El círculo vicioso de Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino Di Geraldo

Pardo, Benavent y Di Geraldo abriendo el ciclo Mes A Mes 2018-19./Mikel Martínez de Trespuentes - Sala BBK
Pardo, Benavent y Di Geraldo abriendo el ciclo Mes A Mes 2018-19. / Mikel Martínez de Trespuentes - Sala BBK

Los tres supermúsicos amenizaron una casi colmada Sala BBK con una sesión de flamenco-jazz improvisado que no llegó a ninguna parte. Más bien pareció un ensayo

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Se rozó el lleno el jueves en la primera sesión de la temporada 2018-19 del ciclo mensual 'Mes a mes', con el cual el Bilbaína Jazz Club (BJC) se traslada a la Sala BBK, que se reorganiza con mesitas, velitas y birritas. Y la mayoría del público aplaudió a rabiar al son de los tres maestros protagonistas, el flautista y saxofonista de 61 años Jorge Pardo («soy de un pueblito de las afueras de Bilbao que se llama Madrid», se encargó de presentar el líder), el bajista de 64 años Carles Benavent («del centro del Poble Sec, en Barcelona») y el baterista de 58 años Tino Di Geraldo («del mismo centro de Avilés, Asturias», dijo Pardo, aunque en realidad nació en Toulouse, Francia, de padres emigrantes). Como los definió en su presentación Gorka Reino, responsable del BJC, son tres 'supermonstruos' que han tocado con Paco de Lucía, Chick Corea, Brecker Brothers, Miles Davis, Quincy Jones…

Sí, nadie duda de que dominan estupendamente sus instrumentos, pero lo que ofrecieron en la Sala BBK pareció un ensayo (lo pensaron el que suscribe desde las mesitas de abajo y el amigo Topo desde las butacas del anfiteatro, por ejemplo), un ensayo introspectivo, ombliguista y quizá exhibicionista de 78 minutos para siete piezas dilatadas hasta llegar a la hora. Una ejecución sin dirección, sin gran conjunción o interacción siquiera, aunque a los tres les benefició que la Sala BBK sonó estupendamente. Desde el principio en su pienso instrumental se echaron de menos los conceptos de composición argumentada, de gradación emocional... Lo de esa velada pareció un truco de prestidigitación tras el cual no había nada más que autoindulgencia. Y el cariz de ensayo se evidenció en varios falsos finales que sorprendían a los propios ejecutantes, o una descoordinación garrafal en el bis en el que se quedaron los tres parados, mirándose pasmados.

El baterista nacido y criado en Francia Tino Di Geraldo
El baterista nacido y criado en Francia Tino Di Geraldo / Mikel Martínez de Trespuentes (Sala BBK)

¿Qué se puede pensar de un concierto que comienza con un solo de batería? Sí, Tino Di Geraldo parecía querer usar todos los parches que no pudo percutir hacía dos sábados escoltando a Luz Casal en el Euskalduna. Y la segunda pieza empezó también con otro solo baterista que podría servir en un bolo heavy de la sala Santana 27. Ya en la primera pieza parecía que el baterista y el bajista estaban estirando el chicle, y Pardo aportó algún solo de tono medieval y se notaron atisbos de fusión, pero los tres improvisaban como amasando pizza, o sea sin salir del círculo vicioso. Prosiguieron con flamenco jazz de flauta étnica amazónica a lo Rodríguez de la Fuente, un dúo de bajo y batería así en crudo, melodías brasileiras sin principio ni final, y frialdad, distancia y aislamiento de los tres músicos para con el respetable, tocando para ellos con una actitud escasamente divulgativa y comunicativa.

A la quinta pieza se quedó solo en escena Jorge Pardo, se puso a soplar la flauta otra vez, paró y confesó: «No sé qué tocar». Y el que suscribe, aburrido de esperar a que sucediera algo, le dijo a su acompañante Oscar Cine: «No sabe qué tocar desde el principio. Ninguno de los tres sabe qué tocar». Y Pardo dio entonces una miajita de información: «Hemos hechos cositas de Camarón, de Chick Corea, de Paco de Lucía, de Tino y Carles también». Y continuó él solo con la flauta, amalgamando aires celtas, étnicos, clásicos y cinéfilos, tanto que por el final se reconoció la melodía del 'Moon River', y se remató la insatisfactoria y desconcertante velada en trío, con él al saxo tenor (¡por fin!) adaptando 'La tarara', donde se acentuó el aire de ensayo (parecía que hasta se aburrían los tres oficiantes), y un bis con más flauta que a muchos nos evocó otra vez a Paco de Lucía.

Tocar bien no es suficiente y en el jazz hay muchos músicos que se juntan para conciertos esporádicos que están sin trabajar lo suficiente. Y aunque el jazz sea improvisación, no todo se debe fiar a esta. Hay que ensayar más, pero antes de subirse al tablado.

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