Gillermo Calliero soplando el mejor ambiente de Bilbao

El argentino Guillermo Calliero a la trompeta./CARLOS Gª AZPIAZU
El argentino Guillermo Calliero a la trompeta. / CARLOS Gª AZPIAZU

El trompetista argentino usó poco el fiscornio, que trajo averiado, en la sesión anunciada como 'Solo flugel' de un Bilbaína Jazz Club lleno hasta el fondo por los músicos de la EIJO

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Por cuatro salas anduvimos el jueves y donde sin duda más gente hubo y mejor ambiente se respiró fue en la sesión del Bilbaína Jazz Club albergada en el Hotel Conde Duque, llena de gente, hasta el fondo, no solo porque acudieron como animados invitados los componentes de la EIJO (Joven Orquesta de Jazz de Euskadi), que ese día habían estado trabajando en el Conservatorio de Sarriko y a los que al acabar el concierto les vino a recoger un autobús. En efecto: hubo más gente en el concierto del trompetista argentino Guillermo Calliero que en el bolo de pago del Azkena (pinchazo de The Professionals, con el baterista de los Sex Pistols, Paul Cook, para desgracia del promotor) y en las citas con entrada libre del Kafe Antzokia y la Sala BBK (aquí se desarrollaba su concurso de nuevos grupos).

Guillermo Calliero (Santa Fe, Argentina, 1973), residente en Barcelona porque catalana es su esposa, ofició en el 28º curso del Bilbaína Jazz Club al frente de un cuarteto pleno de 'figuras' y músicos 'tremendos' y 'grandes', como calificaron en sus presentaciones Gorka Reino, dinamizador del club, y el propio trompetista. Completaban el elenco el veterano contrabajista argentino Horacio Fumero (Calliero recomendó a la juventud de la EIJO que se debían fijar en él), el pianista también argentino Federico Mazzanti (voló más alto que cualquiera durante sus numerosos solos) y el baterista de Tarrasa Xavi Hinojosa (otro que se salió de la tabla a los parches y los platillos, las baquetas y las escobillas).

Ante el nutrido, expectante y entendido público, donde coincidían desde turistas alemanes hasta los padres del líder del cuarteto, venidos desde la Argentina, Guillermo Calliero, con más de 200 grabaciones como músico a sueldo y elegido mejor trompetista argentino por el periódico La Nación en 2005, sopló de modo notable, pero –que nadie nos malinterprete- pareció que estuvo un escalón por debajo de sus escuderos, todos sobresalientes. Aparte, aunque vinieron con un proyecto bautizado 'Solo Flugel', por el flugelhorn o fiscornio, este sólo se usó en los últimos tres temas porque… ¡estaba estropeado, tenía un problema con el pistón!

Los argentinos Federico Mazzanti, Horacio Fumero y Guillermo Calliero por fin con el fiscornio, más el baterista catalán Xavi Hinojosa.
Los argentinos Federico Mazzanti, Horacio Fumero y Guillermo Calliero por fin con el fiscornio, más el baterista catalán Xavi Hinojosa. / CARLOS Gª AZPIAZU

Con el rostro congestionado desde el primero de los 9 instrumentales que sonaron en 83 minutos apacibles y canónicos basados en standards swing, Calliero dejó un poco de lado su faceta de trompetista latin, por así decirlo, y se arrimó a los sonidos de los trompetistas que más le influyen: Freddie Hubbard, Lee Morgan, Fats Fernandez, Wynton Marsalis, Bobby Shew…, como enumeró en entrevista a la web Distrito Jazz. Empezó con tempo sinatriano y laconismo cool a lo Chet Baker para el 'The good life' de Sacha Distel, donde el piano le robó la cartera y el solo de contrabajo pareció demasiado largo, y se animaron los cuatro en el más rítmico clásico 'It could happen to you', con qué delicia de escobillas y qué piano tan total, y en el brasileño 'Summer samba' de Marcos Valle, un tema chispeante, antes de serenarse con el momento quizá más convencional, en la balada 'Body & Soul', un standard que interpretaron al principio de película y de seguido con alma blues.

Horacio contó una historia de rivalidad entre escenas jazzísticas argentinas antes de dedicar a los padres de Calliero un vivaz 'You don't know what love is' precedido por un solo contrabajista basado en el 'Stardust'. Calliero agradeció la labor al 'sonidista' (al técnico Borja Marcos, que antes de empezar nos contó que busca una acústica tan natural que la gente no piense que hay equipo, y a fe que lo consigue), y entramos en el último tercio, algo sube y baja con un sesgado 'On the sunny side of the street' («un hermoso tema, 'En el lado calentito de la calle'», lo tradujo) que creció cuando el baterista Hinojosa dejó las escobillas y rompió con las baquetas, y las tres piezas postreras ya con el fiscornio por fin: 'Birdlike', «un blues de Freddie Hubbard» que mezcló swing y bop; un exótico, agitado y muy logrado 'A night in Tunisia' de Dizzy Gillespie con batería rotunda y pobablemente el Calliero más inspirado de la velada; y el bis con el 'Bye Bye Blackbird' atribuido a Miles Davis -por fin, pues se le presentía desde el principio- en una adaptación flotante y con solo de contrabajo otra vez dilatado, lo cual no nos difuminó la buena onda que vivimos durante toda la velada, la de mejor ambiente del jueves en Bilbao, ya se ha dicho.

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