Elliott Murphy: el vate en forma

Elliott y Olivier acercándose al borde de la Sala BBK./Mikel Martínez de Trespuentes
Elliott y Olivier acercándose al borde de la Sala BBK. / Mikel Martínez de Trespuentes

El neoyorquino cumplió con creces en el 25º Musiketan dando el concierto más inspirado, vigoroso y brillante que le recordamos en 15 años

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Elliott Murphy (Long Island, Nueva York, 1949) es un roquero muy disciplinado y metódico que el domingo, en una sesión más del Musiketan, el ciclo de conciertos en pequeño formato patrocinado por EL CORREO en la agotada Sala BBK, ubicó: «Es la vigésima vez que vengo en enero al Musiketan y ya sé qué dos cosas me encontraré: las 'rebajas' (sic) y que estará lloviendo». Pues nosotros también llevamos las cuentas y podemos afirmar que el de este domingo fue el mejor show de Murphy en el ciclo al menos desde 2002. En estos tres lustros apenas pasaba de la corrección. Durante tres ediciones consecutivas, de 2006 a 2008, nos aburrimos. En 2013 nos aburrimos tanto que decidimos no verle en 2014. En el 15 y el 16 estuvo normal, profesional y sentimental, pero bien si más, aunque pecara un poco de exceso de fiesta, de verbena casi.

En esta vigésima visita, Elliott dio el mejor concierto que le hemos visto en el Musiketan en tres lustros (y consignemos al margen que dio un buen show en Sondika, el Festival Music Legends de 2016, con banda). Regresó, cómo no, con su fiel escudero de Le Havre, el guitarrista Olivier Durand, y ambos a volumen alto, con tañidos brillantes, nuevos arreglos y atrevidas incursiones en el más allá (indie y pos-rock, no solo blues, folk y rock and roll acústicos) que dejaron un estupendo sabor de boca no mitigado por las dilataciones postreras, la petición de palmas participativas al público y de encender las luces de la sala (unas cuatro veces)

Además informó que llevaba 22 años con Olivier y que años ha acudió a que una gitana le leyera la palma de la mano y le adelantó: «Vas a actuar mucho en un teatro cercano al Museo Guggenheim». «¿El Carnagie Hall?», se interesó él imaginándose aún en Nueva York. «No, en la BBK», le reveló al roquero que reside en París y que nos halagó afirmando que las tres ciudades donde más ha tocado son Nueva York, París y Bilbao.

Y eso, que fue un concierto brillante (no solo por el tañido de las guitarras), vigoroso (se le notó en buena forma física al vate Murphy, y seguro que le benefició que llegó rodado en la tercera cita de las nueve fechas de su gira española, con las que abre el año profesional), dinámico cuando era menester y romántico y mitómano cuando también: el bis abierto con la versión de Tom Petty 'Free Fallin'', a quien conoció en los pinitos de él, de quien le avisaron que se parecían –melenas rubias lisas y pulcritud general- y con el que había quedado en grabar algo juntos, pero que eso ya sucederá «en otro tiempo y en otro lugar».

Elliott soplando la armónica cual cantautor dylaniano..
Elliott soplando la armónica cual cantautor dylaniano.. / Mikel Martínez de Trespuentes

Escoltado por un Olivier atento a la segunda voz y aportando guitarras de todo tipo (punteos, arreglos, ritmos…), el ilustre e ilustrado cantautor rock Elliott se lo curró durante 112 minutos y 18 canciones. Abrió con un tranquilo 'Drive All Night' (su clásico eterno, perjudicado por el sonido), saludó diciendo en inglés y euskera «está bien volver a Bilbao, gabon, eskerrik asko», y echó toda la carne en el asador: 'Winners, Losers, Beggars, Chosers' fue una cabalgada guitarrera con los dos tocando delante del tablado, 'Take That Devil Out of Me' la hicieron soulera a lo Mark Eitzel desvalido y también se pusieron al borde del tablado, el empuje de 'I Want To Talk To You' resultó springsteeniano (aquí ya hubo palmas, armónica del líder y acabaron los dos haciendo molinetes con los brazos en plan los Who al tocar sus guitarras), boogie hookeriano fue 'Take Your Love Away'

Y procedió a rescatar algunas canciones de su último álbum, 'Prodigal Son' (Murphyland-PopStock!, 17), el mejor en lustros, como ya hemos afirmado en este medio. 'Hey Little Sister' sonó a melodrama de la chica de campo que va a la ciudad para conocer el mundo moderno, y en la introducción de la muy roquera 'Chelsea Boots' afirmó que había muchas canciones de coches (y tocó un cacho de 'Munstang Sally'), que hay muchas de carreteras (y cayó un extracto de 'Ruta 66') y que hay demasiadas de chicas (y confió que un amigo le comentó que se acuerda perfectamente de todas las letras de sus canciones, pero no de a qué chica le corresponden), pero que de botas hay pocas, algunas como 'These Boots Are Made For Walking' de Nancy Sinatra, que repasó de modo extenso, y la que nos presentó.

Hasta el final no decayó el nivel, aunque se metieran en terrenos populistas con la luz encendida, las palmas marcadas, los coros indicados… Inspirado, decidido y con fuerzas, el poeta, el vate Elliott alcanzó bastantes más dianas: 'You Never Know What You're in For' y su aire evocador, nostálgico y crepuscular (con palmas espontáneas del público, por cierto), números adultos vinculables a Leonard Cohen, soul rock agónico ('A Touch of Kindness', con los recursos post rock de las guitarras) o el 'Last of the Rock Stars' con luz y un breve cacho del 'Shout' de los Isley Brothers para cerrar antes del bis.

El bis fue cuádruple y estuvo abierto con el cover de Tom Petty, continuado con el 'Come On Louann', ensalzado con un magnífico y ambiental 'On Elvis Presley's Birthday' y cerrado con luz y sin amplificación con el recogido 'Green River / Río verde', compuesto mirando el Nervión y acolchado con coritos íntimos del respetable, que despidió a Elliott y Olivier con una larga ovación.

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