La censura imprevista de Discípulos De Dionisos

Salto del líder, Juan Holmes. /Carlos Gª Azpiazu
Salto del líder, Juan Holmes. / Carlos Gª Azpiazu

El cuarteto donostiarra dio un bolazo acelerado en la playa de Ereaga, aunque las deficiencias técnicas impidieron reconocer muchas de sus letras ingeniosamente escandalosas

ÓSCAR CUBILLO

Los Reyes del Porno Punk, los donostiarras Discípulos De Dionisos, abandonaron el sábado su mansión con vistas a la bahía de La Concha para hacernos el honor de actuar en el Txiringuito de Ereaga, cuya explanada, mesas y bancos públicos circundantes llenaron por completo. Visto que era un acto al aire y con entrada libre, rebajaron su show de modo premeditado (por si había niños mirando no hubo desnudos, ni morreos entre ellos, ni sesiones de sadomaso, e incluso rebautizaron una canción: 'Sopla el viento, en mi cara') y también circunstancial o imprevista: como el micrófono del amado líder, Juan Holmes, le daba calambrazos en la boca debido a los chorros de sudor, lo taparon con una bolsita de plástico y un pañuelo rojo que provocaron que no se entendieran sus delirantes, hilarantes, ingeniosas y escandalosas letras (pudo parecer lo que no fue: una censura o autocensura).

Y es que ya saben que DDD cantan sobre prácticas sexuales de riesgo: 'Látigo rojo de cuero', 'Soldados del orgasmo' (la de «carguen, apunten, fuego»), 'Actor porno' (con muchos tíos del público coreando brazo en alto), 'Vagina eléctrica' («una oda a lo analógico frente a lo digital», en palabras de Holmes), o 'Vas a probar mi puño'. Y cuando no, sobre drogas ('Quiero ser yonki', muy mangui ella) o, ejem, de híbridos ('Coca ardiendo', la retitulada). Todas estas las tocaron el sábado en Getxo.

Pues eso, lo malo del bolo de estos cuatro demenciales chicos acelerados fue que no se entendieron las letras (aunque los paisanos que ocupaban los bancos públicos se debían de oler la tostada y se reían, no pocas damas tapándose el rostro ante frases como «esta juventud está degenerada» y otras que no nos atrevemos a reproducir y muchas más que no pudimos colegir) y la acústica irregular general (a menudo, cuando intervenía la aguda guitarra solista, sajaba el aire playero y hería los tímpanos).

Pero ello no fue óbice para disfrutar de un show a ras de suelo que se resolvió con la alocada y acelerada brutalidad de Zeke, Dwarves o Aerobitch, el mismo vasquismo lúdicamente destroyer que los Aterkings de Markina ('Usa tus tres agujeros'), el high energy (Stooges, MC5 con los solos chirriantes…), el influjo austral ('Mus o muerte', a lo Radio Birdman) y las enseñanzas rock-a-rollers de Motörhead. Y así durante 18 canciones en 51 vertiginosos minutos con mal sonido y letras ininteligibles. Cuando se acabó, parte de la parroquia se puso a pedir a voz en gritos una de sus favoritas: 'Playa nudista', 'Playa nudista'… Pero no les complacieron, vaya por Dios.

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