La fiesta leída de Jaime Urrutia

El chulapo Jaime detrás del atril. /Alberto Ortiz de Zárate
El chulapo Jaime detrás del atril. / Alberto Ortiz de Zárate

El ex Gabinete Caligari superó las expectativas en su concierto del Kafe Antzokia, donde el público entregado y nostálgico cantó, bailó y hasta jaleó 'Jaime, Jaime, Jaimeeee'

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El Kafe Antzokia fue una fiesta el viernes noche durante la actuación de Jaime Urrutia, el exlíder de Gabinete Caligari (Madrid, 1981-1999), que trasladó a las 400 personas a una cita camp (mucha nostalgia), a veces premeditadamente barraquera (bastantes arreglos premeditados), con su familia presente (hubo distintas dedicatorias), y la gente cantando sobre todo las canciones de Gabinete (que formaron más de dos tercios del repertorio), haciéndose selfies con los músicos al fondo de la imagen, llegando a corear 'Jaime, Jaime, Jaime' varias veces a pleno pulmón (uno de los más enfáticos fue Raúl El Guapo) y sin parar de reír, beber y danzar. Al acabar, todo el mundo salió encantado. «Me lo he pasado como un enano», confesó el músico Santiago Delgado en el metro.

En 96 minutos sonaron 22 canciones (en realidad 21, pues al final repitió la que mejor le quedó las dos ocasiones que la interpretó, la que más coreó la parroquia, 'Al calor del amor en un bar'). Jaime Urrutia -nos cuentan que más de diez años después de su última visita a Bilbao (¿en el Bilborock presentando 'Patente de corso', que salió en 2002, CD del que sonaron los 6 primeros cortes en el Antzoki?)- ofició en quinteto, con su grupo actual, Los Corsarios, en el que militan dos ilustres más de La Movida madrileña: al bajo Ambite, de Los Pistones, y a los teclados el uruguayo Esteban Hirschfeld, ex Los Mockers y The Nativos y también músico de Gabinete, un tipo que ya era mayor cuando todos éramos jóvenes y que en el Antzoki remedó solos de saxo, sopló la melódica y aportó los arreglos barraqueros que requieren no pocas de las canciones más populares.

El concierto sonó muy bien, la banda ofició conjuntada, y el gran lastre, debe o pega del show fue que Jaime Urrutia Valenzuela (Madrid, 21 de junio de 1958, o sea sesenta años) tuvo delante de sí un atril del que leía sin reparo ni rubor las letras. Objetó Begoña, La Rubia: «Realmente penoso que esté leyendo y se le note un huevo». Mandó un wasap Óscar Cine: «¡Joder, está leyendo 'Camino Soria'! ¿Nos toma el pelo? ¡Y encima se ha equivocado en la letra!». Jo, jo, jo… Sí. Y es que, como comentó mi persona, «se pierde credibilidad cuando debes leer del atril letras que hablan de 'lujuria abrasadora'».

Sin embargo el público, en su mayor parte nostálgico, que no suele ir a conciertos y que carece de práctica al colocarse en un recinto, se lo perdonó todo. También cuando Jaime desafinó o no alcanzó el tono en piezas como 'Mentiras', 'Castillos en el aire', la inspirada en David Bowie 'Mi buena estrella'… Ante tal percal incidió La Rubia: «Es que no me lo creo. Cada vez que le miro veo la parodia que le hizo el de Martes y 13». Sí, estuvo logradísima.

Venga, al lío, procurando destacando lo mejor de la velada. 'Tócala, Uli' fue un rocanrolito, '¿Dónde estás?' sonó muy Beatles y muy sosa la tan difícil 'Cuatro rosas', antes de la cual evocó Jaime: «En 1985 Gabinete presentamos este disco en la Aste Nagusia y me acuerdo que dediqué el concierto a Clemente y Sarabia». Jo, estuvimos ahí: ¡cómo nos aburrimos! Entonces Jaime era más hierático, gélido y distante en escena.

Dos bises

Y en el Antzoki siguió el listado con 'Castillos en el aire', barraquera, con coros itálicos, perteneciente a la carrera de Jaime en solitario y dedicada a su primo Javier Urrutia; el primer gran fogonazo con la feliz y hostelera 'Al calor del amor en un bar' («pollo, otro bollo, no me tenga que levantar»); la muy influida por Bowie 'La sangre de tu tristeza' (le quedó mejor que la desentonada anteriormente mentada); la onomatopéyica 'Qué barbaridad' (de Jaime en solitario pero sonando a Gabinete); una espléndida y swingeante 'Suite nupcial' (dijo Natalia, La Morena, quizá caricaturizando en exceso: «tiene un punto a Gurruchaga total»); y un 'Camino Soria' leído y coral hasta cuasi el ambiente de sermón («Pedro Sánchez, el de la tesis plagiada, cree que Machado era de Soria por esta canción. Lo puso en Twitter», me hice el chulo ante La Rubia).

Y hubo dos bises. El primero cursó bastante mustio (parecía agotado, ronco y casi sin voz el buen hombre) y arbitró cuatro títulos todos de Gabinete: 'Pecados más dulces que un zapato de raso' (leyendo lo de la lujuria abrasadora), el himno sadomaso 'Golpes' («¿'Converse'? ¿Cómo las zapatillas?», preguntó Natalia La Morena despistada y sin dejar de bailar), una muy country 'Nadie me echará de menos' («esta es muy de misa, de comulgar», calificó Natalia) y un 'La culpa fue del cha-cha-chá' barraquero y a tempo ralentizado para que pudiera cumplir con la letra. Menos mal que el segundo bis estuvo mucho mejor con la repetida y cénit de la velada 'Al calor del amor en un bar' («Jefe, no se queje, y sirva otra copita más»).

Al acabar el concierto todo el mundo estaba encantado, ya se ha escrito. Excepto un melómano que dijo que había visto a Jaime Urrutia hace un par de años en el sur y que ahí el muy chulapo sí que ofreció una fiesta mucho más grande y sincera. Y añadió: «Apunta: no ha tocado 'Maribel' (de su carrera en solitario), eso que se la han pedido varias veces. Y la gente ha echado de menos 'Caray' y 'Malditos refranes'». Dicho queda.