Coppel & Jairo Martín, el juglar y el rapsoda

Coppel con la guitarra al hombro y Jairo al piano en 'La balada de Edu El Rata'. /Óscar Cubillo
Coppel con la guitarra al hombro y Jairo al piano en 'La balada de Edu El Rata'. / Óscar Cubillo

El cantautor dylanita getxotarra se trajo de Madrid a un pianista tanguero canario para una gira de tres bolos rematada en el Coppola lleno y atento

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El cantautor rock dylanita getxotarra Íñigo Coppel lleva quince años viviendo en Madrid, donde ha amistado con otro inmigrante, el pianista canario Jairo Martín, quien lleva diez en la capital. «Nunca imaginé encontrar un pianista que amara tanto como yo a Dylan, la canción francesa y el tango. A Bob, Brel y Gardel», apuntó Coppel el domingo por la tarde en el lleno Coppola, en la tercera cita de una gira conjunta de fin de semana que recaló el viernes noche en el Portu Zaharra de Algorta y el mismo domingo por la mañana en el también lleno Residence, pub sito en la acera de enfrente de la selecta pizzería Coppola.

15 canciones tocaron en 80 minutos crecientes. Generalmente a dúo, pero también con preciosas intervenciones solistas. Coppel operó con su guitarra acústica Takamine zurda y Jairo con un piano eléctrico prestado por el cantautor getxotarra Dani Merino, un teclado que tapaba las seis cuerdas y que sonó peor que a la mañana en el Residence porque hubo que sonorizarlo para no molestar a los vecinos. Y lo dicho, hubo momentos magníficos en un repertorio armado con humor existencial, épica cotidiana y descreimiento metafísico, con los dos artistas colándose a menudo con nombre y apellido en sus propias canciones, inspiradas la mayoría en sus propias existencias bohemias, desde ese ragtime calamariano 'Barbie, Barbie, Bárbara' dedicado por Jairo a una antigua novia hasta las canciones de amor de Coppel inspiradas por Raquel, una Raquel que al menos apareció en tres temas, uno de ellos el tango 'Éramos tan jóvenes', que se desprendió del humor que le aplica Coppel en solitario con la guitarra y que ganó en dramatismo por el piano de Jairo, un Jairo que informó que se había tirado años tocando en el bar de tangos La Recoba.

Coppel y Jairo son bohemios declarados.
Coppel y Jairo son bohemios declarados. / Óscar Esteban

Tango y ragtime, mucho rock americano pianístico y no poco rock and roll fueron los fundamentos de la sesión vespertina y bastante bohemia; no en vano, Jairo presentaba su disco 'La resistencia bohemia' (Coppel regresaba con su directo 'En El Cocodrilo', óiganlo en Bandcamp). Jairo, que en sus canciones se llama rapsoda, y Coppel, que en las suyas se llama bardo y juglar, se alternaron al micrófono y alcanzaron cimas emocionantes como estas de Coppel: la inaugural 'Luces de Atocha', con Íñigo dramático en el vibrato vocal, la mentada 'Éramos tan jóvenes', el delirante rock and roll en solitario 'Incidente en Puerto Lápice' (en él también sale Raquel, entre otros personajes como el Quijote, El Cid o Jennifer Connelly, la actriz favorita del muy dylanita), el hondo country 'Si algún día yo muriera' (Dios no lo quiera), dedicado a su madre e inspirado en el soneto de Borges 'El remordimiento', o para cerrar la tarde y el bis un emotivísimo hasta lo epidérmico '14 de enero (caminando como James Cagney pero desnudo)', que Coppel no suele tocar en solitario porque sin piano lo nota huérfano, ¡pero esta tarde tenía a Jairo!

Un Jairo que no ofició como un mero comparsa, ¿eh? Al principio cantó la de Bárbara y otra a un coche viejo ('En mi coche #2864S'), y a la sexta, a solas al piano, se lució con el 'Dirty Boulevard' de Lou Reed, muy recitado y casi literalmente traducido al castellano, retitulándolo 'Sucio bulevar' (también Coppel versionó traduciendo a Jacques Brel 'Ver a un amigo llorar', y le quedó lánguida, triste y derrotada, no tan fascinante como la primera vez que la cantó en el Coppola, en diciembre, cuando nos conmocionó). Y Jairo, ya en dúo con Coppel pero con él de jefe, intercaló el alegre rock and roll algo Fito Páez 'La noche es Violeta' (dedicado a un bar de Chamberí que es su base de operaciones, su cuartel general, como dijo en la introducción, un tema para el que pidió al respetable que coreara como si le importara «¿dónde vas Jairo Martín?»), la opereta rock en gradación y de nuevo en solitario 'Todos los payasos somos tristes', y, abriendo el bis, otra puñalada al corazón, el rock de autor torrencial a lo Elton John grandioso 'Las mieles del éxito'. Buf, brutal.

«Gracias por la atención y el silencio», agradeció Jairo un par de veces. Gracias a ellos y a los tres bares que han pagado su gira dejando la entrada libre: Portu Zaharra, Residence y Coppola.