Luna creciente en el Kafe Antzokia

Britta, Dean y Sean en la segunda, 'Slide' /
Britta, Dean y Sean en la segunda, 'Slide'

El resucitado cuarteto neoyorquino liderado por Dean Wareham hipnotizó a la parroquia mediante indie-rock de sustrato clásico y contenido

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Los grupos buenos siempre crecen en directo, mejoran su propuesta sobre un escenario, y este es el caso del combo neoyorquino Luna, cuyo disco abarca el indie noventero en sus diferentes facetas: del dream pop celestial y la psicodelia flotante hasta la narcótica estela velvetiana. No obstante, Luna en vivo medran, se transforman, su magnetismo acumula atractivo y su andamiaje pop muta en un rock cromado, limpio (sin distorsión) y clásico (más de lo que parece: resuena tan canónico en el fondo como Frank Black en solitario). Las influencias de los discos permanecen, pero se superan: así el deje de la Velvet Underground emerge en diferentes facetas (recitados, pereza existencial, ritmos blandos como los relojes de Dalí…) y las guitarras (la Gibson del líder Dean Wareham –ex Galaxie 500- y a Fender del solista Sean Eden) recobran un protagonismo afilado que puede asociarse a las cascadas de Chris Isaak o al post-rock de Explosions In The Sky.

Fundados tras la disolución de Galaxie 500, Luna vivieron una primera etapa de 15 años y siete álbumes entre 1991 y 2005. Lo dejaron (Dean Wareham continuó con la rubiales y juvenil Britta Phillips, bajista de Luna y además su esposa, en el seno de Dean & Britta), y en 2017 resucitaron gracias a una oferta recibida desde España para una gira que al final sumó diez conciertos. Pasó por el Kafe Antzokia en octubre de 2017 (entonces hubo más gente, recordó el melómano Iñaki Gallardo), y Luna regresaron a Bilbao este viernes, donde, teloneados por los post-rockers instrumentales zarauztarras Buffalo, ofrecieron un concierto de 15 canciones en 82 minutos en los que pararon el tiempo, ralentizaron el movimiento y cargaron el recinto de electricidad estática.

Dean Wareham en el bis, cantando 'Bonnie & Clyde'.
Dean Wareham en el bis, cantando 'Bonnie & Clyde'. / Oscar Cubillo

Elegantes, muy cools los cuatro miembros, economizando notas y embridando emociones, Luna abrieron rocanroleros a lo Moon Martin con 'Malibu Love Nest' y con Wareham cantando a lo Violent Femmes, un influjo que apareció cada dos por tres. Continuaron facturando dream pop con fuste ('Slide') e indie a lo Teenage Fan Club sin tanto aparato vocal ('Math Wiz'), desvelando su clasicismo inherente ('Chinatown'), flotando a lo The Verve o The Cure ('Broken Chair'), incidiendo en la fórmula velvetiana ('Car Wash Hair' -versión de Mercury Rev con lapso ruidista-, la creciente 'Black Postcards' con estupenda labor del baterista cada vez más perceptible Lee Drummer, etc.), y, lástima, evolucionaron menguando tenuemente, lo cual se evidenció en el bis triple, versionero y bastante country con el 'Lonesome Cowboy Bill' de la Velvet Underground, un 'Bonnie And Clyde' de Serge Gainsbourg a lo Frank Black y también recitado, y el 'Indian Summer' de Beat Happening rematado con una ragga guitarrera a lo Kula Shaker.

Luna tienen mucha clase, suelen cambiar el orden del repertorio, pero esta vez lo ordenaron de manera mejorable y pena que no versionaran el 'Let Me Dream If I Want To' de Mink DeVille, que somos más fans de Willy.

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