La hipertrofia de Revólver

Goñi tenía las letras en un atril y una tableta. /Óscar Esteban
Goñi tenía las letras en un atril y una tableta. / Óscar Esteban

Carlos Goñi presentó su disco 'Básico 4' en quinteto en el lleno Campos, dando un show de dos horas y media, charlatán y convencional pero con momentos efectivos e incluso emocionantes

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Lleno técnico, pues sólo se quedaron sin vender una cincuentena de butacas de esas en palcos altos y esquinados de mala visibilidad, cosechó el charlatán de 57 años Carlos Goñi, alias Revólver, el viernes en el Teatro Campos, durante el arranque de la gira de presentación de su disco 'Básico 4', cuya edición se ha retrasado hasta el 10 de mayo y que verá la luz en formato o libro CD+DVD (gracias al libro se paga el 4 % de IVA en vez del 21). Ante un público predispuestísimo (desde las palmas) y cuasi idolátrico, Carlos Goñi solo cantó 19 canciones en dos horas y media de encuentro (exactamente 149 minutos).

¿Y qué hizo el resto del tiempo? Hablar sobre él mismo (aseguró no ser egoísta, excepto en el tiempo, pero sí que es egotista: yo-yo-yo, o su forma verbal favorita, 'he decidido'), enfangarse en el monologuismo que asuela la escena en directo española (vas a un concierto y te sueltan un monólogo El Arrebato, Pablo López, Bertín Osborne, la buena de Ele, Antonio Orozco, Zenet, Café Quijano, o, buf, Love Of Lesbian), repetir cosas que dice año tras año (plantear «se aceptan peticiones» y responder «no, esa no» o «qué bonita esa», así hasta rechazarlas todas) y hasta contar en la introducción lo que va a cantar en la canción (eso sucedió en 'Campanilla', con el juego de la botella y el beso, la primera vez que le rompió el corazón una mujer, «tenía once años, y me jode acordarme de su nombre, Virginia»; sí, reconozcamos que aquí nos reímos). Como casi siempre le pudo la hipertrofia habladora. Habríamos ido más veces a ver en directo a Revólver, pero nos da miedo quedarnos atrapados durante tres horas ante su verborrea. Y nos ha dado rabia cuando ha ido a verle el incansable Azpiazu (en Semana Grande, en Torrelavega), y nos ha informado a toro pasado: «Solo ha durado hora y media». Grrrrr…

Pues dos horas y media duró lo del Campos. Acudimos con Óscar Esteban, que le vio en el mismo escenario el año pasado, en la gira del 25º aniversario del disco 'Básico', en trío (este viernes vino en quinteto, pero los músicos no aportaron nada, no salieron de lo gregario, quizá porque no se lo permitían), y afirma que este viernes estuvo bastante mejor: superior tono físico y vocal de Goñi (aunque no se levantó de la silla más que para entrar y salir de escena; una silla rodeada por tres guitarras acústicas, sus armónicas dylanianas, un atril con las letras y una pantallita que le hace de teleprompter), banda más completa pero igualmente discreta, y menos pastoreo de Goñi a la gente, a la que hizo cantar mucho más hasta pecar de karaoke.

Revólver en quinteto, con el saxo como subalterno más destacado.
Revólver en quinteto, con el saxo como subalterno más destacado. / O. E.

No estuvo mal el concierto desenchufado de 'Básico 4', y a los fans les parecería fenomenal. Estos seguro que no le pusieron pegas a la discretísima iluminación del escenario, al sonido flojo de volumen (recordemos que el Campos tiene un limitador de decibelios que salta al llegar a los 87 db), a las nulas pinceladas de sus músicos (el saxo, el clarinete y el acordeón eran los que más aportaban, a veces colados con calzador) y al canonismo general de la ejecución (manifiesta en la última pieza, 'Call me the breeze' de JJ Cale / Lynyrd Skynyrd, en inglés y a modo de despedida reiterativa a sus músicos uno a uno).

Sin embargo, debe quedar claro que siempre vamos a ver a Revólver / Carlos Goñi con intención de disfrutar. Y sí, entre la mucha cháchara nos reímos una o dos veces (quizá alguna por humor involuntario del alicantino), y pudimos paladear algo más de la mitad de las canciones, ordenadas en modo de satisfacción creciente, y eso a pesar de que Goñi asegura que salen a escena sin repertorio determinado y que cada noche cambian de setlist incluso sobre la marcha. Las dos canciones que le parecieron 'truños' a Óscar Esteban fueron de las favoritas del que suscribe (la springsteeniana 'Lisa y Fran' y la citada 'Campanilla' en modo soft rock), abundaron las piezas muy convencionales pero efectivas ('Si es por ti'), de un conservadurismo estético a veces vinculable a Celtas Cortos (la parrafada de 'Odio', la más conservadora 'El roce de tu piel'), y Goñi hasta estuvo a un paso de la canción melódica ('Eso de saber', que dijo llevaba 17 años sin tocarla), del biotipo de cantautor español a lo Pedro Guerra ('Besaré el suelo', la composición que cedió a Luz Casal) o de incluso Carlos Cano ('Faro de Lisboa')

Y también Goñi ejerció de cantautor rock americano traducido al castellano ('Frío en Madrid', arropador y con clarinete), a veces hasta llegar a lo fronterizo ('No escupas al suelo', una nueva, la mejor de la velada, antes de la cual nos contó que se refugió una semana en un hotelito en Ermua –y entonces saludó a su familia de San Sebastián, presente en el Campos- y que ahí aprovechó para eliminar contactos de su móvil: pasó de 1450 a 320 -«Es mejor tenerlos para ver a quién no coges», zanjó Oscar Esteban-, después 'Tu noche y la mía', en plan populista con la luz encendida y dando pie a los coros del público) y, claro, adscrito a la fórmula springsteeniana con la cual emergió ('Eldorado', con la luz dada y la gente en pie; «a la segunda palma ya estaba todo fuera de ritmo», ajustó el bueno de Esteban).

Fue un bolo bueno, pero Goñi lo puede y debe hacer mejor. Y que hable menos, por favor. Menos mal que también estábamos sentados, como Goñi. Aunque claro, si le ríen todas las gracias, si le piden tantas canciones y si sigue llenando teatros, para qué va a cambiar, pensará él. Salió a escena y se tiró más de cuatro minutos hablando antes de tocar la primera canción y ahí avisó: «Si habéis quedado después, vais a llegar tarde». Sí, llegamos al bis de Los Deltonos en el Kafe Antzokia.