Ele, más cariño que nunca

Elena Iturrieta, fascinando al piano./Carlos García Azpiazu
Elena Iturrieta, fascinando al piano. / Carlos García Azpiazu

La pianista y vocalista madrileña Elena Iturrieta volvió a triunfar en Euskadi, este sábado en Sopelana, con su septeto grandilocuente, festivalero y hasta góspel. ¡De lo mejor del año!

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Nos gustó tanto el debut en directo en Euskadi de la pianista y vocalista madrileña de abuelo vasco Ele, alias de Elena Iturrieta, celebrado el sábado 16 de febrero en el Teatro Social de Basauri, que repetimos la experiencia tres sábados después en Sopelana, en su segunda actuación vasca y vizcaína, en la Sala Kurtzio, donde dio un magno concierto de una quincena de piezas en 110 minutos (sin contar entre los temas la introducción enlatada con los músicos estáticos aguardando en escena ni la alegre despedida con el 'Staying Alive' de los Bee Gees sonando con los músicos bailando y saludando y el público en pie igual de contento y satisfecho). Ele presentaba otra vez entre nosotros su segundo disco, el noctámbulo 'What Night Hides' ('Lo que la noche esconde'), grabado en los estudios Abbey Road de Londres (¡los de los Beatles!).

Hubo leves variaciones respecto a Basauri: este pasado sábado arribó en septeto (no trajo al saxofonista extra ni subió ninguna amiga a cantar al final), no usó visuales de fondo, el escenario tuvo más luz (quizá nos lo parecía al verla desde arriba, en anfiteatro), Elena hizo cantar a un público al que atrapó al instante con su cercanía hablando del tiempo y de las margaritas (llegó a afirmar que siempre sienten el cariño de la gente, pero que ese sábado más que nunca), habló menos (aunque se soltó en el bis y nos hizo carcajear con lo de la venta de discos y al recordar que en Basauri había autografiado mal un CD a un chico que ella pensó se llamaba 'Zorionak'), y se mostró más relajada y menos ambiciosa (dijo sólo una vez lo de llenar el Pabellón de Deportes de Madrid, el que ahora se llama Wizink Center), pero igualmente solvente en lo artístico, con su aparato festivalero y su hipersensibilidad constante (quizá la única pega que se le puede poner es el uso de los sostenidos, pues apenas varía la forma de cantar, inspirada en la ópera, como reveló al final). Dijo Azpiazu, otro que repitió con ganas: «Con un poco de promoción, estos se convierten en los nuevos Morgan». Hum… Ele mola más.

Desde que salió ella la última del septeto y nos saludó con una reverencia, hasta que se despidió bailando contenta al son de los Bee Gees, Ele, Elena Iturrieta, aspiró a lo máximo y aun así consiguió dibujar gradaciones. Con un baterista que se salía de la tabla (el sustituto Mario Carrión), sus dos coristas mixtos, el segundo teclista que la reforzaba, un bajista que a veces percutía una timbala y el guitarrista Amable, que en la ecualización estuvo un poco bajo, la enfática Ele, a base de sostenidos (a menudo se le notaba la reverb en el micrófono pues su voz seguía irradiándose en la sala), arrancó festivalera ('Last Time'), dentro de su grandiosidad fue minimal en la onda del jazz escandinavo, al que aplicó su visceralidad vocal ('Falling'), se puso campera y alegre ( 'I Follow Rivers', versión de la sueca Lykke Li que suena en la película 'La vida de Adele'), elaboró góspel orgánico y decidido que empujó a dar palmas al público muy veterano hasta alcanzar la apoteosis ('Olympus', precedido por una introducción vocal del teclista Julius versionando el standard jazz 'Skylark', que sería el tema 16º de la lista poniéndonos estrictos), y, como anunció ella, «pasamos de la euforia al recogimiento», que fue cuando entonó el 'Toria txori' de Mikel Laboa al frente del escenario, flanqueada por sus dos coristas, con el texto en una chuleta en el suelo y con más apoyo coral del público de Sopelana que en el Basauri.

El septeto al completo.
El septeto al completo. / Carlos G. Azpiazu

Todo iba rodado, el público parecía fascinado, no había pegas y el septeto (bandaza se diría ahora, grupazo antes), muy bien arreglado, perfecto en la ejecución, seguía extrayendo coros subliminales ('Angels with no winds'), facturaba rock sureño suavito programable en el Azkena Rock Festival que evolucionaba americanista con coros aindiados, ecos de Ry Cooder y chillidos bien aportados por Ele ('To the ground ', dedicado su abuela fallecida con 101 años), más rock sureño estilista ('Longing'), soul rock de estadio a lo Bruce Springsteen ('Let's Share This Road All Life Long') y guiños a Coldplay cuando nos pidió coros y que encendiéramos los linternas de los móviles, como si estuviéramos en un gran pabellón ('Our Story', versión de Leon Russell).

Y así llegamos al bis, que no flojeó. Eso que los dos primeros temas los hizo Ele a solas: 'Nocturnal', uno minimal con voz lírica, muy a lo Michael Nyman y de lo mejor de la velada, dedicado a su madre (aquí nos contó que de niña cantaba lírica en el garaje), y el 'Dicen' dedicado a su perrita muerta, un poco OT, pero menos comercial que en Basauri. Y ya con la banda revisó con mucha clase el 'I Wish You Were Here' de Pink Floyd y se despidió con todas las butacas en pie en una americanada genial, 'Positivity', con falsos finales a lo Blues Brothers.

A la salida, en la entrada se volvió a generar un mogollón de gente para comprar los dos discos que ha editado Ele, señal inequívoca de su segundo triunfo vasco. Hum… Este fue concierto nº 97 que vamos en 2019, y entrará en nuestra lista de lo mejor del año.