«Cantar a solas te da más libertad»

Pedro Guerra./
Pedro Guerra.

El cantautor canario Pedro Guerra recrea en el Teatro Campos su primer disco, 'Golosinas', reeditado 25 años después de que se mudara a Madrid

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El cantautor canario Pedro Guerra (Pedro Manuel Guerra Mansito, Güímar, Tenerife, 52 años), influido por Silvio Rodríguez, tras varios intensos movimientos insulares (creó el Taller Canario de Canción en 1985, compuso para figuras locales como Mestisay), dio el salto a Madrid, donde se pateó el circuito de bares y cafés mientras seguía escribiendo y colaborando con figuras famosas (Sabina, 'Contamíname' para Ana Belén y Víctor Manuel…).

Conocedor del negocio, Pedro Guerra debutó con el álbum grabado en directo en el estudio 'Golosinas' en 1995. Y el año pasado, para conmemorar los 25 años desde que se mudó a Madrid, su debut se reeditó ampliado y retitulado 'Golosinas 2018'. El CD recupera el disco original remasterizado y añaden cuatro colaboraciones a dúo: las de Rozalén en 'Las gafas de Lennon', Juanes en 'Peter Pan', Pablo López en 'Deseo' y Vanesa Martín en 'Contamíname'. Este viernes Pedro cantará entero 'Golosinas' en el Teatro Campos (20.30 h, precios entre 21.50 € del tercer palco y 31,50 € del patio).

- Vives en Madrid. ¿Cómo es tu día a día?

- Vivo en Madrid, sí. Más concretamente en Rivas-Vaciamadrid. Cuando no estoy de gira o de promoción, sigo el día a día de la vida de mi familia, escribo canciones, voy al estudio a grabar...

- Se supone que un artista confunde, que no distingue, el tiempo que gasta entre trabajar y todo lo demás, ¿no?

- Bueno, puede ser. Para mí existe el tiempo y lo reparto entre las distintas tareas que me propongo o me gusta hacer. La ventaja de mi oficio es que, cuando no hay conciertos pautados, me distribuyo el tiempo como mejor me viene.

- ¿Sueles ir a Canarias?

- Voy mucho, pero sobre todo a trabajar. A veces aprovecho esos viajes y me quedo unos días.

- 'Del Hierro a Madagascar' cantabas con Kepa Junkera. ¿Qué sentiste cuando te enteraste del ictus que le sobrevino en Bélgica?

- La verdad es que me entero ahora. Kepa y yo hemos trabajado juntos y mucho, pero hacía un tiempo que no estábamos muy conectados. Me quedo de piedra ante la noticia. Siento tristeza. Espero que se recupere pronto.

- Eso deseamos todos. Pedro, ahora andas con la gira de conmemoración de tu primer disco, 'Golosinas'. ¿Qué supuso en tu carrera ese bombazo comercial?

- 'Golosinas' fue mi carta de presentación. Mi primer disco en solitario y el comienzo de mi carrera. Fue el resultado de todo lo que sucedió desde que puse un pie en Madrid en 1993. De todo lo que sucedió en torno a los conciertos que daba cada semana en el Libertad 8.

- La semana pasada entrevistamos a Rosana y nos contó que ella no había pasado por el circuito de bares, que saltó de componer para otros a la fama directamente. Pero tú pasaste por los bares de cantautores.

- Para mí fue fundamental mi primer año y medio en Libertad 8. En otras ciudades también empecé cantando en pequeñas salas. Todavía hoy hago salas pequeñas de vez en cuando.

- ¿Qué diferencias hay entre actuar en solitario y cuando vas con banda?

- Cantar a solas te da más libertad. Puedes cantar un repertorio que vas variando cada día. Con la banda hay que respetar unos códigos y el repertorio suele ir cerrado. Me encantan las dos maneras, son diferentes.

- ¿Crees que como están los medios de comunicación actualmente, las radios, etc., podría haberse dado el boom de cantautores que se vivió a finales de los 90, cuando os convertisteis en muy populares tú, Rosana, Javier Álvarez, Ismael Serrano…? ¿Ahora se enteraría el gran público?

- Supongo que sí, pero de otra manera. Ahora no sonamos en la radio y salimos muy poquito en la televisión. Así es muy difícil llegar al público y que se enteren de lo que pasa, de lo que está sucediendo con nuestra música.

- ¿Cómo notas, o sufres, el cambio de mercado, pues hoy los discos apenas se venden?

- Bueno, los cambios en el mercado provocan que uno se plantee las cosas de otra manera. Aun así, yo sigo creyendo en los discos como forma de trabajo, como obra nueva, como un nuevo concepto que mostrar al público antes de una nueva gira.

- ¿'Arde Estocolmo (2016)' fue tu último disco oficial? ¿Una autoedición?

- 'Arde Estocolmo' no es autoedición, pero sí es un disco realizado enteramente por mí: composición, arreglos, producción, interpretación de los instrumentos...

- Te vimos presentándolo en Basauri en un muy buen concierto. ¿Cómo será el del Campos?

- Hay un primer bloque que hago solo a la guitarra y luego un segundo bloque donde me acompañan el bajista Toni Gil y el batería Guille Molina. Tocamos el disco 'Golosinas' entero y luego repasamos canciones de casi todos los discos posteriores.

- ¿Las audiencias de tus conciertos son distintas de región a región? ¿Por ejemplo más alegres los andaluces y más serios los vascos?

- Eso son estereotipos que no se ajustan a la realidad. Es verdad que no todo el público reacciona igual, ni muestra sus emociones de la misma manera, pero esto es algo que no se ciñe a regiones concretas ni a lugares determinados.

- ¿El público puede llegar a distraerte si te dice algo desde el patio de butacas? ¿Qué es lo más raro que te han gritado? O lo más a destiempo.

- Alguna vez alguien se levantó cuando cantaba la canción 'Huesos', que trata sobre la memoria histórica, para contarme no sé qué de reabrir las heridas. Ya ves. Pero no, el público no me distrae. Todo lo contrario, está ahí acompañando, cantando y emocionándose con nosotros. Y nosotros con ellos.

- ¿Qué estás leyendo ahora mismo? Quizá varios libros a la vez.

- Suelo intercalar poesía, novela y ensayo. Ahora mismo estoy con un libro de poemas, 'La miel' de Tonino Guerra, con algo de narrativa, 'Los casos del comisario Croce' de Ricardo Piglia, y con un libro de no ficción, 'El río de la conciencia' de Oliver Sacks.

- ¿Cómo sueles sobrellevar los viajes de ida y vuelta a los conciertos en otras ciudades?

- Si puedo, leo o escucho música o escribo. Si estoy muy cansado doy cabezadas. También aprovecho para dedicar un tiempo a las redes sociales.