Kukai, de dónde venimos y a dónde vamos

Un momento de la actuación de Kukai en el Arriaga./Moreno Esquibel/Teatro Arriaga
Un momento de la actuación de Kukai en el Arriaga. / Moreno Esquibel/Teatro Arriaga

El grupo de baile guipuzcoano, premio Max 2017, llenó el Arriaga con su obra 'Erritu' (Rito), en la que la humanidad busca su identidad más trascendental

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Nos atraen con magnetismo atávico los bailes de Kukai, el grupo de danza guipuzcoano dirigido por el coreógrafo Jon Maya. Les seguimos desde sus pinitos, y no olvidaremos la primera vez que les vimos como cuerpo de apoyo de los txalapartaris Oreka TX en el Teatro Barakaldo, ¿hace más de una década?, en una cita que fue de lo mejor de ese año. Hemos podido comprobar su evolución desde sus inicios modernistas y técnicos, entonces con bastante influencia de las danzas tradicionales vascas (al menos representadas a modo de pincelada popular para agradar a todo tipo de espectador), en varias temporadas artísticas tan apegadas a la tierra que se hundían en el panteísmo. Quizá Kukai hollaron su cima con el espectáculo 'Herritmo' (el ritmo del pueblo), esa fusión con los herri kirolak o deporte rural vasco, donde les vimos cortando troncos a lo bestia en el Arriaga hace cinco años.

Y tras pisar e incluso morder la tierra, Kukai han evolucionado hasta unos bailes a menudo estéticamente tétricos y, también, doblegados por el peso de la alienación del ser humano, un enfoque éste clarísimo en la única propuesta suya que nos ha desagradado e incluso aburrido: 'Oskara', la cual presenciamos en 2016 en el Arriaga, a la que sopesamos incluir en nuestra lista de lo peor del año (por impregnar al testigo de una tristura sin paliativos ni esperanza), pero que paradójicamente ganó tres Premios Max (lo premios nacionales de teatro), incluyendo el de Mejor Espectáculo de Danza.

Las luces horizontales y las faldas para los hombres, recursos habituales de Kukai.
Las luces horizontales y las faldas para los hombres, recursos habituales de Kukai. / Moreno Esquibel/Teatro Arriaga

Y por estas ondas de ascenso trascendental, de preguntarse como Siniestro Total quiénes somos, de dónde venimos a dónde vamos, parece que ronda su última coreografía, 'Erritu' (Rito) realizada mano a mano con el coreógrafo israelí Sharon Fridman. Como todos los ballets modernos, se trata de un opus simbolista, metafórico, de interpretación muy libre, aunque según lo que avisa el libreto sobre el argumento, «humanos que practican sus danzas mágicas y se funden con la naturaleza», certificamos con alivio que nuestra visión se ajustó bastante a lo que pretenden expresar sus autores.

En un teatro Arriaga lleno (sólo se quedaron sin vender localidades de mala visibilidad que fueron rechazadas en taquilla por espectadores potenciales), con apenas influjo de la tradición vernácula dantzari (algunos movimientos de los pies en un número, no más), con recursos utilizados por Kukai en otros montajes (las luces horizontales cruzando el escenario, las faldas para los hombres, el oficiar descalzos, los cuerpos masculinos engarzados en equilibrios también gimnastas o circenses…), durante 54 minutos (desde que se apagaron las luces hasta que se acabaron los tres minutos de ovación, pero sin contabilizar el tiempo extra en que el grupo calentó a la vista de todos, como parte del espectáculo, mientras se iban ocupando las localidades).

Sonoridades gregorianas

Kukai en 'Erritu', sobre un escenario muy oscuro, comenzaron con bailes grupales plenos de fisicidad literalmente jadeante en los que se transformaron de bandada de pájaros voladores en seres humanos, tomaron conciencia de los antepasados en los cantos ululantes lúgubres, las percusiones conventuales y las sonoridades gregorianas, el techno enlatado aportó fondos de rock industrial y de txalapartas sintéticas, los bailes grupales pasaron a ejecutarse con los miembros adosados en una masa de cuerpos homogénea, y el epílogo, con el coro de vestales conventuales sin idioma inteligible y los bailarines formando un corro mientras sonaba una letanía con todos los visos de ser un 'Gure aita' o Padrenuestro tarareado desde el más allá por Mikel Laboa, quizá, quizá, quizá significó el hallazgo de la conciencia religiosa.

A modo de explicación, el libreto del 'Erritu' utiliza esta cita del filósofo Ernst Cassirer: «Los seres humanos que celebran la festividad, que practican sus danzas mágicas, se hallan fundidos entre sí y con todas las cosas de la naturaleza. No se hallan aislados, su alegría es sentida por el conjunto de la naturaleza y participada por sus antepasados. Han desaparecido en el espacio y en el tiempo; el pasado se ha convertido en presente y ha retornado la Edad de Oro».

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