La doble faceta de Eleftheria Arvanitaki

Eleftheria brilló de blanco en el 34º Getxo Folk. /Pedro Urresti
Eleftheria brilló de blanco en el 34º Getxo Folk. / Pedro Urresti

La espigada vocalista griega no dejó de cosechar palmas y ovaciones en el Getxo Folk, donde ofició al frente de una banda excelente más protagonista en la primera parte, la modernista y comercial

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El sábado actuó la gran cabeza de cartel de los diez conciertos del 34º Festival Internacional de Folk de Getxo: la vocalista griega Eleftheria Arvanitaki (El Pireo, 59 años). La entrada era la más cara de los cuatro días festivaleros (20 euros) y el público comenzó y terminó encantado, pues no dejó de ovacionar tras cada pieza ni de dar palmas espontáneas manteniendo el ritmo en muchas de ellas. 21 temas sonaron en hora y tres cuartos que se podrían dividir en dos partes: la primera, melódica, modernista y descaradamente comercial, y tras un instrumental jazzístico también ovacionadísimo (¡el público de la carpa de la Plaza de La Estación de Las Arenas lo aplaudía todo!), la segunda parte, más folk y reiterativa, contenedora de sus dos mayores éxitos, ambos de 1991: el recogido y contemplativo 'Meno Ektos' y el alegre y contagioso 'Dinatá', que puso a la gente en pie a dar palmas y a bailar. No en vano, a Eleftheria se le describe como híbrido entre la tradición griega y la modernidad global.

Eleftheria ofició en sexteto, apoyada por cinco músicos que estuvieron por encima de ella, reservona a la voz, a menudo pendiente del teleprompter con las letras que tenía enfrente, vestida de blanco vestal, espigada, con melena rizada y levemente mística, por distante. La primera parte, con más protagonismo de sus escuderos, nos recordó a Sting tocando jazz étnico y con el saxo soprano haciéndose el líder de la banda, incluso surtiendo de solos soplados en pie en la parte delantera del gran escenario. Eleftheria creció en 'Metrisa' (con el soprano meloso), sensual, turística y hotelera coló un solo de piano cubano muy celebrado por el respetable aplaudidor ('Gia ton mation sou'), pareció animadora de una boda ('Makria ap'tin trikimia', qué ovación, oigan), acompañó ambientes rotundos propios de bandas sonoras de películas espectaculares (a lo James Bond 'An s'arnitho agapi mou', luego 'Ton erota rotao'…), el punto bajo lo holló en una balada pretendidamente emotiva ('Me to idio mako'; «te juro que me recuerda a Laura Pausini», juzgó el amigo Topo, desencantado con la griega en tercera vez que le veía), echó mano de la bossa ('Tin idia stigmi na zoume') y rascó de nuevo palmas del respetable mediante aires balcánicos a modo de rave orgánica ('Ti lipi').

Sin hacer mutis, sentada en un taburete en el centro de la escena, atendió al instrumental algo flamenco-jazz que sirvió de gozne para dar la vuelta al concierto y encarar la parte más folklorista, más reiterativa, más mate. Hubo un recuerdo a sus pinitos con su primera banda, Opisthodromiki Kompania, y al estilo rebético (propio de los puertos griegos y de sus colonias de Asia Menor) que practicaba en los 80, más aires de sirtaki recibidos con palmas por el respetable participativo ('Thelo konta sou na meino'), la imposición tradicionalista del laúd de Nikos ('Ta kormia kai ta maxairia') y sus dos mentados éxitos 'Meno Ektos' y 'Dinatá' previos a un bis único y con fin brusco, y eso que tenía a todo el mundo en pie, a sus pies, dando palmas y contoneando el vientre, pero es que otra banda debía tocar a las 11 en el mismo escenario.

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