita cósmica que creció desde la psicodelia hasta el post-rock

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Hace poco, con motivo del concierto de los neoyorquinos Luna en el Kafe Antzokia, escribíamos que los grupos buenos crecen en directo. Pero lo que pocos nos imaginábamos era que el florecimiento eléctrico del sudista Dylan LeBlanc el miércoles en el Antxiki alcanzaría cotas tan altas. Y otra de las agradables sorpresas fue la afluencia de un público arrebatado que casi abarrotó el recinto: «No esperábamos que viniera tanta gente. Nos sentimos muy afortunados», agradeció en una ocasión Dylan LeBlanc, nacido en Shreveport, Luisiana, hace 29 años. Y revelemos que como llegamos al local 10 minutos tarde (quizá solo 8), no pensábamos contarlo, pero lo atestiguado resultó tan grande, climático e incluso mágico, que aquí estamos tecleando intentando hacer justicia al concierto.

Se respiró la intercomunicación incluso espiritual entre el respetable (bastantes parejas jóvenes, numerosos melómanos habituales del sonido americano…) y el combo, Dylan LeBlanc & The Pollies, un sexteto joven, vestido de entresemana y muy bien armado instrumentalmente: chelo, dos guitarras, teclados, bajo y batería que sonaron de maravilla. En 70 minutos (no, no contabilizamos canciones) la fórmula musical de Dylan, una suerte de psicodelia etérea y ascendente con ecos del country cósmico que se moderniza mediante el post-rock e incluso el rock de macrofestival atado en corto, encadenó no pocas apoteosis que a los seis les brotaban de modo natural, que enardecían aún más a la parroquia y que provocaban la levitación del oyente individualmente.

A Dylan se le tiene por una suerte de epígono de Neil Young (la voz del joven no es tan nasal). El conocedor Javier Zaitegui llegó a comentar que a veces le sonaba a Morrissey con Young. Sin embargo, esa influencia del maestro canadiense se difuminó (aunque quizá emergió volcánica en varios largos punteos furiosos a lo Crazy Horse) mientras LeBlanc, mirando al techo (al cielo) con los ojos protegidos por el ala de su sombrero, se tornó dramático y sostenido a lo Roy Orbison e incluso a lo Chris Isaak. La oscuridad la sopló hacia las lindes de Walkabouts y Godspeed You! Black Empeor, la sensación de éxtasis continuo conseguida fue similar a la que nos produjo el año pasado en ese mismo escenario un también sorprendente Daniel Romano. Intercaló marasmos para respirar tan bien armonizados como los Gospelbeach, soltó sigilosos aullidos a lo Cowboy Junkies, develó cierta vulnerabilidad emocional en plan Lana del Rey orgánica, y osó con desarrollos guitarreros vía unos Sheepdogs en ácido. Y hasta con raptos progresivos con la intensidad de Robert Fripp, que ya es decir.

Próximos conciertos

20 de septiembre
Sala El Sol (Madrid)
21 de septiembre
Rock & Blues (Zaragoza)
22 de septiembre
Rocksound (Barcelona)
23 de septiembre
Loco Club (Valencia)
24 de septiembre
Little Bobby (Santander)

Quien chequee su música en internet no se podrá hacer una idea de lo que vivimos el miércoles. Esa noche era su debut en España, primera fecha de una gira de seis días seguidos, sin descanso. Acabará el lunes 24 en Santander, adonde están pensando viajar numerosos aficionados locales.