El Bafle

Giles Robson saciando la sed de Santutxu

Giles Robson, en plena actuación en Santutxu. /Sugar Velasco
Giles Robson, en plena actuación en Santutxu. / Sugar Velasco

El armonicista londinense sacudió La Nube con un bolo eléctrico y compacto del que fue partícipe el público variopinto

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Había muchas ganas de catar blues genuino el miércoles en La Nube de Santutxu, donde se congregaron un puñado de aficionados relegando al fútbol y desafiando al temporal. Se notaba que entre la parroquia había espectadores que habían salido de casa solo para eso. Para conectar con algo especial. Para saciar la sed de blues que no pueden paliar tantos bolos de blues-rock modernista. Y se cumplieron las elevadas expectativas durante la entera actuación de The Giles Robson Band, cuarteto eléctrico que en 93 minutos suministró 11 largos números blues mayormente originales que conectaron de inmediato con el paisanaje.

Y es que la peña ovacionó bastantes solos sopladores intercalados (tras uno de los primeros preguntó el inglés: «can you feel it?», ¿podéis sentirlo?), coreó en apoyo moral del marido con tres hijos cuya esposa anda bebiendo fuera de casa, sacó muchas fotos de móvil y dio palmadas en la espalda a Giles cuando recorrió al bar soplando sin micrófono (y entonces nos dimos cuenta de lo alto y fornido que es), aceptó una petición y al final permitió que subiera al escenario un fan local que también sopló la armónica en el último tema, la versión de Snooky Pryor 'How'd You Learn To Shake It Like That' (la otra versión de la velada fue el 'Comit A Crime' de Howlin' Wolf recreado con paludismos a lo Creedence Clearwater Revival, como bien identificó Pato; por cierto, la letra es políticamente incorrecta: el tipo le avisa que la va a abandonar antes de cometer un crimen… ¡porque ella le está envenenando!).

El del miércoles fue el primer concierto de una gira española de 13 bolos (un día libre y dos jornadas haciendo doblete) y los cuatro blancos ingleses convencieron a todos los presentes. Se salió de la tabla el cuarteto blusero: el mejor fue el bajista, el corazón del blues, capaz de sostener cualquier ritmo desde las baladas al boogiebilly; muy cerca le anduvo el joven, melenudo y risueño baterista, sin ataduras de ningún tipo. Luego descolló el líder Giles Robson, estupendo a la armónica y algo menos a la voz, vestido con chaqueta (por el bolsillo superior asomaba un pañuelo y por uno inferior un libro); y el guitarrista zurdo de la Telecaster aguantó el tirón aunque a veces se atascaba y otras le faltaba imaginación para desarrollar largas improvisaciones.

Pero eso lo observamos nosotros porque vamos de listos («ustedes, que son intelectuales del blues», como nos definió el baterista Fito de La Parra, cuando le entrevistamos en Vitoria hace lustros), pues la gente entró al trapo desde el principio y disfrutó a fondo hasta el final. La gozó con todo el cancionero de la blues band, desde los instrumentales (el trotón inaugural de la Costa Oeste donde los músicos mostraron todas su cartas; el texano y rocabilesco «en la maravillosa clave de sol» como lo presentó; y el que sopló en solitario según la escuela Sonny Terry, el original 'Locomotive / Locomotora') hasta los lentos ('Let's Start A War' con su onda Sonny Boy Williamson, 'Where You Been' con su repaso geográfico y espiritual por Chicago), pasando por los números movidos ('Sara Lee' vía Yardbirds en el British Boom de los 60 –Sara Lee es la madre de los tres hijos, que lo sepan-, un diddley beat y el rhythm and blues en plan Los Fabulosos Thunderbirds 'Shady Heart', que absorbió a La Nube entera).

Nosotros también disfrutamos, ¿eh? ¡Hasta le compramos el disco nuevo, 'Up Close With The Blues', muy acústico comparado con el bolazo electrizo que nos habían propinado!