Café Quijano, románticos empedernidos

El moreno Óscar, el charlatán Manuel y el empático Raúl Quijano en formato pop-rock. /Carlos Gª Azpiazu
El moreno Óscar, el charlatán Manuel y el empático Raúl Quijano en formato pop-rock. / Carlos Gª Azpiazu

Con sonido limpio, poco volumen y mucho humo en escena, conmemoraron sus veinte años en un Campos agotado que gritó bravo en sus boleros y sus canciones más pop y se rió con la cháchara monologuista del hermano Manuel

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El grupo de hermanos leoneses Café Quijano, tras un lustro tocando boleros (y otro previo en el dique seco), ha vuelto al sonido pop-rock eléctrico en una gira que celebra sus veinte años de trayectoria, efeméride subrayada con el lanzamiento de un single veraniego junto a Willy 'Taburete' Bárcenas, 'Perdonarme'. No obstante, no sonaron tan eléctricos este miércoles en un Teatro Campos con las entradas agotadísimas y el público agolpado, feliz y excitado, un público bastante veterano y femenino, miren por dónde. No, no dieron un show tan eléctrico, a pesar de actuar el líder Manuel, el moreno Óscar y el empático Raúl Quijano en septeto con dos percusiones y tres guitarras, con preferencia por el sonido limpio de la Fender Stratocaster y sin distorsión, ni volumen alto, ni empaque roquista, no sea que se asuste la clientela.

Pero fue la del miércoles una buena ocasión para comparar las dos facetas de Café Quijano: la bolerista y la popera y comercial, ambas dando mayor importancia a las letras, a esas canciones que resumen historias de amor, como informó el charlatán Manuel, quien dilató en demasía el show y sólo por unos minutos cogimos el último metro de vuelta a casa. 20 canciones sonaron en dos horas y cuarto, en 135 minutos, y nos quedamos con los boleros, con esos dramas generados por desamores pues, a pesar de sus rostros, los Quijano no hacen más que sufrir, según afirmó Manuel: «Un mal de amores, una canción, ¡y hemos sacado tres álbumes!», formuló el 'brother' de la voz cantante.

En trío bolerista y fraterno les quedaron muy bien 'Qué más da' (premiado con bravos y larga ovación y cerrado con la larga reverencia de los tres oficiantes) y 'Te matan los celos' (con el escenario en rojo y blanco), y bien 'Mi preciosa amiga' (de aire napolitano al gusto de Elvis) y el sinuoso 'Me enamoras con todo' (una canción que les gustaría protagonizar, anunciaron, por eso del encantarse con cada gesto de la pareja).

Más delicados y elegantes sonaron en los boleros que en el pop-rock, campo donde Café Quijano narran historias a veces más de tebeo, oscilando entre el pop latino a lo Jarabe de Palo ('Dame de esa boca') y el pop pijo que seguro ha influido a sus amigos de Taburete ('La Magdalena'). Y de tal guisa, en septeto, en un escenario con muchas luces aunque no frontales y abundantes andanadas de humo (oíamos la batería y la percusión, pero no veíamos a esos músicos), con mal sonido en la primera canción ('Nada de na') y poca pegada premeditada en el resto del repertorio amplificado ('Las llaves de Raquel'), C.Q. lograron meterse en el bolsillo al respetable entregado gracias a canciones que crecían dentro de sí mismas (casi todos sus éxitos medran y están dotados de pegajosos estribillos circulares) y a la propensión monologuista de Manuel, que empezó saludando así a mitad de la tercera, la bastante jarabesca y algo yeyeísta 'Qué poca cosa': «Gabon, buenas noches», sonrisa sincera de Manuel ante la reacción del gentío; «¿Cómo estáis?... Ay, qué sosos… ¿Cómo estáis?... Ahora sí…»; y remató: «Para nosotros venir a Bilbao es una satisfacción por varias razones: aquí tenemos amigos, familia y muchos recuerdos». Y explicó que venían a contar historias, y que a pesar de lo que se rumorea ellos no han protagonizado todas sus composiciones, pues de ser así «estaríamos muertos».

La cuarta, 'Cerrando bares', sí la han protagonizado, y los tres hermanos, vestidos con camisas blancas y a veces tocando delante del tablado y compartiendo focos con su orondo guitarrista solista, que iba de negro, se dejaron llevar hasta el final, creciendo Café Quijano en no pocas canciones (la balada 'Cinco letras', la animada 'Desde Brasil' antes del bis…), el público participando a la mínima (las palmas contentas en el reggae 'No tienes corazón' que grabaron con Sabina, los brazos alzados y los coros en 'La Lola' que estiraron a su antojo…), intercalando en el ecuador el séxtuple pasaje bolerista (con la banda al completo tocaron las no citadas 'Cuatro palabras nada más' –donde Manuel intercaló un discurso autodefiniéndose como «románticos empedernidos que creen en el amor eterno»- y 'Robarle tiempo al tiempo' –muy Taburete esta-), los espectadores que ya les hemos catado en vivo escuchando otra vez los mismos chistes de Manuel (ese de que entre el público estaban los suegros de Raúl o la larguísima historieta de cuando Manuel vivía en Algorta con una chica de ahí, y él cocinaba para ella, recogía la mesa, ponía la colada –esta vez no apostilló que le dio tiempo a bajar la basura-), y llegando hasta el bis cuádruple, donde se notó bastante el tono uniforme de la voz de Manuel y que se ralentizaban las interpretaciones: 'Tequila' tipo Taburete hendrixianos; 'Sólo te puedo decir' y su lírica de autoayuda que pareció pueril; y ya con el público en pie su último single con Willy Taburete, 'Perdonarte', que sonó blando y acústico, con dos guitarras y el público ondulando los brazos, y el cierre definitivo con 'La taberna del Buda', con la estupefacción de la multitud, que se puso a ovacionar, a silbar y a gritar bravo y oso ondo al acabar el show de los Quijano, un tanto moroso pero efectivo para sus fans.

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