Corazones rotos

Ricardo ‘McEnroe’ Lezón en el FNAC. /CARLOS Gª AZPIAZU
Ricardo ‘McEnroe’ Lezón en el FNAC. / CARLOS Gª AZPIAZU

Dos bolos con canciones tristes e influjo country el jueves en Bilbao: vía alt-co las del getxotarra Ricardo ‘McEnroe’ Lezón en el FNAC y puro honky tonk las de los suecos The Country Side Of Harmonica Sam en el Kafe Antzokia

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Grato doblete el jueves con sendos conciertos de canciones tristes. Espirituales, flotantes, desgarradas y de influencia country alternativo desolado y actual las firmadas por el getxotarra Ricardo Lezón, el líder de McEnroe, que en un FNAC casi lleno presentó su disco debut: ‘Esperanza’ (Subterfuge). Él a solas (faltó el batería previsto), con guitarra acústica y gorra de camionero americano que recordaba a la pose de Kurt ‘Lambchop’ Wagner, tocó este repertorio por segunda vez. Únicamente 5 en 26 minutos, pues como reconoció Ricardo aún no se las sabe todas y no tiró de atril. «Ha empezado tarde y ha acabado pronto», comentó al terminar una espectadora, un poco frustrada por el atraso y la brevedad del encuentro.

Pero el getxotarra tuvo el ambiente a favor, con todas las sillas ocupadas y gran cantidad de gente en pie por el perímetro de la sala. Ricardo agradeció: «Gracias por venir, por desafiar al poder del fútbol». A lo que contestó uno: «Vamos ganando» (al final acabamos empatando). Ricardo, tímido en escena, solo ante el peligro, arrancó con ‘Lamento’, la canción que incluye la frase que titula a su opera prima: «recogeré la esperanza que aún quede en pie».

‘Arena y romero’ le quedó más ágil, a lo Lambchop (alegó que en el disco la canta con su hija Jimena y que se notó mucho su ausencia); ‘Ella baila’ tremoló vibrante con la tristura de Will Oldham («y en el borde del camino caemos los dos rendidos»); ‘Lobos’ (la de «aúllan lobos esta noche») alcanzó el eco en las planicies abiertas exploradas por The National a la caída del sol; y se despidió con ‘La paz salvaje’, que advirtió se la sabía mal y que remitió al folk de Cohen. Estuvo bien, pero no tan bien como en el disco.

Los cinco suecos endomingados para la feria vaquera.
Los cinco suecos endomingados para la feria vaquera. / OSCAR ESTEBAN

Flores y flecos

Luego sin prisa acudimos al Antxiki, donde solamente una cuarentena de aficionados muy mixtos y animosos (muchos bailaban) atendieron al show ultrapurista y retro-vintage de The Country Side Of Harmonica Sam, cinco suecos que recrean el country de honky tonk con fidelidad sónica (celestial pedal steel guitar, voz nasal cantando derrotas, guitarra eléctrica a veces twang, melodías medidas, ritmos redondos, ambientes envolventes…), fidelidad estética (todos uniformados como cowboys endomingados: botas, pantalones de tergal gris, los mismos cinturones, sombreros de ala ancha, lazos vaqueros y camisas rojas con flores y flecos; excepto el líder, distinguido con otra indumentaria, más seria pero igualmente elegante, sin sombrero y con su pelo rubio cortado a navaja) y fidelidad lírica (observó el políglota Oscar Esteban: «si te fijas en las letras, todas las canciones son de pagafantas: ninguno acaba con la chica»).

Los suecos venían divulgando su segundo disco, ‘A Drink After Midnight’ (El Toro), y su líder, el apuesto Harmonica Sam (que mantiene otra carrera de bluesman), se dirigía al respetable igual que un profesional de ferias ganaderas: que gracias y qué público tan estupendo, que habían traído para vender discos, camisetas y demás («si quieres hacer dinero en la música has de incluirlo todo», comentó mientras yo estaba en la barra, pidiendo un bourbon), o que iban a tocar otra canción «de corazones rotos, por supuesto».

En 72 minutos nos suministraron 25 canciones fidelísimas al espíritu cowboy. Fue como meterse en una cápsula del tiempo. Qué bonitas todas, oigan. Qué perfección. ‘True Lies’ resonó a un suavito Dwight Yoakam en las calles de Bakersfield y la versión de George Jones ‘Too Much Water’ sugirió el boogie («¿alguien aquí ha oído a George Jones?», preguntó Sam, y «yeah…» contestaron no pocos de los escasos presentes), incidieron en la tristeza (‘I’m Down To My Last Cigarette’, de Billy Walker). Y no paraban: interpretaron «otra historia triste» (‘Gotta Get You From That Crowd’ de Skeets McDonald, «sobre un hombre que es extremadamente celoso y tiene una esposa extremadamente…»), apuraron la voz nasal de Hank Williams y de su epígono Wayne Hancock (la sincopada ‘Farther Than My Eyes Can See’), prosiguieron con «otra canción triste» (‘Empty Hours’, con la pedal steel guitar gañendo), arbitraron más purismo a lo Dwight Yoakam, Dolly Parton o BR5-49 (‘Open Letter To The Blues’), versionaron el ‘Country Girl’ de Faron Young y el instrumental country ‘Bud’s Bounce’ de Buck Owens, y según seguía el show las ovaciones eran más grandes y ellos se venían arriba, y colaban coros de góspel blanco pionero en ‘Cry Me A River’, y se animaban en ‘I Will’, y rocanroleron como Shakin’ Stevens en ‘Lookout Heart’, y en el bis triple imitaron a una locomotora en ‘The Train’ y se despidieron con el ‘The Race Is On’ de George Jones, popular entre nosotros por la versión que hicieron juntos Dave Edmunds y los Stray Cats. Ah, si vuelven seguro que suscitan el interés de más gente. ¡Nosotros repetiríamos!

Bonito, auténtico y evocador clip de su canción ‘A Drink After Midnight’:

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