Oh! Gunquit: gimnasia matutina

Los ingleses haciendo la estatua en 'Pony Boy'. /Oscar Cubillo
Los ingleses haciendo la estatua en 'Pony Boy'. / Oscar Cubillo

El quinteto mixto londinense protagonizó una sesión matinal 'Rabba Rabba Hey!' en el Museo Marítimo, donde encantó a la parroquia también mixta, aunque esta se mostrara un tanto paradita ante su entusiasmo de intención interactuante

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Mereció la pena madrugar el domingo para acercarnos al auditorio del Museo Marítimo, a una nueva sesión del Rabba Rabba Hey!, esta amenizada por el quinteto londinense mixto (tres chicas y dos chicos) Oh! Gunquit (este es su Bandcamp), al que no hacen justicia ni sus grabaciones ni los vídeos que circulan por YouTube. Con un sonido atronador (al principio demasiado) y una entrega profesional que superó en entusiasmo al revelado por el respetable también mixto (muchas muchachas y toda la gente anonadada por el empuje de los ingleses, que trataron casi en vano de que participara la ochentena de personas presentes), Oh! Gunquit dieron un bolo de 19 piezas en 63 minutos y dos partes: la primera más rocanrolera y negroide, y la segunda más garajera.

Los artistas lucieron pintas de eso, de artistas bohemios: el guitarrista parece un Steve Buscemi vampiro, el saxofonista un pandillero de la película 'Grease' (¡se llama Chuchi Malapersona!), la baterista un clon de la Moe Tucker juvenil (¡la batería de la Velvet Underground!), la vocalista y trompetista una Uma Thurman echada p'alante y barriera, y la bajista una Miss Madeira sin broncear. Los anglos blancos operaron conducidos por la cantante, Tina Swasey, que no dejó de sudar, cantar y entregarse a ejercicios gimnásticos matutinos: a soplar la trompeta, agitar las maracas, bailar sin parar, bajar entre el público para provocar su reacción (en la canción 'Caves / Cuevas' reptó entre las piernas de varios espectadores y logró que un par de chicas guapas y el ídolo local Santiago Delgado se agacharan para pasar bajo las piernas de ella, después obligó a sacudir las maracas a otras personas…), mover las caderas con el hula-hop sin dejar de solear con la trompeta (en la canción 'Stampede'), exhibir una bota de vino de La Rioja (me mojó con ella, pero afortunadamente estaba lleva de agua y no de tinto), y tal y tal.

La primera mitad de su show fue apabullante, con rock and roll híbrido entre MFC Chicken y Screaming Lord Sutch ('Fire Balls'), o en plan Barrence Whitfield femenino ('Bad Bad Milk'), a menudo festero y alocado en la estela de nuestros añorados King Kurt ('Suzy Can't Stop') y a veces algo Cramps ('Get Wound Up', 'Head Bites Tail'). Pero fue a la novena pieza, cuando bajó entre la peña a arrastrarse y colarse entre sus piernas (en la citada 'Caves'), cuando el tono se tornó más garajero ('Captain Creeps'; «hay muchos creeps (raros, frikis) hoy en la casa», se le oyó mascullar al guitarrista, y es que daba la sensación de que no les caíamos bien: ya, el público estaba más observador que participativo, no como cuando actuaron en 2016 en el Fuzz In The City Festival del Hika Ateneo, en sábado noche, cuando la fiesta se expandió como la pólvora), yeyé incluso ('Never Sorry') y una pizca ritmanblusera a lo André Williams ('Greasy Moves'). Hubo bis triple, abierto con garaje escuela The Sonics ('The Hunch') o el adiós con un 'Wooly Bully' de Sam The Sham & The Pharaohs donde a los isleños les faltó picante tex-mex y les sobró flema británica, que nadie es perfecto.

Clip bailón y retro-negro de 'The Hunch'

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