Levi Parham, natural de Oklahoma

Levi Parham, un treintañero espigado puramente americano. /CARLOS Gª AZPIAZU
Levi Parham, un treintañero espigado puramente americano. / CARLOS Gª AZPIAZU

Un repertorio americano digno de la película 'Comanchería' y con codas vía Allman Brothers a tres guitarras ejecutó en quinteto el espigado y treintañero 'okie' en el Antxiki

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Más de cien personas, entre ellas bastante gente mayor, acudieron el martes al Kafe Antzokia, a su sala superior, el Antxiki, para ver a Levi Parham & Them Tulsa Boys, un quinteto estadounidense armado con tres guitarras muy bien engarzadas (y variadas: la acústica del jefe, eléctricas, steel…) y devoción por el rock americano setentero, el rock sudista y el blues rítmico. La parroquia entró en comunión (ovaciones, aullidos, silbidos…), coreó y dio palmas sin que se lo pidieran, y el bolo fue largo, de 17 canciones en 100 minutos, y no es que decayera, sino que en ciertos momentos la banda se desperdigó: hubo bastantes demoras por afinar entre canción y canción, y el líder Levi dejó cantar hasta cuatro canciones a sus otros dos guitarristas (que no llegaban a su nivel vocal y encima dos de ellas cayeron en el largo bis; el fotógrafo Azpiazu echaba humo y pensaba que el concierto había menguado en sus emociones). Y para más inri, en el bis cedió espacio para un solo del bajista, quien con tantos tatuajes emergiendo por su cuello parecía un miembro de un grupo hardcore-punk.

Pero estuvo muy bien la velada, la sexta noche de su gira española de nueve fechas divulgando su disco 'It's all good'. Estuvo plena de inspiración y autenticidad por su parte, que cantó con profundidad y teatralidad y en los momentos climáticos bailaba arqueando sus largas piernas. Levi hace música muy viva, pues mutan sus interpretaciones de un día para otro. En marzo de 2017 actuó en el mismo Antxiki ante la similar cantidad de público y, en cuarteto menos engrasado, se arrimó más al country rock y estuvo bien, sin más. Pero con una guitarra extra y un acercamiento más roquero estuvo muy bien este martes: abrió con rock americano en la estela de Bob Seger, Billy Swan o John Cafferty ('Boxmeer Blues', antes titulado 'Too Far From Home (to call my baby on the telephone)'), se apuntó al blues campero como lo atacaría Ry Cooder ('Heavyweight'), y, tras preguntar el treintañero de McAlaster, Oklahoma, si había en la sala alguien de Oklahoma, que no era el caso (en su visita anterior estuvo Margo Cilker, una cantante de country californiana y veinteañera que vivía en Bilbao pero que ya ha regresado a San Francisco), se marcó un rock palúdico escuela Tony Joe White estupendamente entonado por él como si fuera el malogrado bluesman John Campbell ('Badass Bob', cuando al acabarla dijo la dulce Marian saliendo de un trance: «Me voy con él a Oklahoma y me voy a especializar en rock americano»).

Sentado el guitarrista de la slide, que siempre echaba chispas.
Sentado el guitarrista de la slide, que siempre echaba chispas. / CARLOS Gª AZPIAZU

La buena onda no decaía mediante baladas que arrancaban como los Eagles y borboteaban como los Black Crowes ('Held in high regard') y rock narrativo, peliculero, con la slide echando chispas a lo Joe Ely (intenso 'Borderline'). Bajamos un escalón porque Levi cedió dos temas a sus dos guitarristas (mejor el segundo, 'The Ocan', con desarrollo guitarrero puro Allman Brothers), y no solo por contraste saboreamos el primer cénit, el country rock presleyano y puro Nashville 'Steal me'.

Levi prosiguió con un número aindiado perfecto para la película 'Comanchería' ('Wrong way to hold a man') y cerró con más rock americano de libro en un par de revisiones muy cambiadas respecto al disco, ora vía John Cougar saltarín ('My finest hour', con otra extensión Allman Bros) ora vía Steve Miller suspendido del éter ('Shade me', ésta con epílogo hippie a lo 'Hey Jude' con sus coritos nananá). Y el largo bis, de seis temas, al que habría venido bien eliminar los dos entonados por sus escuderos y el solo de bajo (¡era un concierto de rock, no de jazz!), empezó romántico a solas ('All the ways I feel for you', a lo Steve Earle) y con la banda ('Kiss me in the morning', muy quedón a pesar del inesperado solo bajista), y continuó muy blusero (a lo Muddy Waters o Howlin' Wolf el marcado 'Turn your love around', con slide molona, como siempre ese martes) y con otros dos temas entonados por sus gregarios antes del adiós definitivo por todo lo alto, con el segundo cénit de la sesión, 'These American blues', un rock and roll como podrían hacer Bruce Springsteen o John Cougar y que devolvió la sonrisa al alicaído Azpiazu, que gracias a esta puso salir más contento del Antxiki.