Julian Lage atrapado en el círculo

Julian Lage pensando en alguna improvisación. /Peru Urresti
Julian Lage pensando en alguna improvisación. / Peru Urresti

El guitarrista californiano se sumergió en una fina y cristalina improvisación constante que no llegó a ninguna parte, empero los aplausos del público del 43 Getxo Jazz

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Más pasión irreprimible en el Muxikebarri (el flamante Getxo Antzokia) el jueves en la segunda de las cinco jornadas del 43 Getxo Jazz, durante ante la actuación instrumental en trío del guitarrista afincado en Nueva York Julian Lage (Santa Rosa, California, 31 años, 32 en Navidad). ¡Y eso que no pasó casi nada! Todo resultó un bucle infinito, un prólogo constante que no desembocaba en ninguna parte, una suerte de improvisación jazz (sí, el trío con su conjunción fue lo más jazz de la velada) liderada por un chico majo, con pinta de simpático, un guitarrista no se sabe si más efectista u ombliguista.

Su discográfica lo vende como el futuro rey de la guitarra jazz, por encima incluso de Pat Metheny (qué osados son algunos y que incautos nosotros), lo cual le sirve para circular entre la élite de instrumentistas y de festivales internacionales. Pero para ser el rey por lo menos se debe innovar, ¿verdad? ¿Y qué innovó Julian el jueves? Nadaaaa. Nada. Cero. Del presunto futuro de la guitarra jazz se puede decir que no tocó jazz en Getxo y encima su estilo se ajustó al emitido desde Estados Unidos entre 1940 y 1960: rhythm and blues con swing, el rock and roll comercial y atemporal y hasta el surf onírico o astral, créanselo. Vale, de acuerdo, en dos de las 11 piezas que encadenó en 90 minutos exactos se escapó de ese espacio temporal: en un rock a lo JJ Cale («qué bueno», se oyó una voz masculina en la fila de atrás, «qué bonito», le replicó una voz femenina) y en un funk escuálido en plan Kurt Rosenwinkel para todos los públicos.

La gente que casi llenó el Muxikebarri ovacionaba a la mínima… ¡y seguía sin suceder nada! Todo era una dilatada paja mental, perdón, el bosquejo de un paisaje instrumental emocional en distintos estratos cincelados con una guitarra Fender Telecaster que sonaba cristalina y que no hacía sino generar burbujas transparentes que hacían 'pop' y desaparecían de la memoria. A nivel creativo, el bueno de Julian Lage está al nivel de los Santo And Johnny de los años 60 pero con más velocidad en los arpegios.

Todo el jueves eran improvisaciones bien trabadas entre ellos tres (encantó por sus poses y su pegada el baterista Kenny Wollesen, habitual de Ruper Ordorika), impulsos que no llegaban a ningún puerto y melodías siempre cuidadas (no había estridencias, no disturbemos a la transversalidad), pero ninguna pieza cerrada, acabada, con validez per se, excepto quizá la más reconocible, la última antes del bis: 'Crying' de Roy Orbison, que por otra parte también sonó a muzak, a música de ambiente, a música de ascensores o de sala de espera del dentista, para que no nos pongamos nerviosos.

Julian Lage, el contrabajista Scott Colley y el baterista Kenny Wollesen.
Julian Lage, el contrabajista Scott Colley y el baterista Kenny Wollesen. / Peru Urresti

El concierto no estuvo mal, pero no pasó nada. Acudimos con expectativas altas, pero también pensando que podría ser un petardazo, lo cual no lo fue. Es que no fue ni aburrido. Todo resultó un vaho retro y se lo vamos a demostrar, a concretar: a muzak entre el surf y el blues con reminiscencias de Jeff Beck y Chris Isaak sonó la inaugural 'Love Hurts' (el amor duele), título de su último álbum y adaptación de los Everly Brothers; a rockabilly sedoso vía Brian Setzer exhibicionista y retro sideral la segunda, 'The windup' de Keith Jarret; a cliché blues de banda sonora imaginaria como elaborarían los navarros Glittersouls la tercera, la original 'Lo que diga Henry'; la cuarta, otro original, sonó a son jarocho y demás latinajos y el día después nos enteramos que se titula 'Perú'; y la quinta, la única que presentó, fue autodefinitoria: 'In circles', o sea en 'Círculos'.

Y sin poder escapar del círculo prosiguió hasta el final Julian tratando en vano de ascender por esa evanescente espiral de mágica nada: hubo más swing como el blues de los años 40 de T-Bone Walker ('Tomorrow is the question', de Ornette Coleman), otra balada improvisatoria y de título definitorio ('Lullaby', o sea nana, su traducción literal), las piezas, dos citadas, que resonaron a JJ Cale y a funk escuálido cuyo título desconocemos y no vamos a investigar porque, total, para qué, el suavísimo 'Crying' de Orbison y el bis con el tema más rematado, 'Blues connotation', otro de Ornette Coleman que volvió a sonar a swing al modo de T-Bone Walker, Gatemouth Brown... Como no se centre el bueno de Lage, también se va a difuminar, de puro evanescente.