Lola Indigo: «Hay que explotar lo que te hace diferente»

La cantante, que actuó hace unos días en el festival Ron Barceló Desalia, tiene la agenda veraniega repleta de conciertos./r.c.
La cantante, que actuó hace unos días en el festival Ron Barceló Desalia, tiene la agenda veraniega repleta de conciertos. / r.c.

«Quizás hicieron bien en echarme de 'OT'», admite la doble disco de platino

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Nací el día de los tontos americanos», arranca Lola Índigo. Ser refiere a que vino al mundo el 1 de abril, fecha en la que se celebra algo parecido a los Santos Inocentes en Estados Unidos. Pero Mimi de tonta no tiene un pelo. Ha transformado la poca fortuna que tuvo en 'OT 2017' (donde fue la primera expulsada) en un doble disco de platino. Con su bailadísimo 'Ya no quiero ná' y otros temas de su disco 'Akelarre' se enfrenta a un verano repleto de conciertos. El fin de semana pasado fue cabeza de cartel en el festival Ron Barceló Desalia celebrado en Islantilla, Huelva. «Playa y música, no hay mejor combinación», certifica. Y pronto viajará a Marbella y de ahí a Colombia. «He aprendido que hay que explotar lo que te hace diferente -dice esta cantante con formación de bailarina- y también, que no hay que compararse con nadie, porque eso te lleva a ser infeliz».

Miriam Doblas Muñoz, que así se llama Lola Índigo, nació en Madrid hace 27 años pero se crió en Huétor-Tájar, Granada. «Soy de 'Graná' -proclama-, de los de la 'malafollá' marca registrada». Luego explica que esa expresión granadina podría definirse como «una especie de mala leche con arte». Para arte el que ha tenido Mimi reciclándose... Su pinchazo en 'OT' la llevó a transformarse en Lola Índigo, una solista muy acompañada. «Lo que a mí me toca de cerca es el mundo de la danza y quería dar protagonismo en mi show a las bailarinas. Yo además funciono mejor en grupo que en solitario. A muchos de mi equipo los conozco de hace años, así que viajo en familia».

Lola ya no canta canciones de nadie. Las letras las compone ella «y la música se la dejo a los productores». «Quizás hicieron bien en echarme de 'OT'-reflexiona- porque no soy artista para un 'talent', me va mejor cuando hago lo que me gusta y voy a mi aire». Digerir la fama ya es otra cosa. «De pequeña soñaba con triunfar, pero nunca a estos niveles. Esto es un poco shock porque yo vengo de un pueblo pequeño, me he pasado la vida en chancletas y he sido muy de que me la resbale todo. Y ahora debo andar con cuidado porque el mínimo despiste mío puede ser noticia... Pero si te soy honesta -confiesa entre risas- la verdad es que me la sigue resbalando».

Hija única de una madre que ahora está feliz de tenerla en Madrid y no al otro lado del mundo («hemos pasado momentos bajos»), Mimi vivió dos años intermitentes en China. Trabajaba como bailarina y cuando ahorraba lo suficiente se iba unas semanas a Los Ángeles para seguir formándose. «De China volví muy canija -recuerda-, casi en los huesos, porque no comía casi nada. No me fiaba ni del arroz. Vi un documental en el que le añadían plástico». Quizás porque el éxito le ha llegado después de pisar muchas tablas y de comer (como ella dice) «mucha m...», está segura de que la fama nunca se le subirá a la cabeza. «Yo ya vivía de esto antes de ser conocida», recalca. Con 18 años fue concursante de 'Fama a bailar' y acompañó en el escenario a Miguel Bosé. «Guardo un recuerdo de él maravilloso. Se ocupó de que a sus bailarines no nos faltara de nada».

Lola vive sola en el barrio madrileño de Chueca, «el lugar al que pertenezco», como le gusta decir. Para esta admiradora de Lady Gaga, el público gay es su «mayor orgullo». No tiene pareja. Pero no por culpa de su entorno, «sino porque literalmente no tengo tiempo. Ni ganas -añade-. Estoy muy bien sola haciendo lo que quiero cuando quiero y sin darle explicaciones a nadie. Todavía soy muy joven». Tampoco está de acuerdo en que una estrella del pop tenga que caer en la mala vida... «Yo apenas pruebo el alcohol y, si estoy cansada, me voy temprano a dormir. Los bailarines somos muy disciplinados», puntualiza.

Ella empezó a bailar con seis años. Primero flamenco, luego todo lo demás. Era una niña «muy soñadora y fantasiosa, fascinada por la mística y las brujas. Me encantaba ir a la biblioteca a dibujar y a leer», recuerda. Intentó aprender a tocar un instrumento pero era demasiado inquieta para estar tanto tiempo sentada. En la poderosa y descarada Lola Índigo Miriam encontró su esencia: una bailarina que necesita cantar... «No todo el mundo vale para lo mismo. No puedes determinar el talento de un pez por su capacidad para trepar un árbol -razona-. Siempre digo que como Mimi soy Clark Kent y como Lola me siento Superman».