Los goterones de amor de David DeMaría

El jerezano no dejó de sudar durante el show./BEGOÑA MARIJUAN-REQUETA
El jerezano no dejó de sudar durante el show. / BEGOÑA MARIJUAN-REQUETA

Calor y comunión con el cantante andalusí, que irradió personalidad y profesionalidad en La Cúpula del Campos en un acústico radiofónico promocional de su CD+DVD 'Veinte años'

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Invitaciones agotadas para ver el viernes en la sala Cúpula del Teatro Campos al cantautor pop andalusí y amoroso David DeMaría (David Jiménez Pinteño, Jerez de la Frontera, Cádiz, 20 de enero de 1976). O sea, tiene 42 años y arribó celebrando sus 10 discos y veinte años en la música, recopilados en el CD+DVD grabado en directo sin público («me habría gustado contar con vosotros», nos halagó) y sencillamente titulado '20 años' (Warner, 18). Trae colaboraciones de Manuel Carrasco, Vanesa Martín, Rosana, Eva Ruiz, más unos Sergio Dalma y Chenoa que se salen de la tabla.

El sarao lo organizaba la emisora Cadena Dial y se trataba de un acústico en trío ante tres centenas de personas atentas, y cantarinas cuando procedía. La gente aguantó el calor mucho mejor que David de María, que sudó literalmente a chorros aunque dominó las tablas arriba y abajo. Arriba por su capacidad sobrada para cantar, afinar, respirar y vocalizar a la vez que tocaba la guitarra acústica, y abajo por su habilidad para pastorear al personal: imitó con la voz a Sabina (le quedó genial) y al típico locutor radiofónico, se congratuló de estar en un concierto acústico y que no se oyera el sonido del chocar de las copas (sí, el bar estaba cerrado, qué fallo), reveló que en esta gira se ha quedado sin púas para tocar la guitarra porque las regala y luego debe hacerse algunas artesanas recortando las tarjetas de los hoteles («en esta pone Silken, ésta es del hotel de ayer; lo malo es que a veces no puedo entrar en la habitación»; ya, tiene gracia el jerezano), a una fan de primera fila le soltó que le estaba poniendo nervioso y a un niño le preguntó qué le parecía lo que veía, pues lo que más le interesaba era la opinión de los pequeños, y comentó que a su hijo de dos años le pone «música suave, Metallica, Extremoduro…».

Jiménez Pinteño fue más simpático que meloso, y en el culmen del halago pisó charcos seguramente involuntariamente: «si pudiera elegir en Bilbao me quedaría…. ¡Viva el País Vasco! Conecto más con el País Vasco que con Valencia, por ejemplo. Veo más verdad. Y la madre de mi hijo creo que es de Valencia…», Puso cara de pensar y zanjó: «Sí, es de Valencia». ¡Qué risas de la gente, oigan!

DeMaría ofició en trío, sentado en un taburete, colgando la guitarra acústica, con su rostro de chicano duro perlado de sudor, y flanqueado por un teclista y un guitarrista eléctrico. En 82 minutos le dio tiempo a tocar 13 temas (contabilizando dos veces el que repitió en el bis: 'Si pudiera'), o sea que calculen el rato que se tiró hablando al respetable cercano. Abrió él solo demostrando tablas y valor en 'Amor multiplicado por dos', de buen estribillo y donde filtró detalles blues a la guitarra. Tras él explicó el busilis de la cita y agradeció los «veinte años de visitas a vuestra tierra y de sentirme más respetado y querido». Introdujo a sus escuderos y tocó 'La ciudad perdida', de ambiente americano, donde pidió manos arriba y la gente llevó así las palmas.

David ofició en trío acústico, pero compactado y sin fisuras
David ofició en trío acústico, pero compactado y sin fisuras / BEGOÑA MARIJUAN-REQUETA

Sí, era terreno conquistado. El público silbaba y un acelerado De María sudaba a goterones y comentó que era un concierto acústico, que faltaba la batería y el bajo, pero que «la batería y la base rítmica son vuestros corazones». Y cantó por primera vez 'Si pudiera', «la carta de presentación de este disco en directo que tiene tres temas inéditos y este es el primero». Y sonó a drama soul a lo Dani Martín cruzado con Álex Ubago. Refinadas melodías, logradas atmósferas, buenos estribillos y la repetición de la palabra 'amor' manejaba David DeMaría, que a partir de la cuarta y hasta casi el final voló por las alturas: el nostálgico y autobiográfico 'El callejón del duende' tuvo guitarra post-rock, creció a lo Alejandro Sanz y coló versos tipo «el amor es como una cometa que se lleva el viento»; en 'Barcos de papel' informó que en el disco la hace con Manuel Carrasco y resonó a Manolo García; y 'Mi trocito de vida' devino pop grande a lo Orozco.

El show acústico del viernes tenía empaque, David irradiaba carisma y profesionalidad, y el ambiente no decaía. Llegó el turno de 'Pétalos marchitos', también andalusí a lo Manu Carrasco, y comentó Bego La Titular: «esta es muy conocida, ¿ves?, se la sabe todo el mundo»; ya, la gente la cantaba y hasta gritó olé cuando el jerezano coló un lapso flamenco. La también inédita 'Espérame' fue una balada pop-soul urbanita, y definió como «clásico» 'Cada vez que estoy sin ti', que hace con Vanesa Martín, que fue exótico mejorando a India Martínez y que también tuvo alarde flamenco.

Otros dos cimas postreras holló con 'Y si te vas', latina a lo Rosana, la de la letra del maremoto de dolor y el laberinto del rencor, cuando David se secó el sudor con el pañuelo de lentejuelas colgado del pie de micro, y con 'Precisamente ahora', una pieza itálica con la intensidad de Alejandro Sanz que en el disco hace con Sergio Dalma y que en La Cúpula coreaba la gente: «no me llores más, preciosa míaaaaa». Al acabarla gradeció el artista: «Muchísimas gracias, qué bien cantáis».

Y quedaban solo 'Que yo no quiero problemas', muy filosóficamente andaluza y algo Andy y Lucas (la versión del disco, con Chenoa, es buenísima y electrica), y el bis inesperado concedido cuando se encendieron las luces ante la insistencia de la parroquia, David repitió 'Si pudiera' y vistió una camiseta limpia, pues la otra estaba empapada, hundida por los goterones de sudor.