Coppel en el sitio más chulo

Coppel y las luces del crepúsculo. /CARLOS Gª AZPIAZU
Coppel y las luces del crepúsculo. / CARLOS Gª AZPIAZU

Ante la playa de Ereaga, el romántico e irónico cantautor dylanita getxotarra movió a la carcajada y conmovió el alma durante su actuación en una terraza del Hotel Igeretxe

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El plan musical más atractivo del viernes en toda Bizkaia lo protagonizaba el cantautor getxotarra emigrado a Madrid Coppel en una terraza del Hotel Igeretxe, adonde acudimos sin dudarlo. «¿Otra vez?», se preguntó el amigo Topo, quien prefirió ir a un bar del barrio a ver el partido Athletic-Barça, el segundo evento más interesante de toda la agenda del viernes, sí. Quizá debido a esta competencia futbolera hubo menos gente de la esperada en la terraza sita frente a la playa de Ereaga, donde mientras Coppel interpretaba 17 canciones personalmente dylanitas en 91 minutos vimos a un barco de tres palos saliendo al Abra, oímos a no pocos aviones rugiendo por el cielo y notamos que absolutamente todos los numerosos paseantes escuchaban al vate roquero, desde las familias que volvían la mirada hasta el culturista que se paró a oír un rato. Sin embrago, nadie de fuera se sumó a la cita porque parecía un evento privado delimitado por una elegante y aparentemente infranqueable valla transparente. El artista observó: «Este es uno de los sitios más chulos en los que he tocado».

Repetimos tantas veces los conciertos de Coppel porque nunca aburren. Aunque nos sepamos las canciones (el viernes estrenó dos) y hasta las introducciones, siempre hay savia, versos que atrapan en su torrencial caudal lírico entonado sin atril, anécdotas cambiantes que el getxotarra salpimenta en breves monólogos, constante interacción con el respetable, asombro general y hasta sorpresas de los oídos neófitos, como los de esa dama que no dejó de carcajearse en numerosas composiciones, y eso que ese día Coppel no dijo que ojalá su sufrir nos hiciera reír.

Además, el viernes estrenó dos canciones, entre ellas la inaugural, 'El pueblo contra Íñigo Coppel', inspirada en sus experiencias actuando por los pueblos. En esta letra citó por primera vez a Cristo (al menos lo citó en tres temas, y no se dejó en el tintero el blues que evoca su etapa cristiana, que le duró una noche) y a lo largo del repertorio también se coló el Papa Juan Pablo II y se le escapó una bendición. Que se note que Coppel está bien educado.

Irónico, épico y mitómano, el romántico juglar getxotarra incidió en la veta dylanita (la guitarra ora country veloz, ora folkie, ora blusera, la harmónica esporádica, su hilarante 'Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo'), dejó aflorar la influencia springsteeniana (baladas como la adúltera 'Esto es lo que parece', la siempre preciosa 'Luces de Atocha' rasgando el corazón…) y hasta defendió en público a sus ídolos: el vals 'Canción protesta contra los que odian a Paul McCartney', la nueva pieza 'Canción para Woody Allen' con tantos títulos y personajes de sus películas.

Coppel, que supo sobrellevar el tiempo sin actuar (¡está de vacaciones!), al principio con el sol crepuscular a sus espaldas y después con las luces de la bahía brillando en la noche alternó lentos tristes ('El último asalto' dedicado al boxeador Poli Díaz y de ambiente autobiográfico, la dolida 'Serenata para C') con rocanroles (la reciente '¿Existe alguna posibilidad por pequeña que sea de arreglar lo tuyo?', que ya se la habíamos oído en directo) y tangos (un 'Éramos tan jóvenes' que cada vez parece menos humorístico y más… existencial). Y, claro, con descaro y naturalidad se inventó historias con viajes en el tiempo por él protagonizadas: 'Incidente en Puerto Lápice', donde hasta le aconseja El Cid; el largo cantar de gesta muy Marc Twain 'Íñigo Coppel viaja a la edad media (y el rock and roll salva su vida'); o para cerrar el bolo 'Íñigo Coppel viaja al siglo XVII y se une a los piratas de Libertalia', una elección final que le inspiró el estar cerca el mar.

Venga, háganse un favor y oigan su disco en directo 'En El Cocodrilo', que es como haber estado ayer en Ereaga.

Selfie post-bolo durante la última ronda: Azpiazu, Óscar Esteban, Coppel y Óscar Cubillo.
Selfie post-bolo durante la última ronda: Azpiazu, Óscar Esteban, Coppel y Óscar Cubillo.